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Opinión

  • | 1994/04/11 00:00

    LA POLITICA DE LOS DIALOGOS REGIONALES

    La de defendernos frente a la guerrilla no es una política sino un acto de supervivencia.

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DIFICILMENTE PUEDE ENCONTRARSE un fracaso más estruendoso de este Gobierno que el del manejo del tema guerrillero. Dicen los que conocen de cerca a Gaviria, que el tema no figura entre los que verdaderamente lo apasionan y desvelan, como el económico, en el que el Presidente se mueve como pez en el agua. Pero en el tema del orden público le ha sucedido lo único que no puede pasarle a un presidente: no tener política.
No tiene ninguna política. La de defendernos, que es lo que actualmente estamos haciendo con regulares resultados, no es una política. Es un acto de supervivencia. Y el asunto, de por sí suficientemente grave, ha venido a empeorar con la irrupción de la Iglesia como rueda suelta en un proceso sin rumbo.
Si hubiera política, no estaría resultando tun difícil manejar el tema de los diálogos pastorales, que es el nombre con el que la Iglesia ha bautizado la forma como pretende llenar el vacío del Gobierno en el tema guerrillero. Pero es sólo un nombre. porque lo que hay en el fondo es un diálogo político a través del cual algunos sostienen que la Iglesia podría estar suplantando al Estado, y la pregunta que hay que hacerse es si eso es bueno o malo para el país.
El problema, sin embargo, es que como no hay política, no podemos decidir si es bueno, o es malo. Si por lo menos el Gobierno, al prohibir este tipo de diálogos, lo hiciera bajo la advertencia de que el camino no es por allá, sino por acá, o por más allá, sería más fácil oponérsele. Pero prohibirlo sin alternativas constituye una actitud infinitamente torpe, hasta tal punto que la iglesia ya no parece estar del lado del Estado, sino a su lado, como una fuerza autónoma, desafiante. Algo así como un tercer equipo que no se inclina ni para un lado ni para el otro.
Porque la Iglesia puede ser mediadora, sí, pero eso no significa que no milite de este lado. Del lado del Estado. Del lado de la legitimidad. De este lado. Una verdad tan evidente que, sin embargo, han olvidado algunos obispos, como monseñor Leonardo Gómez Serna que, según documento que tengo en mis manos, le resume a sus "queridos hermanos, sacerdotes; religiosos, seminaristas y laicos" una síntesis de sus "diálogos pastorales" con el XXXIII frente de las FARC, críticando al Gobierno por haber "declarado la guerra que conmocionó al país cuando más se esperaba la paz (noviembre 11 de 1992), y solicitándoles a los comandantes militares y de Policía y al Gobierno mismo de tener su orden de guerra total". Desde luego, también le pide a la guerrilla (qué tal que no) que haga un alto al fuego. Pero, por si las moscas, le recuerda al Gobierno que la verdadera paz no es "el resultado de una historia militar" sino la "superación de las causas de la guerra". (Qué tal la bobadita de utopía). Y finalmente convoca a los diálogos de paz "con la participación del pueblo". También tengo en mis manos las cartas de tres presbíteros que le responden el informe al obispo con serios reparos ante su tono "tercer-equipista" en este conflicto. El presbítero Eduardo Vargas Sierra le dice en una carta inteligentísima a monseñor Gómez Serna que está. incitando a una rebelión cuando les pide a las Fuerzas Armadas que no cumplan la orden presidencial. Que el comunicado mezcla las funciones del Estado y de la Iglesia. Y que la guerra que adelanta el Estado no es una "guerra formal entre dos potencias" como lo sugiere el tono crítico del obispo, sino que tiene como propósito "reprimir una acción violenta que está sembrando de terrorismo el territorio nacional". También le pregunta al obispo por qué condena la guerra y no la violencia. Y si cuentan con la misma legitimidad para tomar las armas el presidente Gaviria que 'Tirofijo' o Manuel Pérez.
Por su parte, el presbítero Isaías Ardila le escribe al obispo diciéndole que "nosotros los sacerdotes no somos los llamados a enseñar pautas al Gobierno". Y el presbítero Angel Fidalgo Reyes reflexiona así: "La circular (del obispo) denota falta de información, ya que el Gobierno no ha declarado ninguna guerra", sino que "tomó las facultades que le confiere la Constitución para preservar el orden público".
Como es claro, en la propia Iglesia no hay unanimidad sobre la conveniencia de los diálogos pastorales. Lo único evidente es que al igual que la ley física que dice que todo espacio vacío tiende a llenarse, el dejado por la falta de una política del Gobierno frente al tema guerrillero lo está llenando la Iglesia. E imagino que ella seguirá allí, gústele o no al Gobierno, hasta que, siempre de acuerdo con la física, llegue otro cuerpo y la desplace. -
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