Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2008/01/19 00:00

La peor de las hipótesis

Las Farc están lejos de tomar el poder, y por eso habría que suponer que se pretende desmembrar al estado colombiano

La peor de las hipótesis

La discusión sobre la beligerancia sería sólo cuestión de expertos si no fuera por las consecuencias que apareja. La beligerancia supone que el grupo armado al que se le otorga esa calidad es un 'cuasi estado', un 'estado en formación'. Por eso el derecho internacional público establece un conjunto de condiciones para el que aspira a ese beneficio, entre ellas el control de una parte del territorio a la manera del Estado y el respeto del Derecho Internacional Humanitario (DIH).

A pesar de ello, desde Caracas se ha dicho que el otorgamiento de beligerancia obligaría a las Farc a respetar el DIH y, en consecuencia, a liberar los rehenes y cesar el secuestro. El argumento es falso. De hecho, el derecho internacional público establece exactamente lo contrario: las Farc tendrían que respetar el DIH, y por tanto, entregar a los secuestrados y poner fin a la comisión de actos de terroristas, si aspiran a la beligerancia. Si pretende ser un 'cuasi estado', el grupo armado organizado tiene que demostrar que es más que una banda violenta y que está dispuesto a comportarse de acuerdo con lo que el derecho internacional ordena.

También es falaz la tesis de Chávez de que la concesión de beligerancia es el camino para la paz. Para no salir del Continente, baste decir que ni el Fmnl de El Salvador ni la Urng guatemalteca ni la 'Contra' nicaragüense obtuvieron nunca esa calidad y que en los tres países hubo procesos de paz exitosos. La experiencia colombiana muestra que tampoco se les concedió beligerancia al M-19, al EPL, a la CRS, al Quintín Lame o a las AUC.

Así que si las Farc aspiran a la beligerancia, y Chávez quiere concedérselas, es ineludible el cumplimiento de las condiciones previas que establece el derecho internacional público. Si se concediera beligerancia sin observar dichas condiciones, el Estado que lo hiciera incurriría en un acto ilegal y abiertamente hostil. La historia cuenta de no pocas guerras con ocasión de otorgamientos de beligerancia. Habrá quien diga que peco de alarmista o incurro en un exceso. En absoluto. Conceder beligerancia amenaza la soberanía del Estado y su integridad territorial, porque supone que una parte de su territorio estaría bajo el control del grupo armado.

La beligerancia es importante porque es el paso previo a la toma del poder o a la secesión del Estado. Lo prueba el otorgamiento de esa calidad, el 16 de junio de 1979, al Fsln en Nicaragua. Unas semanas después caía Somoza y los sandinistas detentaban el gobierno.

Como las Farc están cada día más lejos de la toma del poder, habría que suponer que lo que se pretende es la desmembración del Estado colombiano, de manera que una porción de nuestro territorio quedaría bajo su control.

Esa posibilidad era impensable hasta hace unos días. Las Farc estaban cada día más débiles y, aunque no derrotadas, caminaban lenta pero inexorablemente hacia su extinción. En estos seis años sus miembros han disminuido en casi un 50 por ciento y hay frentes que desaparecieron o debieron fusionarse con otros tan exangües como ellos. Las desmovilizaciones individuales o en grupo son cosa de todos los días y están lejos los tiempos en que podían enfrentarse con unidades militares o tomarse un pueblo. En el plano político perdieron toda legitimidad y ganaron el rechazo unánime de todos los colombianos, excepto el de Piedad y algunos otros 'gatos mamertos'. Para sobrevivir, se entregaron al narcotráfico y al terrorismo.

Pero los rehenes y Chávez cambian la ecuación: los secuestrados les han permitido una interlocución internacional que de otra manera nunca tendrían, la mera discusión sobre la beligerancia les da oxígeno político y el enfrentamiento con Bogotá conviene a sus planes. En el Coronel, las Farc encuentran un apoyo invaluable. Además, si de la discusión se pasara a los hechos, podrían celebrar acuerdos con Venezuela, abrir sedes de representación y comerciar con ellos. No podrían, en cambio, financiarse con dinero venezolano, comprarle armas o tener campamentos allá. Son conductas prohibidas aun bajo la beligerancia y supondrían una violación a la obligación de neutralidad y que Venezuela se hiciera parte del conflicto.

El contenido de las declaraciones de Chávez y la permanente y sistemática agresión verbal desde Caracas hace pensar que vamos para allá. La discusión, pues, no es retórica. Y deberíamos prepararnos para esa, la peor de las hipótesis.

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