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Opinión

  • | 2012/08/11 00:00

    La política en los cuarteles

    La campaña busca desmotivar al Ejército para que en un eventual proceso de paz las Fuerzas Militares desconozcan la autoridad del presidente.

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La sociedad civil poco sabe de lo que sucede en los cuarteles, pero sí debería estar atenta a lo que está ocurriendo en las Fuerzas Militares porque en este preciso momento se podría estar poniendo a prueba el talante legalista que los militares siempre han tenido en defensa de las instituciones. Y todo por cuenta de la pelea que ha casado el expresidente Uribe con el gobierno del presidente Santos, por sus divergencias en el tema de la política de seguridad.

Que el expresidente Uribe tenga diferencias con Santos en esa materia es totalmente respetable. Y él está en todo su derecho de expresar sus opiniones y hasta de hacer política con eso. Pero una cosa es que el expresidente vaya por toda Colombia, reuniéndose con los ganaderos, buscando adeptos a su causa, manipulando cifras y mezclando verdades a medias con interpretaciones, y otra cosa muy distinta es que eso lo haga en los cuarteles.

La campaña es realmente simple y contundente, con pocas aristas y reduccionista como le gusta al uribismo puro. La tesis central está sustentada en que el gobierno de Santos no tiene legitimidad porque va a traicionar el legado de la seguridad democrática por su obsesión equivocada de hacer a cualquier precio la paz con las Farc. La tesis que ha sido repetida una y mil veces en sus conciliábulos, busca desmotivar al Ejército e incentivar el descontento en los cuarteles para que en un eventual proceso de paz, si es que este se llega a dar, las Fuerzas Militares sean las primeras en oponerse a ese proceso y por primera vez desconozcan que el jefe de las Fuerzas Militares es el presidente de la República, al que ellos juraron defender.

Aunque todo este escenario suena descabellado y medio caricaturesco, en realidad es mucho más real de lo que muchos se imaginan. A pesar de que ningún general de los que contacté me quiso hablar públicamente, todos me confirmaron que esta campaña está andando y que cada día que pasa se percibe en los cuarteles una atmósfera más pesada que complica aún más el difícil oficio que cumplen nuestros hombres armados.
Todos los generales que entrevisté, coincidieron en afirmar que el problema se está volviendo inmanejable. “Lo que está haciendo el uribismo –me dijo uno de ellos– es que nos está utilizando a los militares para sus fines políticos”.

Sorprendentemente la campaña ha seguido desarrollándose en la clandestinidad, pero a la vista de todo el mundo –y sobre todo en frente del ministro Juan Carlos Pinzón que se ha mantenido en silencio– a pesar de que los hechos son protuberantes. Es bien sabido que quienes han articulado esta estrategia han sido varios oficiales retirados que abiertamente se han convertido en la punta de lanza de esa campaña. Y todos los ojos se centran en un general retirado de la Fuerza Aérea. La incidencia de los militares retirados en esta campaña ha hecho que muchos generales activos hayan cerrado sus filas y les hayan hecho saber que la época en que los retirados tenían influencia sobre los activos se acabó.

La situación ha llegado a tales extremos que hasta generales retirados como el general Valencia Tovar se han referido con preocupación a lo que está sucediendo, sin que realmente nadie le haya puesto mucha atención a su voz de alarma. En una entrevista que concedió al portal Arcoiris afirmo que, “la manera que tiene Uribe de dirigirse a los coroneles y oficiales de baja graduación diciendo que el gobierno nos está conduciendo a los desacreditados procesos de paz como el Caguán no conviene. El oficial de baja graduación está menos ilustrado de lo que está ocurriendo en el alto nivel de la política. El conflicto entre Uribe y Santos les está haciendo daño a ellos, al país, y, obviamente, a las fuerzas militares”.

Una cosa es hacer política y otra hacerla utilizando a las fuerzas armadas. Lo primero es totalmente lícito. Lo segundo puede convertirse en un delito porque incita a las fuerzas del orden a tomar partido no por las instituciones sino por una causa política.

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