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Opinión

  • | 2017/04/08 09:22

    Buenos sí, ¿independientes también?

    No basta con tener buenos candidatos a la Corte, se necesita que sean verdaderamente independientes. Unos definitivamente, no lo son.

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Dos fueron las condiciones fundamentales del presidente Santos para ternar a sus candidatos a la Corte Constitucional. La primera, que estuvieran comprometidos a fondo con el acuerdo de paz. La segunda, que actuaran con responsabilidad fiscal y que tuvieran en cuenta “el impacto económico de sus decisiones” al momento de proferir sentencias.

Sin sonrojarse ni un poquito, el primer mandatario confesó públicamente que más allá de sus conocimientos constitucionales o de su aptitud para el cargo, esas dos preguntas fueron determinantes para escoger a quienes están oficialmente postulados.

No tendría por qué parecernos normal que Santos hubiera ligado dichas nominaciones a criterios que ciertamente minan la independencia de quienes hoy están aspirando a ser magistrados y preocupa que los candidatos por hacerse ternar le hayan acabado diciendo a su nominador: “sí señor presidente, como usted mande señor presidente, como usted diga…”.

En un país en el que cada día se borran más las fronteras entre poderes públicos y en el que el legislativo actúa como apéndice del Ejecutivo y los jueces se comportan bien con el poderoso aspirando a tener una embajada o algunos jugosos contratos al final de su periodo constitucional, conviene poner lo que algunos llaman ‘independencia’ en el centro de esta discusión.

No basta pues, en esta coyuntura, con tener hojas de vida meritorias ni mucho menos magistrados agradecidos. Se necesitan con urgencia jueces del más alto tribunal capaces de tomar decisiones autónomas y eso es lo que en teoría debería privilegiar el senado a la hora de su elección.

En las dos ternas presentadas por Santos vuelve a ocurrir lo que ya pasó cuando postuló a Alejandro Linares y dos reconocidas juristas: aunque todos fueran buenos y transparentes había uno que tenía más conflictos de interés y otras que hubieran podido actuar sin ataduras. Al final, como se trataba de una terna de uno, ganó el amigo, el cercano y no necesariamente el mejor y más independiente.

Ahora la cosa se complica: ¿será independiente del gobierno una funcionaria que le acompañó al presidente durante 6 años como su secretaria jurídica y que conceptuó frente a lo divino y lo humano desde su cargo en la Casa de Nariño? ¿Podrá actuar libremente sin tener que declararse impedida cada dos por tres?... Remember Mauricio González que en sus primeros años en la Corte tuvo que abstenerse de votar en 4 de cada 10 procesos por su cruce de intereses viniendo también de la secretaría jurídica del expresidente Uribe. ¿Es eso lo que queremos que se repita?

En las ternas hay de dónde escoger, sin duda. Hay mujeres con carácter como Isabel Cristina Jaramillo o personas que compaginan la experiencia académica con su paso por la Rama Judicial como Néstor Osuna.

No es que no crean en la paz ni en la responsabilidad fiscal de los fallos, sino que sus posiciones en estos temas deberían ser de su resorte personal y no provenientes de una condición absurda que les haya impuesto el doctor Santos para ternarlos.

Al final, entre los pergaminos que cada uno pueda tener, la independencia que logren demostrar debería ser el gran diferenciador que los lleve a la Corte. Buenos son, ¿independientes también?

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