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Opinión

  • | 1998/07/13 00:00

    LA PREGUNTICA

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No pude menos que sentir simpatía por Horacio Serpa, en virtud del lío en el que se metió a raíz de su respuesta a la pregunta del Meridiano de Córdoba: ¿Extraditaría usted al presidente Samper si así lo pidiera Estados Unidos?De la noche a la mañana, el amigo más leal del presidente Samper se había convertido en su público verdugo, ante la aparición de la famosa 'preguntica' en el debate presidencial. Y aunque para mí ya llevaba superganado el debate Andrés Pastrana, aun antes del llamado lucky punch, debo insistir en que la incómoda y un tanto risible situación en la que la mala suerte dejó colocado a Horacio Serpa me llenó de consideración hacia el candidato liberal.Para entender la ironía de la situación, no hay sino que repasar el camino tortuoso que recorrieron los debates presidenciales antes de convertirse en una realidad. Hubo primero que superar el debate sobre el debate, hasta que los candidatos finalmente se pusieron de acuerdo en realizarlo; después vino el debate sobre los periodistas y la escogencia de cada campaña de su propia lista, que luego fue vetada por la campaña contraria hasta que el debate volvió a quedar en veremos; después hizo su aparición la fórmula Casas-Vargas-D'Artagnan, que terminó convertida en la fórmula Hoyos-Vargas-Arizmendi; pasa el primer debate y se acuerda un segundo, bajo la modalidad de preguntas enviadas por universidades y medios de comunicación; un periódico de provincia escribe su propia pregunta, la pone en el correo, ésta llega a la Comisión Nacional de Televisión, donde es introducida en una urna: después es seleccionada por Ana Mercedes Gómez, quien a su vez la introduce en otra urna, de la que vuelve a ser seleccionada contra varias otras preguntas que por falta de tiempo quedan sin lectura. Y ¡boom! Se produce lo que se produjo en el debate, que para muchos fue definitivo en el triunfo de Andrés Pastrana: una especie de lotería que uno se gana, como en el caso de Andrés, muy contadas veces en la vida. Pero las ironías del caso no terminan en el tortuoso recorrido que la famosa 'preguntica' hizo hasta llegar a su destino. Resulta absolutamente humillante para un presidente de la República en ejercicio que la pregunta que defina la suerte de un debate sea, como lo fue en este caso, la que ponga a dos aspirantes a presidente a debatir si estarían dispuestos o no a esposar a Samper para mandarlo a Estados Unidos pedido en extradición.La sola consideración de esa posibilidad es lo suficientemente humillante para un presidente en ejercicio como para obligarlo a calificar la pregunta de "infame" como lo hizo Samper, y para hacernos sonrojar ante el resto del planeta. En los informativos internacionales la noticia acerca del debate fue, cómo no, la ensartada de Serpa frente a la posibilidad de extraditar a Samper, y la salida rápida de su archienemigo Pastrana, que quedó como un hombre tolerante y conciliador, además de que demostró rapidez mental y decisión frente a una pregunta que tenía como propósito fundamental el de medir las dimensiones de su personalidad. Pero hay una tercera ironía: la de que la famosa 'preguntica' no solo rajó a Serpa en cuanto a la forma como la respondió, sino en cuanto a los conocimientos jurídicos con respecto a la extradición.Para frenar el éxito de la respuesta de Andrés, el candidato liberal se tomó los medios de comunicación, con posterioridad al debate, para resaltar que, con su respuesta, lo que él quería significar era que aplicaría la ley por igual a todos los colombianos, sin hacer excepciones ni siquiera frente al caso de un presidente de la República. Lo anterior suena muy bien y muy democrático, si no fuera porque la extradición, una vez producido el concepto de la Corte Suprema de Justicia, y en caso de ser éste afirmativo, queda dependiendo de la decisión que pueda tomar el Presidente de la República, que por motivos políticos puede decidir hacerla efectiva o abstenerse de concederla. Ahí fue donde Andrés, que con su respuesta ya había derrotado a Serpa en el campo político, lo derrotó también en el jurídico. Porque el candidato liberal demostró que no estaba muy familiarizado con la estructura jurídica de la extradición, negando, como lo hizo ante las cámaras de televisión, la existencia de esa discrecionalidad política que tiene el Presidente de la República para aplicar o no la extradición, previo concepto de la Corte, como explicamos atrás. En resumen, el caso de la 'preguntica' del debate presidencial es una feria de ironías. La última de ellas la constituye el hecho de que este gobierno se haya inaugurado con el escándalo del 8.000, capítulo "recepción de dineros de los narcos", y se esté clausurando con el escándalo del 8.000, capítulo "posibilidad de extraditar o no a Samper" si Estados Unidos resuelve enjuiciarlo penalmente. Por eso con respecto a la 'preguntica', en el caso de Horacio Serpa sí que se ha hecho realidad aquel dicho de que en últimas, "nadie sabe para quién trabaja"...
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