Viernes, 2 de diciembre de 2016

| 2006/06/03 00:00

La puntilla

Samper sigue hoy buscando lugar en el gobierno Uribe. Los samperistas históricos, los marcotulios, los carlosjulios, hicieron parte de la campaña de reelección

La puntilla

La derrota de Horacio Serpa es muy merecida. No quiso abrirle paso a gente diferente, ni entender que el único que ganaba con su participación era el presidente Uribe. Lo que nadie esperaba es que el puntillero de su carrera fuera el hombre a quien tanto sirvió: Ernesto Samper. "A Horacio le pasó su momento", conceptuó el ex presidente al expedir la partida de defunción de su escudero y de paso reclamar la participación de los suyos en el gobierno Uribe.

Horacio Serpa fue el hombre clave para sostener a Samper en la presidencia, a pesar de la entrada de seis millones de dólares de la mafia a su campaña. Serpa fue el encargado de comprar con puestos y prebendas el apoyo a Samper de decenas de congresistas que, dicho sea de paso, están hoy mayoritariamente con Uribe.

La prodigiosa oratoria de Serpa le evitó a su jefe las consecuencias políticas de la narcofinanciación. La lealtad de Serpa -a una causa tan controvertible- mereció la admiración de muchos colombianos y el decidido rechazo de los demás.

En 1998, Samper estaba jugado por él. Movió cielo y tierra para dejarlo como sucesor. Recuerdo, entre otras cosas, que el ex gobernador de Antioquia Álvaro Uribe Vélez fue traído de afán, desde Oxford, para que manifestara públicamente su apoyo a Horacio Serpa.

El ex ministro obtuvo más votos que Pastrana en la primera vuelta y perdió en la segunda, pero con la mayor votación que ha obtenido un candidato oficial del liberalismo. Sus posibilidades seguían siendo grandes y Samper le apostó al segundo intento. Serpa marchaba bien pero, faltando nueve meses para las elecciones, las encuestas indicaron otra cosa.

Cuando los números empezaron a mostrar el ascenso de Álvaro Uribe, Samper se volvió menos serpista.

A comienzos del año 2002, ya reclamaba como éxito suyo que dos samperistas fueran los más probables finalistas en la carrera por la presidencia: Horacio Serpa y Álvaro Uribe.

El triunfo de Uribe fue celebrado por Samper como propio. Días después de la elección, Álvaro Uribe fue a visitarlo en su apartamento y al salir dijo frente a las cámaras de televisión: "El señor ex presidente Samper no es solamente mi amigo, sino que ha sido mi jefe político".

Sin embargo, la relación ya resultaba inconveniente para el presidente Uribe. Por eso, rápidamente compensó su declaración con un nombramiento terrible para Samper. Fernando Londoño Hoyos, abogado de Fernando Botero y uno de los más caracterizados opositores al gobierno del 'elefante', fue nombrado Ministro del Interior y justicia.

Un mensaje que no quiso entender Samper quien, además de su cuota en el gobierno, buscaba recuperar su visa de Estados Unidos. Después de aconsejar a Serpa sobre la conveniencia de aceptar la embajada en la OEA, el ex presidente Samper fue a Palacio para hablar con el Presidente sobre extradición.

Los que oyeron la historia de boca del presidente Uribe entendieron que Samper había tratado de convencer al mandatario de no extraditar a los hermanos Rodríguez Orejuela. El ex presidente sostuvo que solamente fue a presentar una posición filosófica. Posición filosófica difícil de entender, si se tiene en cuenta que fue Samper quien reimplantó la extradición.

La versión de Samper sobre el encuentro jamás fue avalada por el gobierno.

Si Samper necesitaba una tercera señal del rechazo, le llegó con el nombramiento del ex presidente Andrés Pastrana como embajador en Estados Unidos. Nadie puede imaginarse a Pastrana haciendo lobby para que el gobierno norteamericano le devuelva la visa al mismo hombre a quien él denunció.

No obstante, Samper sigue hoy buscando lugar en el gobierno Uribe. Los samperistas históricos, los marcotulios, los carlosjulios, hicieron parte de la campaña de reelección.

Serpa, que fue candidato gracias a Samper -y no pudo ser Presidente también por cuenta de Samper- ya no le resulta útil a su antiguo jefe. Por eso el ex presidente no dejó siquiera enfriar su cadáver político, sino que se paró encima para ver qué puede pescar en este río.

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