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Opinión

  • | 1987/11/23 00:00

    LA RESURRECCION DE LOS LLERAS

    Una vez más el llerismo se convirtió en la tabla de salvación para un amago de división liberal

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Si uno supone que alguien que habla del "país de los Lleras" se está refiriendo a la Colombia de hace 20 años, está equivocado. Perfectamente podría estar hablando de la Colombia de los ochenta. Y más concretamente de la de 1987, cuando, aunque aparentaban estar en las postrimerías de sus vidas, sin ningún juego electoral ni un voto en los bolsillos, los Lleras vuelven a estar de moda en el vaiven de la política nacional.
En tres de los más importantes puestos públicos del país, candidatos de extracción llerista han sido la fórmula de conciliación. Comenzando por el presidente Barco, protegido, pupilo, delfín de Alberto Lleras, y lanzado como candidato por el propio ex presidente en un editorial de hace ochos años, cuando la propuesta no cuajó.
Sin embargo, ocho años después, cuando hubo que pensar en alguien políticamente inocuo que no representara un obstáculo para las fuerzas vivas internas del Partido Liberal, la solución fue un llerista. El ingeniero Barco, heredero de una fuerza política extinta, se convirtió así en el Presidente de la República.
Un año después, cuando el teje maneje burocrático del Distrito, bajo la orientacion del entonces gobernador turbayista, Manuel Infante, estuvo a punto de dividir el partido, la fórmula volvió a repetirse. ¿A quién nombrar, para conciliar las fuerzas liberales del Distrito? ¿A otro turbayista? ¿A un duranista? ¿A un samperista? ¿A un galanista? No. A un llerista. Y nombraron a Jaime Posada, ex ministro de Educación de Carlos Lleras, quien desde hacía años estaba retirado de la política activa, refugiado más bien en sus labores académicas y en su hobby favorito, la historia.
Su primer reto consistió en nombrar un secretario de Gobierno que no despertara resquemores del turbayismo, ni del duranismo, ni del samperismo, ni del galanismo. Pero esta vez la solución no fue un llerista. Fue una llerista. Concretamente Consuelo Lleras, hija del ex presidente Lleras Alberto, y madre del actual director de Inravisión, Felipe Zuleta Lleras.
Ah. Es que en Inravisión también se presentó el problema. Al cambio de gobierno, y en vísperas de una trascendental licitación de televisión, el nuevo director del Instituto tenía que ser una persona que otorgara suficientes garantías de imparcialidad. La única fuerza política que no aspiraba a noticiero era el llerismo, pero por que el llerismo se había acabado.
Y casualmente en la propia Inravisión se encontraba ya trabajando, desde el gobierno anterior, el llerista apropiado para ser ascendido al cargo de director. Desde entonces el puesto lo tiene Felipe Zuleta, cuyas únicas "fisuras" políticas las ha sostenido con los ministros de comunicaciones de turno.
Finalmente, con la precandidatura de Abdón Espinosa Valderrama, el llerismo coronó. El ex secretario privado de Alberto Lleras y ex ministro de Hacienda de Carlos Lleras, es un hombre considerado aún vigente en el periodismo pero pasado de moda en la política, resultó resucitado por Carlos Lleras, quien fue a inscribirlo personalmente y también personalmente está moviendo su precandidatura.
De nuevo un llerista se convirtió en la tabla de salvación para un amago de división liberal en Bogotá. Y no tiene nada de raro que este llerista se convierta en el alcalde de la capital, porque lo que si es fijo es que tiene asegurada la candidatura del liberalismo unido.
A regañadientes, pero unido.
El problema es que si la fórmula llerista ha sido definitiva en la escogencia del candidato liberal, puede resultar menos favorable si Abdón Espinosa llega realmente a ser elegido alcalde.
Se trata de un hombre independiente, y concretamente independiente de los dueños de los votos en Bogotá y del propio Presidente de la República. Espinosa no le va a deber a nadie su elección, si es que sale electo. Eso significa que Barco perdería en Bogotá la mancorna que tiene en Julio César Sanchez (hombre no sólo infinitamente leal al Presidente sino hábil manzanillo y excelente administrador). Y en cambio el Presidente tendría que buscar la manera de entenderse con este eventual nuevo alcalde, que posee un potencial infinito de discordia.
Aunque muy respetable, Abdón es un hombre poco carismático, con un mal genio reputado, con buena fama de administrador pero con pocas habilidades para manejar la red de manzanillaje, de favores cruzados y de equilibrios políticos que impera en la política capitalina.
Los Lleras dejaron de mandar en Colombia hace quince años. A partir de entonces, se convirtieron en ex presidentes con opinión pero sin poder. ¿Cómo se explica que el llerismo, fuerza política tan extinta como las lenguas muertas, tan pasada de moda como el corsé y tan nostálgica como el tranvía, se haya convertido en la fórmula de conciliación cada vez que el Partido Liberal necesita proponer un candidato "neutral" para un puesto clave del país?
Es probable que sean muchas las explicaciones. Entre otras, la de que este es un país que no le cree a la gente joven, aunque irónicamente la mitad de su población tiene menos de 25 años.
Pero mientras meditamos sobre este punto, resulta divertido descubrir que con la candidatura de Abdón Espinosa, pasó lo único que no podía pasar. Que el turbayismo y el resucitado llerismo hicieron una alianza "poco santa", apoyados por el elenco de los "fetecuas" y la avispada complicidad de Santofimio, para que con Bogotá se cumpla el popular adagio de que todo tiempo pasado fue mejor.--
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