Viernes, 20 de enero de 2017

| 2001/02/19 00:00

La soledad de Colombia

No sólo Colombia es un problema para la región, sino además la región es un problema para Colombia

La soledad de Colombia

Poco a poco se ha ido aclarando cuál es la principal preocupación de los enemigos del Plan Colombia: que funcione. A las Farc les preocupa que funcione porque significa un ataque frontal efectivo contra la producción de droga, de la cual están derivando una nunca antes vista bonanza armamentista; y porque además significa enfrentarse a unas Fuerzas

Armadas reestructuradas, menos burocratizadas y más efectivas, dotadas de una aún no estrenada capacidad militar cuyas consecuencias no son desestimables.

A los países vecinos también les preocupa. Si logramos arrinconar al narcotráfico y desplazarlo de nuestro territorio, es apenas lógico que esta actividad busque nuevos paraísos en la región, tal y como sucedió cuando los narcocultivos llegaron a Colombia, huyendo de las autoridades peruanas y bolivianas.

A los europeos también les preocupa. Una cada vez más evidente rivalidad con Estados Unidos los obliga a mirar con preocupación lo que más de 1.000 millones de dólares en ayuda a Colombia, más la consiguiente injerencia militar, política y social que el Plan exige por parte de Estados Unidos en nuestro país, implican en importancia para el liderazgo del gobierno norteamericano en la región.

La preocupación de las Farc de que funcione el Plan Colombia no es gratuita. De las 65.000 hectáreas de coca que están plantadas en el Putumayo, según fotografías de la CIA tomadas hace unos meses, ya han sido fumigadas 20.000, 10.000 más están en proceso y otras 10.000 están en capilla.

La preocupación de los países vecinos tampoco es gratuita. Son varios los que ya sufren las consecuencias directas de los vasos comunicantes entre el narcotráfico y la insurrección, inaugurados exitosamente por las Farc.

En Ecuador ya se estrenaron las Fare (Fuerzas Armadas Revolucionarias Ecuatorianas) con el secuestro de varios ingenieros extranjeros. Y en Venezuela, en sólo dos meses, se han registrado —según denuncias de los gremios ganaderos— 26 secuestros atribuidos a grupos guerrilleros nacientes como el Movimiento Bolivariano 2000 y Dignidad por Venezuela.

Pero la contaminación no es sólo por cuenta de la insurrección, sino que el negocio mismo del narcotráfico tiene a cada país de la región practicando aquello para lo cual es bueno. Perú, Ecuador y Bolivia nos aportan insumos químicos. (En diciembre pasado se logró desmantelar una banda de 160 personas de dichas nacionalidades dedicadas a la distribución de químicos para Colombia). En Panamá es cada vez más floreciente la industria del lavado de dólares y Ecuador se está estrenando en la misma modalidad, gracias a la recién inaugurada dolarización de la economía. Y Venezuela, Paraguay y Brasil nos aportan el tráfico de armas que mantiene a las Farc exitosamente vinculadas al negocio del narcotráfico.

Por cuenta de dichos mercados de armas se ha simplificado enormemente la actividad de las Farc. Ya no tienen que tomarse la molestia de cambiar coca por dólares y éstos luego por armas, sino que ya directamente la coca se les paga en especie. Un informe de diciembre pasado del Congreso brasileño avalado por la revista inglesa Jane, especializada en temas de seguridad y estrategias militares a nivel mundial, confirma que las mafias de Brasil están ayudando descaradamente a las Farc. Por la frontera de Colombia con dicho país han sido arrojados desde el aire a la selva armas automáticas, rifles, pistolas y misiles tierra-aire.

Eso significa que no sólo Colombia es un problema grave para la región, sino además que la región es un problema grave para Colombia. Razón tienen quienes piensan que al Plan Colombia le falta un capítulo dedicado a la estrategia regional, pero no sólo concentrado en evitar que los problemas de Colombia se trasteen a otros países, sino que las demás naciones no colaboren impunemente en los problemas de Colombia.

Finalmente, los europeos también tienen una buena razón para estar preocupados. Llevan varios años ‘comiéndoles cuento’ a las Farc en cuanto a sus banderas de reivindicación social. En Europa a nadie se le había ocurrido, hasta que el gobierno Clinton abrió los ojos, que la democracia colombiana estaba en serios peligros por cuenta de un grupo de subversivos dedicados a la industria del narcotráfico, y que esta actividad ilegal está resultando tremendamente contagiosa en esta región. Mientras Estados Unidos ha asumido un liderazgo quizá tardío en el problema, los europeos todavía no aterrizan, pero tienen la sensación de que América Latina se les está saliendo de las manos y el asunto los tiene entre celosos y nerviosos.

En conclusión, el problema que genera Colombia con el tráfico de drogas, que en los países desarrollados es un asunto de salud pública, aquí se ha concentrado en un ataque contra la democracia de proporciones incalculables en el continente. En últimas, el primer aporte del controvertido Plan ya es evidente: consiste en que Colombia ya no está sola.

Entretanto… A propósito del día de las mujeres que ha propuesto el alcalde Mockus: ¿será que Peñalosa dejó a Mockus sin oficio?

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