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Opinión

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Dice el periodista Daniel Samper, entrevistado por esta revista la semana pasada: "Básicamente, creo que la prensa es parte de la crisis nacional y que ha retrocedido hasta los viejos tiempos del periodismo político que mi generación luchó por erradicar". Me permito estar en completo desacuerdo con Daniel Samper. En primer lugar, porque el periodismo ha sido siempre, y sigue siendo, político: un instrumento para hacer política. En todas partes, pero tal vez en Colombia más que en ninguna. Todos los políticos profesionales de este país han sido siempre periodistas: desde el Libertador Simón Bolívar, que para hacer política fundó el Correo del Orinoco, hasta el hoy presidente Ernesto Samper, que durante muchos años escribió regularmente columnas periodísticas en El Tiempo y en Cromos. No es un azar que el palacio de los presidentes lleve el nombre del periodista Antonio Nariño. Y todos los periodistas profesionales de este país han hecho siempre política, incluyendo al propio Daniel Samper. Pues no es verdad tampoco que su generación, que es también la mía, luchara por erradicar el periodismo político, ni muchísimo menos. ¿O no eran acaso resueltamente políticas, aunque de distinto signo, la revista Alternativa en la que ocasionalmente colaboraba Samper y la revista Nueva Frontera en la que su jefe generacional, el político y periodista Luis Carlos Galán, ejercía el cargo de subdirector? Quien hace prensa hace política, conscientemente o no, del mismo modo en que aquel personaje de Moliere "escribía en prosa sin saberlo". Y Daniel Samper está demasiado bien informado como para no darse cuenta de eso. Pero pienso además que en la crisis actual, la de los narcodineros en la política colombiana (y no exclusivamente en la campaña presidencial de Ernesto Samper, sino en toda la política y desde hace muchos años: para cerciorarse basta con repasar viejos números de Alternativa o de Nueva Frontera), la prensa ha estado, quizás por primera vez, a la altura de las circunstancias. Me permito el impudor de citar al respecto unas frases de la conferencia que sobre el tema 'El papel de los medios de comunicación en el momento de crisis' pronuncié en el mes de mayo en la 'Cátedra Colombia' de la Escuela Superior de Guerra: "Gracias a la crisis actual _y tal vez sea lo único que le podemos agradecer_ estamos asistiendo a algo sin precedentes en el último medio siglo: un cierto distanciamiento entre los medios de información y el poder. Distanciamiento que es condición imprescindible para que tenga algún sentido la expresión 'libertad de prensa'. No es todavía, ni mucho menos, un divorcio. Subsiste una multitud de intereses cruzados entre los medios y el poder político, desde los lazos familiares y sentimentales hasta la dependencia económica directa en casos como, por ejemplo, las licitaciones de emisoras de radio o de espacios de televisión hechas por empresas de información _diarios, revistas, cadenas radiales_ o por periodistas individuales, comentaristas o columnistas de prensa teóricamente 'independientes'. Pero a pesar de todo eso, y también en parte a causa de las discrepancias internas existentes en los medios, el hecho es que la crisis actual ha reventado, y por eso mismo puede tener posibilidades de solución, gracias a los medios, que la han sacado a la luz. Los poderes políticos propiamente dichos, aun enfrentados entre sí, habrían preferido probablemente, como siempre, ocultarla, y dirimirla a escondidas: lavar la ropa sucia en casa o, mejor todavía, no tener que lavarla. Si estamos asistiendo a una operación de limpieza, a una catarsis a la manera de la 'operación manos limpias' desencadenada por los jueces en Italia, se lo debemos casi exclusivamente a los medios de comunicación". No a uno de ellos en particular -como pudo ocurrir hace unos años cuando El Espectador, solitariamente, destapó el pastel de la corrupción bancaria- sino a la suma algebraica de todos juntos: a La Prensa de los Pastrana con sus titulares venenosos y a El Tiempo de los Santos con sus columnistas enfrentados, Enrique Santos Calderón atacando al Presidente y D'Artagnan defendiéndolo; a SEMANA y a Cromos, crítica la primera y obsecuente la segunda; a los "siete grupos" de periodistas de que habla en su entrevista Daniel Samper: los cruzados morales, los que buscan circulación, los parientes de precandidatos, los que aspiran a un cargo, los de prestigio marchito, los de rabo de paja y los sinceros. Y también a otros dos grupos, que Daniel no menciona pero que también existen: los parientes y amigos del Presidente, y los que aspiran a un cargo o a un contrato no contra él, sino con él. Todos ellos, por distintos motivos, mezquinos o generosos, políticos o económicos, con intereses explícitos u ocultos o incluso, a veces, sin ningún interés particular, han hecho una cosa muy poco habitual en el periodismo tal como se suele practicar en Colombia: informar. Cito otro párrafo de mi conferencia de hace tres meses en la Escuela de Guerra: "Han informado más que nunca, aunque en muchos casos la información haya sido, como es de todos modos casi inevitable, ilustración de la opinión preconcebida que tenían al respecto. Y además de informar han hecho algo verdaderamente insólito en este país: han sostenido el flujo de la información sin olvidarse del tema al cabo de 15 días. (...) Y han informado sobre temas que hasta muy poco tiempo antes negaban en redondo, contra toda evidencia". En eso consiste, justamente, hacer política desde la prensa. Y no es un "retroceso", como lo llama Daniel Samper. Es un avance. Ojalá ese avance se consolide, y la prensa en Colombia siga más ocupada en destapar, como lo ha hecho en estos dos últimos años, que en tapar, como había venido haciéndolo por lo menos desde los pactos de complicidad del Frente Nacional.
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