Lunes, 16 de enero de 2017

| 2008/06/21 00:00

La reforma necesaria

Es absurdo el temor de que la Comisión de Ajuste Institucional vaya a desmontar la Constitución del 91. Esto sólo lo podría hacer una Constituyente que sólo el Polo propone.

La reforma necesaria

EL hundimiento de la "silla vacía" no merecerá ni una lágrima, y más bien la aplaudiremos en retrospectiva, si la Comisión de Ajuste Institucional logra articular una verdadera reforma electoral y el gobierno se compromete a impulsarla y sacarla adelante en el Congreso. Pero sin siquiera haber empezado a funcionar, esa Comisión ya ha recibido dardos y descalificaciones de parte de la oposición.

Sus principales objeciones plantean que la Comisión es un mecanismo dizque "desinstitucionalizador", porque sustituye al Congreso; que es inútil, puesto que si el gobierno hundió una reforma tan limitada como la "silla vacía", menos se comprometerá con una reforma de fondo; que su composición es mayoritariamente conservadora y de derecha; que su verdadero propósito es desmontar la Constitución del 91, dicen los más delirantes.

Ante todo, no es "desinstitucionalizador". Es un mecanismo legítimo y operativo de consulta del Ejecutivo a la academia, a expertos, a los partidos y a la sociedad civil en general. El gobierno conserva su iniciativa legislativa intacta, y será el Congreso el que en últimas decida si aprueba, modifica o desaprueba lo que el gobierno ponga a su consideración. Igual sucedió con la Comisión de Gasto Público, a la que ninguno de los críticos de hoy se le ocurrió tildar en su momento de "desinstitucionalizadora".

De otro lado, a pesar de lo que pregona en forma engañosa la oposición, el gobierno sí tiene voluntad de hacer una reforma electoral de fondo, aun cuando haya propiciado el hundimiento de la "silla vacía" por haberse convertido en un riesgo contra la gobernabilidad en la versión mezquina de los opositores. Pero nadie puede decir hoy con seriedad que sin "silla vacía" no hay salvación. De hecho, opositores y gobiernistas reconocieron desde un principio que era un mecanismo muy limitado. Y efectivamente lo era, porque hacía más énfasis en el castigo que en la prevención, y en la retrospectiva que en el futuro. Pero cuando se hundió, los opositores la lloraron, se rasgaron las vestiduras y llevaron coronas a su sepelio. Puro oportunismo político.

La Comisión y el gobierno tienen que demostrar su voluntad de cambio profundo yendo a las raíces del problema: el sistema electoral. Insistimos. El voto preferente se convirtió en el caos organizado que con centenares de candidatos de cada partido, realizando centenares de campañas individuales y autónomas, propicia y facilita la penetración de dineros calientes y la distorsión violenta de las elecciones. El regreso a las listas cerradas por partido, con manejo centralizado de las finanzas en manos de los partidos y no de los candidatos, disminuirá la penetración de los corruptos y los violentos en las elecciones.
 
Obviamente, esto requiere partidos muy organizados y con democracia interna. Habrá que ver qué dice, por ejemplo, el Partido Liberal sobre este tipo de iniciativas. Adicionalmente, habría que mantener o incrementar el umbral electoral para evitar que las microempresas electorales existentes se dispersen en decenas de partiditos de garaje dispuestos a recibir financiación y apoyo mafioso. Y si a lo anterior le agregamos el voto obligatorio, al menos por un tiempo, entonces las posibilidades de que los ilegales distorsionen las elecciones serán muchísimo menores que con la "silla vacía".

Que la Comisión sea mayoritariamente conservadora o de centro-derecha ni le quita ni le pone. Reformas como las ya mencionadas no son de izquierda ni de derecha, son sencillamente democráticas. Como también lo sería establecer el poder electoral como cuarto poder público, independiente de los partidos y de los otros poderes del Estado. El Consejo Nacional Electoral, con sus cuotas partidistas, es decimonónico. Por último, es exagerado y absurdo el temor de que la Comisión vaya a desmontar la Constitución del 91. Esto sólo lo podría hacer una Asamblea Constituyente que, paradójicamente, sólo el Polo está proponiendo.

Esperemos que la propuesta de la Comisión, y el proceso de reforma a fondo que impulse el gobierno en el Congreso, les ayude a los nostálgicos a olvidarse del embeleco de la "silla vacía" como panacea frente a la corrupción y a la violencia electoral.

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