Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1998/06/01 00:00

LA TELA CARMESI

LA TELA CARMESI

Agitar el llamado trapo rojo o ver que se agiten las mentes sectarias es asunto que solamente ocurre cada cuatro años. Por fortuna. Como la sangre de San Jenaro, el prodigio de Nápoles, el sectarismo nacional hierve periódicamente. Aunque hemos progresado y así haya insultos y pasquines, ya nadie se mata por un trapo rojo (o carmesí) y otros afanes de muerte diluyen la anacrónica lucha partidista.
Reflexionemos un poco. Aquí hay un Partido Conservador, ya casi inexistente, cuyos candidatos no pueden ser más blandos. Han olvidado la secta política y se colocan bajo banderas de pluralismo, bipartidismo o suprapartidismo. Si los Pastrana se han endurecido en los últimos años, ha sido acosados por insultos oficiales que siguieron a una elección escandalosa. Si vamos a ver, Misael Pastrana fue más candidato de selección liberal, y de los dos Lleras, que de convención de su partido, en la cual fue derrotado. Como también en las presidenciales, en las que fue impuesto por un gobierno así mismo liberal.
Qué decir de Andrés, persona de mucha aceptación entre sus contrarios. Hasta su denuncia, formulada en vísperas de la elección presidencial, que enfureció a los implicados en ella, los que trataron de colocar al denunciante en la picota pública. "Apátrida" se le llegó a decir, a él y a su familia, haciendo el entonces ministro Horacio Serpa un mal uso de ese término, que no significa, como él pretende, 'antipatriota'. En la legislación española existen normas en defensa de los apátridas, con el sentido, algo así, como de desplazados o que han debido emigrar de su patria por la violencia.
El país está hoy dramáticamente polarizado. La denuncia, desestabilizadora del gobierno, no resultó ser, ni mucho menos, temeraria. Samper y Andrés significaron por estos cuatro años la narcoelección y su contra. Y la sustitución del uno por el otro, que ya se presiente, es tan fuerte como inevitable. Yo hubiera preferido que la alternativa de Samper, que tenía que llegar, no estuviera encarnada, precisamente, en su antagonista. Con todo, Pastrana, acusado como denunciante (valga la antinomia), ha querido luchar de nuevo y ha demostrado tener la fuerza espiritual y pública para reivindicar su elección. De esta manera la cuerda se templó desde sus dos extremos.
El Partido Liberal quiere sostenerse a toda costa y tiene amedrentados a muchos de sus políticos, que ven las cosas con claridad, pero no se atreven a dar el paso al vacío. En ese triste zaguán del oficialismo, sin atreverse a mirar al interior de la corrupción, están algunos hombres que el país admiró, durante el proceso a Samper. Que votaron por su condena, y hoy adhieren a su continuidad.
El ex presidente Julio César Turbay ha llegado a agitar la tesis oronda, por la cual el liberalismo debe permanecer, porque de lo contrario se debilita la democracia. Un gobierno de minorías, es lo que da a entender, tendría que negociar con el Congreso. Concretamente habla de la peligrosa "burocratización de las cámaras" y de un presidente dedicado "al tejemaneje y a la intriga". Llevan la jota tejemaneje. Como quien dice, mejor que de una buena vez el presidente elegido sea amigo de todos los clientelistas del Congreso, que ya se encargarán de cobrar por derechas las cuotas de su adhesión.
Si hay una elección es porque puede darse el evento del triunfo de cualquiera que se postule. Es así como se fortalece una democracia. Permitiendo a minorías agrupadas ser alternativa de poder, con todas las dificultades que se quiera de gobernabilidad. De lo contrario no tendría sentido que se hubieran separado las elecciones de Congreso y presidente, dando paso a la posible contradicción entre Legislativo y Ejecutivo, de todos modos más apta que el unanimismo para controlar la corrupción.
Es, en cambio, sospechosamente antidemocrático que un partido pretenda mantener la hegemonía con favores oficiales y con candidatos que han sido ministros del despacho, doña María Emma, por ejemplo, hasta hace muy poco tiempo. Aún le dicen 'ministra' los porteros oficiales. En cambio, en la calle, el pueblo la llama 'Noemí'.
Se ven venir fraudes y maniobras, pues el ánimo oficial está enconado. Aunque será difícil superar el voto de opinión, que ya se está manifestando en las encuestas. Pienso que esa opinión va a estar alerta.

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