01 junio 2013

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La tragedia del ELN

Por León ValenciaVer más artículos de este autor

OPINIÓNEl ELN tiene la oportunidad de oro para salir de la guerra y puede desperdiciarla engolosinándose con sus pequeños éxitos y sus interminables discusiones.

La tragedia del ELN.

Foto: Guillermo Torres

El ELN está aumentando las operaciones contra la fuerza pública, los secuestros y los ataques a la infraestructura. Está llegando a lugares de donde había sido expulsado. Está creciendo. Ha reestablecido nexos con algunos grupos sociales. Tiene nuevas y jugosas fuentes de finanzas como el contr
abando de gasolina y la minería ilegal. 

Es una mala noticia para la paz. Pero también es una mala noticia para los jefes de esta guerrilla. Este repunte parcial, después de las severas derrotas de los últimos 12 años, fomenta la ilusión de que pueden volver a ser una guerrilla poderosa y despierta en los mandos medios mayores trabas y exigencias para sentarse a una mesa de negociaciones con el gobierno nacional. 

El ELN tiene ahora una oportunidad de oro para salir de la guerra y puede desperdiciarla engolosinándose con sus pequeños éxitos y repitiendo el camino de interminables discusiones internas para tomar decisiones sobre el qué y el cómo firmar un acuerdo de paz duradero. ¿Qué mejor situación que esta? El gobierno está obligado a exigirle al ELN iguales compromisos que a las Farc, pero no puede ofrecerle menos. El negocio está muy bien pintado.

El presidente Santos no puede dejar de plantearle al ELN que abandone el secuestro –tal como se lo exigió a las Farc– empezando por la liberación inmediata y sin condiciones del ciudadano canadiense Jernoc Wobert. Tiene que garantizar que antes de instalar formalmente la mesa de conversaciones se haya acordado una agenda en la que aparezca nítido el propósito de dejar las armas y poner fin al alzamiento armado. Pero Santos estará obligado a encontrar un país amigo que abrigue las negociaciones, a propiciar un acompañamiento internacional y a darles un estatus político a los líderes de esta guerrilla. 

También el ELN se beneficiará de cada compromiso que se establezca en La Habana. Los acuerdos sobre cambios en el agro, inclusión política, tratamiento a los cultivos de uso ilícito, reparación a las víctimas y Justicia transicional se aplicarán en zonas donde confluyen las estructuras de las Farc y el ELN y tendrán que cobijar a ambas guerrillas. Con la ventaja de que el ELN podrá agregar uno o dos puntos de negociación que sean de su particular interés por su historia y sus convicciones.

El ELN tiene al frente este interesante panorama. Pero no lo está aprovechando. La ceguera es terrible. Nadie entiende cómo, teniendo la posibilidad de llevar a una mesa de negociaciones los problemas y aspiraciones de sus zonas de influencia, proponen una pequeña negociación sobre títulos mineros en el sur de Bolívar para acceder a la liberación del ciudadano canadiense. 

Nadie entiende por qué los líderes de esta guerrilla han empezado a hablar de negociar sin condiciones, cuando las Farc aceptaron reglas y protocolos específicos aún después de sufrir la muerte de su máximo comandante a manos de la fuerza pública. Estas cosas son desproporcionadas y extrañas.

Hasta el mes de abril los analistas del conflicto tenían la impresión de que las demoras para iniciar unas conversaciones venían del gobierno. Se pensaba que el presidente Santos y el comisionado de Paz querían avanzar con las Farc y dejar las negociaciones con el ELN para más adelante. Pero hace ya dos meses que Santos se refirió públicamente a una inmediata apertura de conversaciones con esta guerrilla y en fuentes del gobierno se habla de la importancia y la urgencia de dar este paso, así como de las dificultades para comprometer al ELN en un proceso serio de negociación. 

Se sabe que el ELN, en enero, en una reunión de representantes de los frentes guerrilleros, nombró una comisión negociadora y trazó un plan de conversaciones. ¿Qué esta pasando? ¿La comisión negociadora y el Comando Central, como en otras oportunidades, no están en condiciones de ordenar la liberación del canadiense para despejar el camino del diálogo? ¿Hay trabas de algunos frentes –donde las acciones han crecido– para iniciar las negociaciones? 

Sería una desgracia que los jefes del ELN dejaran pasar esta oportunidad. Sería una tragedia que repitieran la historia de volver a ilusionarse con pequeñas y dolorosas victorias militares, que desatan grandes ofensivas del Ejército en las que mueren numerosos guerrilleros y sufren horrores las comunidades y las regiones donde hacen presencia. 
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