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Opinión

  • | 2017/03/27 09:01

    Psiquiatría política

    Franco buscó a tres reconocidos psiquiatras “para que redefinieran la higiene mental de la sociedad española de la época”, ¿tal cual como sucedió en Colombia cuando Luis Carlos Restrepo puso la psiquiatría al servicio de la política?

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El maniqueísmo es lo más común en política. Los políticos saben que cuando se explican demasiado las cosas, la gente desconfía. Lo más eficaz, entonces, es radicalizar las ideas, y los enemigos, en términos de buenos o malos. Pero, ¿qué pasa cuando van más allá y se apropian de la ciencia creando falsa “evidencia científica”?

Dynamis, la prestigiosa revista editada por la Universidad de Granada y dedicada a la historia de la medicina, la salud y la ciencia, acaba de publicar una extensa investigación titulada “Saberes y prácticas psiquiátricas en el franquismo” en el que cuenta cómo Franco, tan pronto se hizo a la dictadura, buscó a tres reconocidos psiquiatra afines a su causa “para que redefinieran la higiene mental de la sociedad española de la época”, ¿tal cual como sucedió en Colombia cuando Luis Carlos Restrepo puso la psiquiatría al servicio de la política?

Franco polarizó a España “entre españoles católicos como Dios manda y antiespañoles rojos, marxistas y ateos”. Luego refundó la patria desde la ciencia: “El punto de partida fue la crítica y la negación de la psiquiatría española de los siglos XIX y XX, y muy especialmente la del periodo republicano”. Para el dictador, España estaba sumido en una progresiva decadencia como consecuencia del abandono de los valores tradicionales representados por el catolicismo y su entrega a las ideas de la Ilustración, el liberalismo y el marxismo. El tema de fondo, por supuesto, no eran tanto los valores tradicionales de la sociedad sino la consolidación de su poder personal.

La nueva psiquiatría se obsesionó con la “Patologización del disidente político, la oposición a las ideas extranjerizantes y, sobre todo, el ultracatolicismo y la defensa a ultranza de la hispanidad”. “Los malos” eran muchos: separatistas vascos, catalanes, milicianos, brigadistas. A todos los cobijó bajo la sombrilla del marxismo. Marxista era alguien de quien el régimen no se podía fiar. Los síntomas de este nuevo “mal” eran “reacciones antisociales como antipatriotismo y antimilitarismo”. Hubo internamientos en manicomios, prisión y hasta terapias de choque, como en el manicomio de Valencia, “con inyecciones de Cardiazol, schock insulínico, electroschock y lobotización prefrontal”. Ninguna de estas terapias tuvo un objetivo clínico, “sino la construcción quasi-científica para un fin político mayor”.

El marxismo desde entonces tiene una connotación diferente a la del mero pensamiento ideológico. “Apareja un aire de maldad, de peligrosidad o, cuando menos, de sospecha”. Sin embargo, más que los “marxistas”, fueron los mismos franquistas los que terminaron cojos de ideas. Ese fue el éxito de la psiquiatría franquista: el lavado de cerebro de sus propios seguidores con tal de que Franco se quedara con la marrana.
En Colombia, en cambio…

PD: Martha Isabel Castañeda, candidata a la Corte Constitucional, fue sancionada esta semana por el Consejo de Estado por haber despedido a una funcionaria sin escucharla en el debido proceso. La sanción no genera inhabilidad pero, con este antecedente, ¿qué proceso en derecho puede esperarse de ella si llega a magistrada?

@sanchezbaute

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