10 noviembre 2012

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La red social

Por María Jimena DuzánVer más artículos de este autor

OPINIÓNQuién iba a pensar que bastaría un trino para que el mundo supiera quién era el nuevo presidente de Estados Unidos y que llegaría el día en que las cadenas de televisión estarían a la saga de las redes sociales.

La red social.

La reelección de Barack Obama será recordada no por los debates grises que vimos en televisión ni por los sorprendentes cambios de pensamiento observados en los discursos del  candidato republicano Mitt Romney, solo comparables con los de cualquier político de la Unidad Nacional en trance de pasar de un cambuche a otro.

Esta elección será recordada porque es la primera vez que un presidente norteamericano les agradece a sus votantes a través de un trino por Twitter en lugar de hacerlo por la televisión como era la tradición: “Estamos juntos en este proyecto.  Así es como hicimos esta campaña y así somos nosotros”. Este, que no fue su mejor trino, se convirtió en  su primer acto de gobierno minutos después de haber sido reelegido y sus 23.038.249 seguidores en Twitter lo recibieron con gran júbilo. No hubo discursos, no hubo pompas, ni fotos en los periódicos. Solo una foto se convirtió en noticia: la que  fue enviada por el mismo Obama a través de Twitter en la que aparecían su mujer y él, minutos después del triunfo. Esa foto ha sido retuiteada más de 735.000 veces, superando incluso los récords del cantante Justin Bieber.   

El anuncio de su truinfo a través de Twitter rompió el récord de trinos por minuto que era de 327.422 y Facebook registró el nivel de tráfico más alto del año.  Ni Marx, que supo descifrar muy bien las entrañas del capitalismo, se habría imaginado que serían las  redes sociales las que iban a impulsar la verdadera revolución de las masas.    

Quién iba a pensar que  bastaría un trino presidencial para que el mundo supiera quién era el nuevo presidente de Estados Unidos y que llegaría el día en que  las cadenas de televisión estarían a la saga de las redes sociales.

Pues bien, ese día llegó. Según un informe publicado por el L.A Times por primera vez la gente no se conformó con seguir las elecciones por la televisión sino que se conectó a las redes sociales para seguir paso a paso los resultados. Pero frente a los cerca de 67 millones que vieron por televisión las elecciones, cerca de 306 millones lo hicieron por Facebook y tuvo un alcance de aproximadamente 40 millones por Twitter.

Las cadenas de televisión quedaron desplazadas a un cuarto o quinto lugar y con ellas los oráculos de CNN, cuya ecuanimidad contrastaba con la fogosidad que se vivía en las redes sociales y con los de FOX, cuyos comentaristas fueron los que se llevaron la peor tajada. Cuando ya las redes sociales decían que el triunfo de Obama era un secreto a voces, los analistas partidarios de Romney insistían en que no se podía hablar de ningún triunfo hasta que no se contara el último voto. Hoy son el hazmerreír de todos los programas de sátira en Estados Unidos.  

Estas elecciones han demostrado que el poder de las redes sociales ha transformado la política norteamericana y que la comunicación que se establece entre el votante y el político es mucho más eficaz, más cercana, porque está exenta de intermediarios.  Se acabaron las grandes transmisiones con importantes periodistas hablando de lo divino y de lo humano porque estos escenarios hoy tan conservadores,  han sido superados por el diálogo que se puede establecer en Facebook o en Twitter con miles de amigos y seguidores.

En Colombia esta transformación de la política aún no nos ha llegado. Los pocos políticos que utilizan Twitter son criticados por andar trinando en lugar de estar dedicados al gobierno. En Colombia solo hay tres políticos que saben utilizar esta herramienta. El primero, es el expresidente Uribe, quien ha hecho de ella su mayor arma política. El alcalde Gustavo Petro, cuyos detractores injustamente lo han criticado por su devoción por el Twitter, y el senador del Polo Jorge Enrique Robledo, quien es de lejos el político que mejor lo utiliza. El presidente Santos todavía anda muy biche en el tema y lo veo cada vez más prudente y silencioso en las redes.

Esta revolución que están impulsando las redes sociales puede tener un impacto en la forma como se hace política en Colombia. Si llega con la fuerza que tiene podría  desterrar esos liderazgos que se han ido afincando en el clientelismo en el que poco priman las ideas, sino los puestos. El día que los políticos colombianos tengan la transparencia de utilizar Twitter para convencer a sus votantes por sus propuestas, en lugar de darles un puesto, habrá empezado la revolución en Colombia.
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