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Opinión

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Los Estados Unidos anuncian serias sanciones económicas a Colombia por el crimen nefando de haber mantenido a Ernesto Samper en la presidencia; y se levanta Samper, ebrio de orgullo patrio, y grita: Las sanciones las pago yo, qué carajo Y no. No hay derecho. Me explicaré. Si los Rodríguez dieron plata para lograr que Samper fuera elegido presidente, es cosa de ellos. Después la plata entró o no entró, se la robaron o no se la robaron, o se gastó toda en camisetas de 'Samper presidente'. Y no es fácil imaginar un fin más tonto para una plata, cualquier plata, venga de la droga o de Drogas La Rebaja, que el de pagar camisetas con el tonto letrero de 'Samper presidente'. Aunque quién sabe: a lo mejor en un futuro, en la subasta final de las cosas de la patria, esas camisetas tan sudadas valdrán una fortuna, y los Rodríguez acabarán recuperando su inversión por el lado menos pensado. Pero no nos perdamos: íbamos en que la plata de los Rodríguez a lo mejor no entró; pero ese sigue siendo un problema de los Rodríguez. Su plata es cosa suya, y hacen con ella lo que les dé la gana. Yo no me meto. Tampoco me meto en lo que hace con su plata Julio Mario Santo Domingo. El Wall Street Journal dijo que le había dado bastante a la campaña de Samper, Augusto López rectificó después diciendo que había sido bastante menos, y otro funcionario del Grupo aclaró que en realidad ni siquiera era plata suya, sino de una empresa panameña que nadie conocía. No sé. A lo mejor es que también esa plata que Julio Mario creía haber dado se la robaron por el camino, pero eso todavía no se ha atrevido a insinuarlo ni siquiera Samper. Yo no sé, y no me meto. Y tampoco me consta que, como también se ha dicho, lo de Julio Mario fue devuelto ya con creces en rebajas de impuestos. Contadores tendrá Santo Domingo, asesores fiscales, espías, lo que sea, para que le rindan cuentas de las platas que regala y de las que le regalan, y el problema es entre ellos. E incluso si es verdad, como él mismo dijo, que le dio a la campaña de Samper la plata que dijo que le había dado por puro altruismo y sin esperar nada a cambio, no voy a discutirlo. No me meto. Su plata es su plata, y para eso es suya. Y no me meto tampoco, porque tampoco es cosa mía, en los cheques o en los anillos de diamantes que donó la difunta 'Monita retrechera', ni en la que se gastó en cubiertos para cenas de campaña el señor Patiño Fómeque, ni en la que recaudó de donativos varios la fundación 'Colombia Ecológica' o como se llamara la fundación aquella que recogía fondos para elegir a Samper. La monita podía regalarle joyas a quien le viniera en gana, y el señor Patiño Fómeque podía comer tanto como le cupiera (seis cubiertos, dicen: pero en fin, es cosa suya), y los donantes ecológicos podían considerar, si así les parecía, que sus donativos a la campaña samperista eran la mejor manera de reforestar el país talado por los gobernantes anteriores. Yo no me meto. Cada cual hace con su propia plata lo que le sale del alma, pues para eso estamos en una economía liberal de mercado: se la gasta en mujeres, o en caballos, o en trago, o en candidatos a la presidencia. Me da igual. No es cosa mía. No me meto. Pero sí me parece intolerable que, elegido Samper con la plata de ellos, que no era mía, se levante ahora a decir que se va a mantener en la presidencia con la plata mía, y no con la de ellos. Con la plata nuestra. La de nuestros impuestos, los de todos nosotros, con los cuales promete, en nombre del Estado, compensar las pérdidas que al gremio de los exportadores le causen las sanciones tomadas por Estados Unidos para castigar a Colombia por haber mantenido a Samper en la presidencia. Tampoco me parecería bien que dejara que esas pérdidas las pagaran los exportadores inocentes. Pero que llame otra vez por teléfono a Santo Domingo, a Ardila y a Sarmiento, que vuelva a organizar cenas con las contribuciones del señor Patiño Fómeque, que ponga de nuevo en marcha la fundación ecológica, que hable con los herederos de la 'Monita retrechera' a ver si por ahí suelto les queda algún diamante, que subaste de una vez las famosas camisetas de 'Samper presidente'. Y que, con lo que saque de ahí, pague la cuenta de las sanciones norteamericanas, si le alcanza. No con nuestra plata. Porque si todos ellos _Santo Domingo, los Rodríguez, la monita, el señor Patiño Fómeque_ tienen derecho a gastarse su plata en lo que quieran, Samper no tiene derecho a gastarse la nuestra en pagar sus propios gastos: las sanciones, los honorarios de su abogado Nieto Roa, el alquiler del Palacio de Nariño por dos años más. Esta protesta mía, lo sé perfectamente, es perfectamente inútil. Samper se va a gastar nuestra plata _no la suya: él es un hombre pobre_ en lo que quiera: en notarías, o en un canal interoceánico; y no hay manera de impedírselo. Y sin embargo protesto porque no hay nada más indignante que ver a un borracho crecido de euforia levantarse de la mesa arramblando con la vaca hecha entre todos y gritar, generoso: _¡La próxima ronda la pago yo, carajo! Sólo le falta añadir, tambaleante, con la voz ronca y rota: _ ¡Y que viva el Partido Liberal...! n n Samper no tiene derecho a gastar nuestra plata en sus propios gastos: las sanciones de E. U., los honorarios de Nieto, el alquiler de Palacio
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