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Opinión

  • | 1986/09/01 00:00

    LA RECETA DE LA PAZ

    Hacer balances es lo que ordena la etiqueta con la gestión de cada Presidente que empaca sus maletas

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Tengo la certeza de que por encima de su gestión económica o de su política internacional, es el proceso de paz el que tiene la última palabra con respecto a la forma como la historia juzgará el cuatrienio de Belisario Betancur.
Y es que, por encima de los conflictos de clase, los antagonismos ideológicos, las alineaciones partidistas, el antagonismo de los ratings o la dicotomía de los sexos, Belisario deja el país dividido tajantemente en dos grupos de colombianos: los que están con el proceso de paz y los que están en su contra.
A quiénes dará razón la historia es una incógnita del futuro. Por lo pronto, en el presente, podemos intentar hacer el consabido balance de los resultados de la política de paz, que es lo que la etiqueta ordena que se haga con la gestión de cada Presidente que empaca sus maletas para desocuparle el Palacio de Nariño a su sucesor.
Estar con el proceso de paz significa creer en la Santísima Trinidad que conforman los tres argumentos principales que se han esgrimido a su favor:
*La deslegitimación de la violencia: uno de los más claros logros del proceso de paz está en que el establecimiento ganó la batalla política. Es decir, en que se logró deslegitimar la violencia como instrumento de lucha política o de cambio social. Esto es especialmente cierto con respecto al M-19, que hasta mediados del cuatrienio de Belisario gozaba de la abierta simpatía de una gran parte de los colombianos, y de la simpatía secreta de otra gran parte de los demás, que se habían dejado seducir por las travesuras del malo de la película. Ninguna fórmula de ofensiva militar contra la guerrilla puede triunfar cuando una parte considerable de la ciudadania está política o sentimentalmente involucrada con la subversión.
*La experiencia: este argumento sostiene que el gran avance numérico, militar y político de la guerrilla colombiana exigía que el país se embarcara tarde o temprano en una experiencia semejante a la del proceso de paz. Habiéndosele medido a ello valientemente el gobierno de Belisario su sucesor ahora cuenta no sólo con una experiencia insustituible para manejar el problema de la subversión, sino además con la autoridad moral que ella le otorga para tomar las decisiones futuras en torno al mantenimiento y a la conservación del orden público.
*Las FARC como constancia: frente a las dos anteriores, de Indole claramente teórica, este tercer argumento constituye la prueba más concreta a favor del proceso de paz. Las FARC, que por sí mismas constituyen el 80% de las fuerzas subversivas que operan en el país, se comprometieron en una tregua indefinida que han mantenido indiscutiblemente, a pesar de que algunos de sus frentes han estado ocasionalmente vinculados con casos de secuestro, extorsión o enfrentamientos armados con el Ejército. Para hacerle contrapeso a la balanza, los que se oponen a los resultados del proceso de paz también exhiben su propia trilogía *La institucionalización de la guerrilla: el proceso de paz permitió que la guerrilla pasara de ser un extra, en el drama de la vida nacional, a ser un actor principal, al entregarle la legitimidad del sistema. Es decir, el proceso de paz reconoció que la lucha violenta de la subversión era justa, y que los guerrilleros habían sido obligados a apelar a las armas para conseguir las legítimas reivindicaciones que la sociedad venía negándose a hacerles sistemáticamente, y que ahora por cuenta del proceso de paz se comprometía por fin a realizar. Se necesitó que viniera el Papa para devolverle la legitimidad a la sociedad, cuando les recordó a los colombianos que por ningún motivo deberían escoger el camino de la destrucción y de la muerte sobre el de la paz y la convivencia.
*La antiexperiencia: el proceso de paz dejó dos experiencias irreversibles. Por un lado, la de un número histórico de muertos nacionales que no se compara con el registrado en gobiernos anteriores. Y la de la toma de una tercera parte del territorio nacional --casi todo Arauca y parte del Cauca, Huila, Antioquia, Córdoba y Valle-- por parte de la guerrilla, bien a través de su brazo armado o de su brazo político, que logró un avance considerable en las recientes elecciones de corporaciones. Esto significa que despues del proceso de paz la soberanía de la ley civil está reducida a dos terceras partes del territorio nacional.
*Las FARC como incógnita: para los enemigos del proceso de paz, las FARC constituyen una incógnita más peligrosa que una bomba de tiempo. Convertida la paz en obsesión del presidente Betancur, se les otorgaron a los guerrilleros todas las ventajas que podían otorgárseles, pero sin que hubiera existido una previa negociación. Al final las FARC se quedaron con la amnistía, con el indulto y con las armas, y el gobierno sin las armas, sin la amnistía y sin el indulto. Ahora, sin haber renunciado a su brazo armado, las FARC poseen también un brazo político, que agranda aún más la incógnita. ¿Están realmente interesadas en acogerse al sistema, o están utilizando la tregua como una estrategia para situarse mejor en el campo político y militar? Los enemigos del proceso de paz opinan que el día en el que se despeje esta incógnita, los resultados podrían convertirse en los más costosos de la historia del país.
Si hubiera que preparar una receta de cocina con ingredientes de los argumentos anteriores, yo los mezclaría en las siguientes cantidades:
Una libra de deslegitimación de la violencia
Una taza de experiencia
Una cucharadita de las FARC como constancia
Dos cucharadas de institucionalización de la guerrilla
Una pizca de antiexperiencia
Y tres tazas de las FARC como incógnita.
La mezcla resultante la licuaría, la pasaría por un colador, la echaría en una refractaria y la guardaría en el congelador. Dentro de seis meses la descongelaría y la metería en el horno. Puede que el ponqué de proceso de paz resultante quede incomible, perfecto, insulso, poco consistente o desinflado. Pero será mi propia receta. Al fin y al cabo, cada colombiano puede mezclar sus ingredientes en las cantidades que le parezca.--
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