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Opinión

  • | 1991/05/27 00:00

    LA RINOSCOPIA DE MENEM

    Sus ministros se le mueren de infarto, y, cuando va a hacerle barra a la selección, pierde.

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EL PRESIDENTE ARGENTINO CARLOS MENEM es ejemplar. No porque sea un buen gobernante: nunca ha existido semejante cosa.
Sino porque es la quinta esencia de un gobernante: un gobernante resumido en los pocos trazos certeros de una caricatura.
Para empezar, Menem tiene hasta la ostentación el rasgo distintivo de los gobernantes: está feliz de gobernar.
Basta verlo en las fotos: se tienta y no se halla de la dicha.
Estrena Ferrari rojo mientras bajo sus pies la Argentina se hunde, como Atila. Cambia de religión para ser presidente porque Buenos Aires bien vale una misa, como Enrique IV Se pelea a gritos con los periodistas en las ruedas de prensa, nombra a sus cuñados en las inspecciones de aduana, indulta a los generales culpables de genocidio, juega al tenis con la Sabatini y al fútbol con Pelé. Le encanta cantar en público, como a Nerón, aunque lo suyo son los tangos. Se toma fotos en calzoncillos, como si fuera Ghandi, se inyecta colágeno para evitar las arrugas con el resultado de que la cabeza se le hincha como la de Mussolini, dirime sus disputas conyugales soltándole a su mujer una carga de granaderos a caballo: ni Enrique VIII llegó a tanto. Nombra embajador a Maradona, como Calígula nombraba cónsul a su caballo. Dos o tres veces al día, llama por teléfono a otros gobernantes para comentar con ellos las delicias del gobierno, como Bush, o va a hacerles visita pilotando su avión en persona, como el rey Hussein. Y además dicen que es gafe: sus ministros de Hacienda se le mueren de infarto, y, cuando va a hacerle barra a la selección argentina en el Mundial de Futbol, pierde la selección.

Dicen que Menem es gafe. Pero es que, si bien se mira, todos los gobernantes traen mala suerte: son gafes. Y todos usan el poder para zanjar sus disputas conyugales, y todos cambian de religión, y todos se inyectan colageno, desde Gilgamesh, el mas antiguo gobernante que registra la mitología, que como Menem -como todos no quería morir. Y todos nombran a sus cuñados, y todos pelean con la prensa, y todos se inclinan ante los militares, a no ser que sean militares ellos mismos. Y, repito, todos son gafes. O si no, que lo digan los gobernados.

Y esas patillas. Y esa familia: Zulema, Zulemita, Carlitos Facundo. Todos los gobernantes son iguales, pero Menem es el mas igual de todos. Por eso es ejemplar.

Hace unos cuantos días, el gobernador de Catamarca, destituido por Menem , pidió que al presidente se le hiciera una rinoscopia. Para ver si Menem -como tantos, como todos: si no, no habría mercado mete cocaína. Y sí, que se la hagan. A Menem, y a todos los demas gobernantes. Tal vez así empecemos a entender por fin la misteriosa razón que hace que el trafico mas prohibido del mundo, el mas elocuentemente condenado por todos los gobernantes del planeta, el tráfico nefando al cual cada seis meses le declaran la guerra a ultranza todos los gobiernos, por una vez unánimes, es simultáneamente el negocio más floreciente de la historia, el más rentable, y el que mejor funciona.
Una rinoscopia a Menem, una exploración a fondo de las fosas nasales del poder, sería muy instructiva. Porque, así como Menem es la perfecta caricatura del gobernante perfecto, y en consecuencia su caso es ejemplar, así también el negocio de la cocaína es la perfecta caricatura de ese ideal al que ultimamente aspira el mundo entero, que es el capitalismo salvaje: pues paradójicamente (una paradoja perfectamente natural) la prohibición del tráfico de coca lo deja exclusivamente sometido a la ley del mercado, y a ninguna otra. El examen comparativo de los conductos nasales del presidente argentino y de sus colegas, y el de los circuitos secretos por donde se mueve el tráfico de las drogas, nos enseñarían mucho sobre las interconexiones del poder y el dinero, y sobre cómo se entrecruzan uno y otro en la sociedad, como el sistema nervioso y el aparato circulatorio se entrecruzan inextricablemente en el organismo.

Empezaríamos a ver, para empezar, algo obvio, y que sin embargo ha sido mantenido deliberadamente en un punto ciego de la atención del publico: que el negocio de la coca, como todos los negocios, es de doble vía. Hay vendedor y hay comprador, hay productor y hay consumidor. Sí, tal vez sea cierto que un cuñado del presidente argentino haya recibido maletas cargadas de dólares de la coca en el aeropuerto de destino. Pero ¿el cuñado de quién envió esas maletas desde el aeropuerto de embarque? Y lo que pasa con los dólares pasa también con el producto. Porque la coca sale, pero también entra. Se vende, pero porque se compra.
Se paga, para que alguien la cobre. Si la corrupción existe -como efectivamente existe-en los aparatos judiciales, policiales y políticos de los países productores, es porque, evidentemente, también existe en sus equivalentes de los países consumidores. En España, por ejemplo, que es donde se acaba de destapar la
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