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Opinión

  • | 2011/08/26 00:00

    La prostitución del voto en blanco

    Lo primero a considerar es que mientras el voto en blanco es una voz de protesta contra los políticos, ahora son los políticos quienes pretenden adueñarse de él.

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¿Existirá algún otro país en el mundo, fuera de Colombia, donde el Estado les pague una millonada a unos señores –políticos en su mayoría- que de la noche a la mañana decidieron abrogarse la representación del voto en blanco? La respuesta a esta pregunta es el punto de partida para entender el tamaño del despropósito, o mejor, del engendro antidemocrático que ha comenzado a concebirse y que nacerá a partir de las elecciones del próximo 30 de octubre.

Según informa la prensa, el artículo 28 de la Reforma Política determina que a los promotores de este tipo de iniciativas “se les reconocerán, en lo que fuere pertinente, los derechos y garantías que la ley establece para las demás campañas electorales, incluida la reposición de gastos de campaña, hasta el monto que previamente haya fijado el Consejo Nacional Electoral (CNE)”. No había siquiera acabado de secarse la tinta del decreto, cuando aparecieron cual pirañas hambrientas 58 grupos de ciudadanos que se inscribieron como promotores del voto en blanco en diferentes partes del país.

Lo primero a considerar es que mientras el voto en blanco es una voz de protesta contra los políticos, ahora son los políticos quienes pretenden adueñarse de él. Y para colmo de infortunios parece que lo lograrán, con la anuencia –por no decir complicidad- del Estado. Si se tiene en cuenta que en las elecciones de 2007 hubo más de 5’700.000 votos albos, esa cifra implicaría ahora el desembolso de por lo menos $15 mil millones para los nuevos ‘dueños’ del voto en blanco.

Se trata de un botín nada despreciable, y es lo que explica que en una región como la costa Caribe el primero en querer capitalizar ese caudal electoral sea nada menos que el cura (¿o ya es ex?) Bernardo Hoyos, cuyo eslogan de campaña dice: “El candidato que Barranquilla necesita es el voto en blanco”. Este político –porque lo es- asumió la cosa tan en serio que abrió sucursales en Santa Marta y otras ciudades costeras, mientras no se cansa de conceder entrevistas a medios nacionales y locales donde habla de las bondades de su ‘propuesta’, que le representará $2.500 pesos por cada sufragio, para lo cual sólo debe apostarle a que el número de votantes en blanco supere el umbral electoral, como muy seguramente ocurrirá, porque así viene ocurriendo sin que nadie le haya hecho campaña antes.

¿No suena entonces perverso que un político investigado por los delitos de peculado por apropiación a favor de terceros y celebración indebida de contrato, pretenda ahora sobrevivir –en lo político y en lo económico-- acaballado sobre la inconformidad de quienes depositan su voto en blanco precisamente porque no les gustan los políticos que están sobre la palestra? En el caso de Hoyos el asunto no está exento de cinismo, como lo muestra otro eslogan de su campaña: “Piénsalo bien. Gane quien gane, nosotros perdemos. Vota en blanco”. ¡Mentira!: la verdad es que sin importar quién pierda o quién gane, el cura siempre ganará, y en metálico. Y mientras más ruido haga, más plata recibe.

Si las cosas se presentan así de ‘mamey’ (que traduce fácil), con el mismo grado de viveza estaría al orden del día la posibilidad de crear el Partido Abstencionista, el cual invitaría a sus electores a no votar, tarea en la cual invertiría algún tiempo y unos pesos, que podría recuperar con creces cuando se le reconozcan “los derechos y garantías que la ley establece para las demás campañas electorales, incluida la reposición de gastos de campaña, hasta el monto que previamente haya fijado el CNE”.

¿Cuál es acaso la diferencia entre invitar a votar en blanco e invitar a no votar, si el censo electoral permite también contar el número de personas que no votaron en determinados comicios, y la abstención tiene un peso político tan determinante como las demás opciones? Así las cosas, ¿qué le impide a otro grupo de ‘aviones’ comenzar a hacer campaña por la abstención, de modo que los no votantes de su localidad pudieran contarse como no votantes suyos y… con cargo a la contabilidad?

Ante la obligación de cumplir con tan estrambótica norma, el Consejo Nacional Electoral habló de “meterlos en cintura”, para lo cual informó que “los comités deben estar integrados por cinco ciudadanos aptos para votar en la circunscripción en que se adelante la promoción”, y que (…) “para constituirse requerirán de un número de firmas (que en ningún caso excede las 50.000) equivalente al 20 por ciento del resultado de dividir el número de ciudadanos aptos para sufragar, entre el número de puestos por proveer en la elección en la que se promociona la opción”. En otras palabras, el tal ‘meterlos en cintura’ consiste únicamente en ordenar la fila de los que vienen por esa plata.

Pero aquí no para la cantinflada, porque están diciendo que ahora el tarjetón vendrá con dos opciones para el voto en blanco: uno, según el magistrado José Joaquín Vives “para el ciudadano que vota en blanco como protesta y se sentiría indignado de que su voto sea cobrado por un grupo que no incidió en su decisión”. Y otro, a su derecha, con el nombre o emblema del comité promotor del voto en blanco, para todo aquel que no se sienta indignado de prostituir una opción que durante mucho tiempo se conservó virgen, en cuanto libre.

Sin dueños, mejor dicho.

De cualquier modo, lo verdaderamente increíble sería que el país se tragara sin chistar semejante sapo.

*http://jorgegomezpinilla.blogspot.com/

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