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Opinión

  • | 2011/08/06 00:00

    La preocupante agenda de Juan Manuel Corzo

    Corzo se expone a que la opinión pública vea en su agenda una intención manifiesta de usar la presidencia del Senado para dirimir sus litigios con los jueces y legislar en beneficio propio.

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¡Qué mal ha empezado su gestión como presidente del Senado Juan Manuel Corzo! En sus primeras declaraciones a la prensa arremetió contra la justicia y tachó de indebida la sentencia de la Corte Constitucional que echó por el suelo la segunda reelección de Uribe. Era decirle a Santos, ni más ni menos, que su ascenso a la Presidencia había estado precedido de una decisión espuria.

En los siguientes días anunció la presentación de una ley para devolver la inmunidad a los parlamentarios, su apoyo a la iniciativa que busca cerrarle las puertas al aborto en casos de violación, de malformación del feto o de peligro inminente en la vida de la madre, y su desacuerdo con la igualdad de derechos para las parejas del mismo sexo.

Son posiciones de esa derecha desafiante, incómoda con la dura lucha contra la corrupción que libran las Cortes, dispuesta a proteger la venalidad de la clase política y completamente de espaldas a las demandas contemporáneas de libertad personal y superación de todas las formas de discriminación.

No es nuevo esto en Corzo. En años pasados había sido férreo partidario de volver a penalizar la posesión de la llamada dosis personal y había presentado un proyecto de ley de rebaja de penas para condenados que iba directo a favorecer a los presos por paramilitarismo y parapolítica.

Afortunadamente el ambiente que vive el país no parece favorecer estas posiciones. La propuesta de retornar a las épocas en las cuales el Congreso de la República se encargaba de juzgar en una primera instancia a sus miembros, no ha tenido eco en la mayoría de los partidos y ha sido rechazada de plano por el gobierno.

La idea de garantizar la igualdad ante la ley de los homosexuales está pegando lentamente en el país y la puerta que abrió la Corte Constitucional para que, en dos años, se puedan legalizar plenamente las uniones de los gays no las podrán cerrar Corzo y sus partidarios. Tampoco será fácil condenar a la muerte o la cárcel a las miles y miles de mujeres que dolorosamente se ven obligadas a interrumpir su embarazo. No creo que Santos con el espíritu de modernidad que está inspirando deje prosperar semejante arbitrariedad.

Pero las actitudes de este jefe conservador desnudan una vez más las contradicciones de la coalición de gobierno. Acaba de terminar una legislatura caracterizada por reformas de cuño progresista y por una especial coincidencia entre las posiciones que defendía el ministro del Interior Germán Vargas Lleras y el presidente del Congreso Armando Benedetti. Ahora se anuncia una ofensiva de la derecha y una controversia entre el gobierno y la presidencia del Senado.

Me parece muy torpe esta línea de conducta de Corzo. Lo creía más inteligente. En la región y en el país se conocen los preocupantes cuestionamientos que le han hecho por vínculos con fuerzas ilegales. También los señalamientos de participación en la repartija indecorosa de poder que hizo el anterior gobierno en su búsqueda desesperada de la primera y la segunda reelección.

Corzo se expone, entonces, a que la opinión pública vea en su agenda una intención manifiesta de utilizar la presidencia del Senado para dirimir sus litigios con los jueces y para legislar en beneficio propio. Corre también el riesgo de aparecer en una orilla muy distinta a un gobierno que tiene en este momento una gran popularidad y que difícilmente tolerará una acción parlamentaria contraria al espíritu de reformas y cambios que está impulsando.

Lo grave es que no está solo en la defensa de estas posiciones. La mayoría de la bancada conservadora se inclinará por estas ideas y es posible que encuentre también eco en sectores del Partido de la U. No la tienen fácil el presidente Santos y el ministro Vargas Lleras. Están obligados a actuar con prontitud. No pueden dejar que la agenda del presidente del Senado tome vuelo en desmedro del ambiente de renovación que se respira en el país.
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