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Opinión

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Nunca pudimos ser como los ingleses. En Bogotá había incluso gente que se disfrazaba de los pies a la cabeza para parecerse a ellos: zapatos Church, corbata Tremlett, paraguas Brigg. Pero el clima, que permitía ese travestismo, se volvió luego como el de Girardot; y los paraguas fueron reemplazados por sudaderas para la ciclovía. Sin embargo, gracias a las cómicas peripecias que nos ha tocado vivir bajo el actual gobierno, hemos podido por fin tener un rasgo, aunque sea uno, típicamente británico: el llamado shadow cabinet, o gobierno en la sombra, que es ese equipo político que organiza en Inglaterra el partido de la oposición para vigilar y controlar al gobierno propiamente dicho.Nuestro shadow cabinet local es incluso mejor que su modelo, pues no sólo está en la sombra sino a la sombra: está preso. Se llama Fernando Botero Zea, y lo llamaban antes con nombres despectivos: 'el hijo del pintor', 'el número uno de los verdes'. Ahora se llama a sí mismo, en tercera persona, 'el ex ministro de Defensa', y hace él solo lo que deberían hacer la Contraloría, la Procuraduría y la Veeduría sumadas.Botero, desde sus amplias oficinas de la Escuela de Caballería, estudia, desmenuza, sopesa y juzga los contratos del Estado, las asignaciones presupuestarias, las prioridades de inversión. Vigila la transparencia y la limpieza de las adjudicaciones de obras públicas o del otorgamiento de licencias para emisoras, y sabe quién se gana los concursos y las licitaciones y por qué, y si hay testaferrato en ellos, y quiénes son los verdaderos favorecidos, y si en ese favorecimiento hay favoritismo. Sigue de cerca las investigaciones de la Fiscalía sobre los parlamentarios o funcionarios públicos involucrados en procesos civiles o penales. Estudia y califica los nombramientos diplomáticos y la concesión de notarías a los amigos del gobierno. Para todo eso cuenta con un notable flujo de información _parece ser que en sus oficinas de la Escuela recibe entre 30 y 40 personas al día para despachar los diversos asuntos_, y con la colaboración de un activísimo equipo de trabajo: investigadores, economistas, politólogos, periodistas, asesores de imagen, analistas de encuestas, abogados, jefes de relaciones públicas, secretarias, mensajeros, edecanes del Ejército que llevan al aeropuerto a sus enviados diplomáticos. Y una excelente secretaría de prensa que maneja los medios noticieros de televisión, semanarios, diarios, prensa internacional, casas editoriales y periódicamente distribuye boletines de prensa que mantienen al público informado de las actividades de su jefe: "Bla, bla, bla", dice Fernando Botero Zea. "Bla, bla, bla, bla", añade el ex ministro de Defensa. "Bla, bla, bla", dice Botero. "Bla, bla, bla, bla", concluye Botero Zea. Todo perfectamente redactado, en breves párrafos en orden de importancia, magníficamente impreso y velozmente transmitido por fax. Botero, en suma, hace lo que en Colombia debiera hacer la oposición, si aquí existiera semejante cosa. Y lo está haciendo muy bien.Botero, preso, constituye la mejor prueba de que la prisión sí puede servir para rehabilitar al delincuente, como han soñado los penalistas desde los tiempos de Beccaria. Ese mismo Botero que en otros tiempos conocimos como socio de 'los Picas' (más tarde presos también ellos), y luego como inescrupuloso manzanillo electorero (sus compañeros de entonces también están cayendo presos), después como ministro de Defensa que no reparaba en gastos para financiar la represión, y después como mentiroso patológico, y finalmente como traidor, se ha convertido en unos meses de cárcel en un excelente funcionario, trabajador y serio. Ojalá vayan pronto a la cárcel también, como parece que están a punto de hacerlo, Horacio Serpa y Rodrigo Pardo, a ver si también se rehabilitan ellos, que hasta ahora, como ministros, han sido tan mediocres como el propio Botero. Ojalá vaya el presidente Ernesto Samper, a ver si hasta él mismo se regenera y cambia. Ojalá vayan todos. Y tendríamos entonces sí, como los ingleses, en la sombra un gabinete completo. (Una duda me asalta. ¿Quién paga la espectacular rehabilitación de Fernando Botero? Porque un equipo como el suyo cuesta dinero: penalistas, politólogos... En sólo cuentas de fax la Escuela de Caballería tiene que estar pagando un ojo de la cara. ¿Paga de su bolsillo el propio Botero? Con la declaración de renta y bienes que hizo pública al comenzar el gobierno eso no es verosímil. ¿Paga con sus cuentas cifradas de Nueva York? ¿Con las donaciones de la Federación de Cafeteros, del Grupo Santo Domingo, de los Rodríguez? ¿Con lo que quedó sobrando del famoso contrato de los Galil? Que nos lo expliquen).
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