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Opinión

  • | 2017/04/27 09:23

    El ejemplo de Claudia Julieta

    Amenazada y perseguida por el estado colombiano, Claudia Julieta Duque probó que el magnicidio de Jaime Garzón no ocurrió como decía el DAS sino que esa entidad participó en el crimen.

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La vida profesional de la periodista Claudia Julieta Duque podría ser llevada al cine con el éxito garantizado de taquilla que han tenido grandes revelaciones, recogidas por Hollywood, como Watergate –el escándalo de espionaje que tumbó a Richard Nixon– o Spotlight, conocida en español con el nombre de “En primera plana”, sobre las violaciones sistemáticas de niños por parte curas católicos que la arquidiócesis Massachusetts y el propio Vaticano intentaron encubrir a brazo partido, lo que incluyó tretas criminosas.

Provista solamente de su olfato, su valentía y su integridad moral, Claudia Julieta Duque descubrió que el magnicidio del periodista y humorista Jaime Garzón, una de las personas más queridas por el país en todos los tiempos, no ocurrió en los términos postizos con los que estuvo a punto de quedar para siempre como una verdad definitiva, sino que fue un crimen de estado, estratégico y premeditado, en el que actuaron generales, políticos, narcotraficantes, paramilitares e individuos –todavía no identificados en su totalidad– de una fuerza sanguinaria y mutante que durante los últimos 60 años ha amedrentado y desangrado a Colombia, conocida como “Mano negra”.

Las revelaciones de Claudia Julieta sobre el caso de Garzón, empero, no le trajeron el premio Pulitzer, ofertas de Berkley Books para contarlas en un best seller, ni ofrecimientos de Metro Goldwyn Mayer o Warner Bros, para llevarlas al cine. Por el contrario, se lanzó sobre ella y su pequeña hija un plan criminal implacable de la en buena hora desaparecida policía política conocida como DAS. Para este proyecto fue asignado un presupuesto de gastos reservados, fueron delegados detectives curtidos para llevarlo a cabo y se elaboró por escrito un manual sobre la manera como ellas dos debían ser perseguidas, amenazadas y agredidas.

La persecución obligó a Claudia Julieta a salir exiliada del país en tres oportunidades. Cada vez que regresaba, empobrecida y temerosa, el DAS detectaba su ingreso en los registros de migración, que estaban bajo su control, y desplegaba de nuevo la torturante persecución planeada en su contra y ejecutada por agentes que seguían a la letra un libreto.

El caso de Jaime Garzón fue “resuelto” por la justicia y el DAS inculpando falsamente a dos reconocidos asesinos de Medellín, alias “Bochas” y alias “Toño”. Para comenzar, Claudia Julieta demostró científicamente la imposibilidad de que falsos testigos hubieran podido presenciar el magnicidio desde la distancia y la altura en la que aseguraron haber estado. No obstante, la versión falsa se mantuvo con el propósito principal de sembrar la idea de que el crimen fue un hecho aislado y menor, cometido exclusivamente por paramilitares. La farsa se presentaba tan creíble y los medios de comunicación la acogieron con tanta docilidad que no pocos se dedicaron a regar la idea de que Claudia Julieta estaba loca. “Todos se burlaban de mí, de mis denuncias, de mis gritos en busca de auxilio, de mi soledad, de mi locura en busca de justicia”, recuerda.

Sin empleo y sin dinero, durante más de diez años ella encontró la manera de investigar su propio caso hasta en las más insondables profundidades, mientras los “tiras” del DAS la vigilaban y perseguían en cumplimiento de las misiones en su contra y la pequeña hija de Claudia Julieta sufría estados de crisis de angustia que no ha olvidado y probablemente no olvidará.

Durante el primer gobierno de Juan Manuel Santos el DAS fue clausurado debido a que se convirtió en una colectividad de delincuentes inmanejable que aglutinaba a los más calificados rufianes del país especializados en guerra sucia, torturas, homicidios selectivos, montajes, criminalidad cibernética, fraude y espionaje ilegal. Este desmonte hizo posible conocer, hasta ahora de manera parcial, los archivos secretos de esa organización y los nombres de quienes ejecutaron los crímenes de estado por órdenes que provenían directamente, la mayor parte de las veces, desde la oficina del presidente de la república. Entre toda esa información aparecieron otros casos de persecución y guerra sucia contra más periodistas, entre los que sobresale Daniel Coronell –yo también figuro en ellos–, sindicalistas, defensores de derechos humanos y opositores al gobierno de Álvaro Uribe.

En esas bases de datos ultra-secretos estaban los registros del plan criminal del propio estado colombiano contra Claudia Julieta y su hija: la información era exactamente igual a la que ella había recaudado por su propia cuenta y debido a la cual fue tildada de loca. No obstante, se entregó a la tarea de reordenar sus hallazgos, profundizar sus investigaciones e instaurar denuncios penales que, tardía pero milagrosamente, están andando sobre ruedas y dando resultados reales y positivos. También, amplió sus revelaciones con tanto éxito que un escrito suyo sigue siendo el único de una periodista colombiana que ha abierto en domingo la primera página de The Washington Post.

Tres de los acusados en el caso de Claudia Julieta, y gracias al empeño de ella, ya están condenados porque aceptaron los cargos: Carlos Alberto Arzayús (director de inteligencia del DAS), Hugo Daney Ortiz (subdirector de operaciones inteligencia) y Jorge Armando Rubiano (subdirector de desarrollo tecnológico).

En etapa de juicio están Giancarlo Auqué (director de Inteligencia, prófugo desde enero de 2015, cuando lo dejaron salir irregularmente de la cárcel); José Miguel Narváez (director de facto, creador y promotor del tenebroso grupo G-3 y posteriormente subdirector nacional del DAS); Enrique Ariza Rivas, director de Inteligencia, quien fue deportado de Estados Unidos el pasado lunes), Ronal Rivera Rodríguez (detective del G-3 cuyo nombre aparece debajo de la fotografía de Claudia Julieta en los archivos de los seguimientos del DAS) y Rodolfo Medina Alemán (director de Contrainteligencia y prófugo).

Álvaro Uribe están acusado formalmente ante la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes.

Son investigados por la Fiscalía: Emiro Rojas Granados (subdirector del DAS, a quien Claudia Julieta denunció por haber dirigido en Medellín el montaje que desvió el caso de Jaime Garzón y que ocho días después de una amenaza del DAS contra la hija de la periodista –en noviembre de 2004– la denunció por injuria y calumnia en un proceso que terminó en favor de ella en 2009. Fue capturado en noviembre de 2016); Néstor Pachón Bermúdez (detective de Inteligencia del DAS, miembro del Grupo de Verificaciones de Inteligencia y conductor del vehículo del DAS que la siguió en el 2001, cuando fue secuestrada. Fue capturado en noviembre de 2016); Juan Carlos Sastoque (detective del G-3, asilado en Estados Unidos, con circular azul de la Interpol para que se le conduzca a rendir indagatoria ante la justicia colombiana) y William Alberto Merchán (actualmente funcionario del área de Protección a Víctimas y Testigos de la Fiscalía. En la época de la persecución era el encargado de “hackear” computadores de periodistas e interceptar correos electrónicos. Este personaje terminó indagatoria hace poco y está a la espera de que se le resuelva la situación jurídica).

El caso de Claudia Julieta Duque ha sorteado una cantidad asombrosa de obstáculos, las causas judiciales en marcha han sufrido dilaciones ilícitas y no han cesado contra ella las persecuciones y las amenazas, lo que demuestra que sigue viva la solidaridad criminal de cuerpo del DAS.

“En el año 2009 logré probar que al interior del DAS se había orquestado una estrategia de persecución y amenazas sistemáticas en mi contra, lo que por fin llevó a que dos años después se abriera investigación formal contra los funcionarios del DAS que participaron en esos terribles hechos”, asegura Claudia Julieta.

“Mi propósito es subirle el perfil –agrega– a un caso que de por sí es muy importante. Es la primera vez en el mundo que el delito de tortura psicológica llega a instancias de juicio (como crimen de Estado y como delito no conexo a otros, como torturas físicas, masacres o detenciones arbitrarias). Es la primera vez que se logra obtener tal nivel de prueba de que los organismos de inteligencia utilizan el espionaje, las interceptaciones ilegales, las vigilancias, los seguimientos y demás, para agredir hasta la tortura a las personas que son incómodas al poder”.

El más reciente de una sucesión de éxitos judiciales inesperados fue la deportación desde Estados Unidos de Enrique Ariza Rivas, director de Inteligencia del DAS. Las autoridades judiciales de ese país han oído, creído y actuado en este caso, contra el que desde Miami se agazapa –aun bajo el recurso de asilo político– una célula de la mano negra y la guerra sucia colombianas que ha comenzado a derrumbarse.

Claudia Julieta, triunfante, tiene una gran historia –su propia historia– para un gran libro y su hija, que creció bajo la tortura y la amenaza del estado colombiano, se acaba de recibir, con honores, de abogada.

Felicitaciones, Claudia Julieta.

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