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Opinión

  • | 2003/06/29 00:00

    La reforma del Estado

    No basta con botar empleados o liquidar empresas estatales: alguien tiene que proveernos de salud, telefonía, gasolina, electricidad

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Alguien por fin le puso al cascabel al gato! El gobierno le está metiendo mano a Telecom, al ISS, a Ecopetrol, a Emcali, al Sena, a Ferrovías y a otro montón de ollas podridas que tienen arruinado a este país. Con excepción de los trabajadores despedidos, de los que están en cola y sus padrinos, los colombianos aprueban las medidas y aplauden la firmeza del presidente Alvaro Uribe.

La razón del gobierno suena obvia: se trata de arreglar en serio el déficit fiscal, pues la deuda de las empresas estatales va en 244 billones de pesos -lo que equivale a ocho años de ingresos tributarios-. Pero la razón de los escasos críticos no suena menos obvia: es injusto que el ajuste se haga a costa de agravar el desempleo.

Y sin embargo sucede que ambos bandos están haciendo pís por fuera de la coca: ni el ahorro fiscal ni el desempleo son criterios válidos para evaluar la reforma del Estado. Los criterios deben ser la eficiencia y la equidad, porque el Estado sirve dos grandes funciones económicas: afecta la asignación de los recursos productivos y redistribuye el ingreso nacional.

Entendámonos. No se trata de que el ISS contrate menos médicos (ahorro) sino de que rebaje el costo por paciente atendido (eficiencia). Y no se trata de cuántos puestos genere Ecopetrol (empleo) sino de quién se quede con las regalías (equidad).

Si entro en esas honduras es porque temo que las reformas se están haciendo con más prisa que tino. No hay duda de que la situación fiscal es angustiosa ni hay duda de que este Presidente sí se está dando el lapo. Pero de la carrera no queda sino el cansancio, y en este caso son cuatro las muestras del atolondre:

-Recortar donde se puede, no donde se debe. Cuando una empresa privada se reestructura, corta la grasa y robustece el músculo; aquí en cambio se están sacrificando la inversión y los trabajadores más calificados, porque los otros costos son más rígidos o están mejor apadrinados.

-Ahorre hoy, pague mañana. La experiencia con despidos y fusiones muestra que lo barato sale caro. Las indemnizaciones y los pleitos que vienen, el reenganche de empleados despedidos y el "efecto poda" o resurrección de cualquier burocracia que se cierre, son sobrecostos que no pueden evitarse sino en procesos largamente madurados.

-A medias es peor. Las reformas así suelen quedarse a medias y el revoltijo complica los males. Para ejemplo están el propio Telecom y el propio ISS, cuyas crisis se acentuaron cuando Gaviria les creó competencia en vez de liquidarlos. Lo mismo que va a ocurrir ahora con la idea de siete ISS regionales o Ecopetrol partida en dos empresas medio públicas pero medio privadas.

-No fijarse en lo que sigue. La adrenalina dedicada al sindicato, los abogados y los financistas en el momento de liquidar la empresa no deja tiempo para diseñar su reemplazo con el intenso cuidado necesario para evitar los errores pasados o inventarse otros nuevos. Es el fardo de pleitos, pagarés, fiducias y vacíos con que arranca la flamante "Colombia Telecomunicaciones S.A.-ESP".

Y es porque no basta con botar empleados o liquidar empresas estatales: alguien tiene que proveernos de salud, telefonía, gasolina, electricidad o canchas deportivas. La burocracia oficial no lo hace bien porque es ineficiente, improvidente, corrupta o está clientelizada -y así lo prueba el hueco donde estamos-. La alternativa es contratar con empresas privadas o multinacionales; y aquí también topamos con golazos, serruchos, pleitos, reajustes y operaciones de salvamento multimillonarias (que lo digan la banca, las electrificadoras, las Invercolsas o los contratos de riesgo compartido).

Todo lo cual nos lleva a concluir que andan buscando al muerto aguas arriba. El asunto no es técnico sino ético y no es económico sino político. El asunto es si hay o no hay quién vele por el interés público es decir, si el público está organizado para exigir resultados a los políticos y los políticos están organizados para exigir resultados a la burocracia.
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