Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2007/03/31 00:00

La senda del despotismo

Chávez advirtió: "no se va a tolerar ningún medio de comunicación que esté contra la independencia nacional, contra el pueblo’’.

La senda del despotismo

Al presidente Hugo Chávez no le basta el exterminio político de sus contradictores, ya ha empezado a atacar a sus propios aliados. El caudillismo está arrasando con lo que queda de democracia en Venezuela. El Presidente domina todas las ramas del poder público. Los organismos de control son decorativos. Muchos medios de comunicación que se habían mostrado críticos, ahora callan para asegurarse la supervivencia. Chávez gobierna sin contrapesos, ni controles, y no resiste el menor asomo crítico.

Una buena prueba de esto es su arremetida contra tres movimientos políticos sque hacen parte de la coalición que lo reeligió. Esas fuerzas no han cumplido su orden de disolverse e integrarse a un partido único. Chávez no admite que sus ideas se debatan. Lo que proviene de él es palabra de Dios. "Sus votos no son de ustedes -les advirtió a los renuentes- son de Chávez, son del pueblo".

La creación del Partido Socialista Unificado (Psuv) acabará con cualquier discusión interna en las filas del chavismo. El Presidente quiere crear un bloque político fuertemente jerarquizado, que él mismo ha definido en términos militares: "Voy a llamar a todo el pueblo a formar un solo partido revolucionario. Unificará grupos, comandos, comanditos, en una sola gran estructura, muy disciplinada, como si fuera un gran ejército".

El proyecto para conformar ese disciplinado 'ejército' empieza a marchar al mismo tiempo que Chávez tiene facultades para legislar. La Asamblea Nacional -el Congreso venezolano integrado solamente por chavistas, porque la oposición no participó en esas elecciones- aprueba siempre lo que el Presidente manda. Sin embargo, su propio Legislativo no le alcanza: "El pueblo ya no espera". Chávez hizo aprobar una ley habilitante que le permite por varios meses expedir leyes, desde su Palacio, sin discusión parlamentaria.

Él es el partido, él es el Congreso y él es el pueblo mismo.

El pueblo, en camino a aprobar la reelección indefinida, no soporta críticas. La terminación de la licencia de Rctv ha sido el episodio más conocido, pero no el único. El gobierno ha anunciado que no renovará la concesión porque es un canal "golpista". Y para que los demás pongan la barba en remojo, Chávez advirtió: "No se va a tolerar ningún medio de comunicación que esté contra la nación, contra la independencia nacional, contra el pueblo".

Muchos lo entendieron y se acomodaron. Otros han persistido en la tarea de informar con independencia. Uno de esos medios es el periódico Tal Cual, publicación dirigida por Teodoro Petkoff. Hace unas semanas, uno de los tribunales de bolsillo del gobierno le impuso una multa de 50.000 dólares. Los castigaban por una columna de humor del caricaturista Laureano Márquez que una juez chavista consideró irrespetuosa. (Quien quiera leerla y formarse su propio juicio, puede encontrarla en esta página de Internet: www.peripecias.com/mundo/206MarquezQueridaRosines.html).

Tal Cual es un medio importante periodísticamente, pero con recursos financieros limitados. La multa millonaria, en la práctica, significaba la desaparición del periódico. Gracias a los lectores, los editores lograron escapar a ese designio "del pueblo". De moneda en moneda reunieron más de 100 millones de bolívares para pagar la multa y salvar a Tal Cual.

Lo más reciente sucedió esta semana. Últimas Noticias, un diario cuyo director ha sido un claro partidario de Chávez, denunció algunos hechos de corrupción en la ejecución de un convenio con Irán. Inmediatamente Chávez insinuó que el periódico, "balanceado" hasta hace unos días, estaba "sirviendo a intereses del imperialismo". Un ministro ya amenazó con demandar a uno de los medios de comunicación más alabados por el gobierno. La bondad del gobierno y de sus actos no puede admitir la menor duda.

El espejo del vecino nos debería servir para ver cómo actúan los gobernantes embriagados por la popularidad. Pero no es fácil. Muchos prefieren mirar las obvias diferencias, que descubrir las peligrosas semejanzas.

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