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Opinión

  • | 2011/07/18 00:00

    La semifinal, más lejos de doce pasos

    Colombia enfrentó contra Perú lo que no había vivido antes en la Copa: recibir un gol. Y no tuvo la astucia, tras el golpe que aquello genera, de desplegar la estrategia correcta para empatar.

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Con el aire refrescante de Perú y Venezuela en semifinales, y sin Brasil, Argentina ni Colombia, entre otros, la Copa América va llegando a la instancia decisiva. En cuanto a la eliminación de Colombia frente a los incas, no da para analizar la forma en que pateó el penal Falcao García. Está de más repetir que si lo hubiera metido, otra historia hubiera sido. Y aún más está decir que los jugadores son petardos como dijo, vía mensaje de texto, un integrante del comité ejecutivo de la federación. ¡Por favor! Al contrario. Lo que vale rescatar es la actitud de “El Tigre” de ir a buscar la pelota apenas se decretó la falta, cometida a Dayro Moreno. Fue a buscarla convencido, a paso firme, como si tuviera una cuenta pendiente que saldar. Cuenta que no consistía en otra cosa que hacer lo que había hecho y repetido sin fallar decenas, quizás cientos de veces en los entrenamientos de los días previos. Y lo erró. Así es el fútbol.

Pero toda la actitud de la selección es para rescatar, a pesar de los errores en defensa y en ataque que, aunque fueron pocos, a este nivel son letales. Por cierto, negar las condiciones de un futbolista por fallar un penal es una necedad: ¿a cuántos cracks habría entonces que quitarles ese título? En lo inmediato habría que castigar a Carlos Téves, quien también erró su lanzamiento contra Uruguay en la tanda final y les costó el tiquete de regreso a casa. O a los brasileños, que cobraron cuatro penales en la definición contra Paraguay, y salvo uno que tapó Justo Villar, todos fueron a la tribuna. Acusaron sucio e inestable el terreno donde está ubicada la mancha del punto blanco.

Sin embargo, la eliminación de la Selección Colombia de la Copa América no tiene forma de fracaso. Vaya si duele, por las maneras. Es frustrante, pero no un fracaso. Perdió 2 a 0 contra Perú, una selección que a la postre parecía de menor calibre pero que a punta de táctica, de estar plantados con orden y obediencia posicional, tumbó a uno de los que emergían como favoritos. Perdió, además, después de dominar gran parte del encuentro y de generar posibilidades netas de gol. Las razones de la baja no sólo hay que buscarlas en ese penal. Colombia concedió algunas licencias en defensa, que estaba rindiendo a un alto nivel, si no, basta revisar la estadística: “Neco” Martínez llegaba con el arco invicto, lo cual no es sólo mérito del portero. Los dos goles de Perú fueron convertidos en el mismo número de oportunidades que generó, después de aprovechar dos errores del mismo Martínez. Contundencia que llaman.

Pasa que Colombia enfrentó contra Perú lo que no había vivido antes en la Copa: recibir un gol; pasar a perder en el resultado. Y no tuvo la astucia, tras el golpe que aquello genera, de desplegar la estrategia correcta para empatar e intentar la remontada. Hoy ya es tradicional que se hable de anemia de gol en la prensa especializada. Pero, ¿qué curioso no?, anemia no hubo cuando Falcao le metió dos a Bolivia en la primera fase. Colombia terminó el partido contra Perú con cinco delanteros, todos jugadores expertos en definición, unos más de área que otros, pero los cinco forwards, lo que se llaman forwards. El mismo “Bolillo” reconoció en referencia a los cambios que hizo, volcando sin ton ni son el equipo en ofensiva, que engendró en los minutos finales del partido una Colombia en recocha. Y acá vuelve y juega el tema del número diez, del creador de juego, que hoy ya no vale como excusa ni sirve como la razón que justifica la eliminación, más vale que no; se perdió con el sistema y con los once jugadores con los que se jugó el partido. Y con ese listón habrá que medir el análisis.

Una de las lecciones más preciadas, acaso, sea la de asignarle la importancia que merece tener un plan b dentro del mazo de cartas. Porque una maleta de lecciones imagino que traerá consigo el grupo en su regreso de Argentina. Desde el DT “Bolillo” Gómez, actual comandante de la tripulación, quien imagino habrá aprendido a no volver a tropezar con la piedra de las declaraciones desafortunadas y que deberá transmitir cordura y serenidad con sus mensajes laborales (sustituciones), amistosos o de micrófono. Colombia tiene un plantel de gran calidad técnica representada por jugadores hábiles con el balón; tiene esa chispa interna y esa ambición que aporta la juventud; están físicamente bien preparados; están jugando en las mejores ligas del globo. Ahora, habrá que dar mucho ejemplo y guiar por el camino correcto a una generación privilegiada. Porque primero están el respeto, el agradecimiento, el valor, el orgullo. Y después está ganar.

El crédito está abierto.

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