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Opinión

  • | 2011/06/04 00:00

    La traición de Juan Manuel

    Se gustaron, se conocieron, se enamoraron. Y dieron el paso que sigue, el paso obvio, tomar un crédito agrario.

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El viernes en la mañana prendí el radio, puse La W y escuché una temblorosa voz femenina que se debatía entre la rabia y el desengaño:

-Siempre confié en Juan Manuel, pero me doy cuenta de que fui manipulada y engañada de la manera más absurda y fea.

Dios mío, pensé: Uribe inhaló helio y se está despachando en la emisora. Suena raro imaginarlo, yo sé, pero era perfectamente posible. Nadie sabe hoy, a ciencia cierta, hasta dónde lo irá llevando su locura. En el cuartel de la Policía en que vive ya forraron con colchones las paredes. Podía suceder fácilmente que llamara a La W a quejarse, pero cambiando de voz: tal y como está por sucederle al 'Pincher' Arias, ahora que entra a la adolescencia.

Pero no era el expresidente: era Valerie Domínguez, la modelo, a la que junto con su exnovio Juan Manuel Dávila imputaron cargos esta semana por haber sido beneficiada con un crédito agrario, pese a que lo único que sabe de palmas es que existen brujas que las saben leer.

Sé que es fácil criticarla. Pero yo, al menos, solo puedo sentir comprensión y cariño por ella. Por una razón fundamental: y es que, de no ser por Valerie Domínguez, el campo no tendría modelos a seguir.

Pensarán que soy un cursi, pero suscribo uno a uno los argumentos de la actriz, que, según explicó, terminó rubricando esos papeles cuando el chofer de su novio la interrumpió en una grabación y le pidió afanosamente que lo hiciera. Y ella, apenada ante la sola idea de retrasar la escena con sus colegas, estampó su firma sin siquiera leerlos. He ahí una profesional. Otra persona los lee y demora la grabación. Pero Valerie, respetuosa del tiempo de los demás, palpitante el pecho por la fuerza del amor, estampó su firma como si se tratara del autógrafo para un fan.

Acá es justo que confiese algo que jamás me había atrevido a decir: por asuntos como ese, nunca quise salir con la modelo Ana María Dávila, hermana de Juan Manuel: porque uno estaba trabajando con relativa concentración, y ella irrumpía afanosamente cualquier junta y pedía que uno firmara a las carreras solicitudes para créditos agrarios. Era desesperante.

Jamás pude tener la paciencia de Valerie, que firmó esos papeles, sí, pero lo hizo por amor, no sean fríos. Por amor la gente hace locuras. Lucerito Cortés visitaba Estupefacientes para tener un gesto amable con su familia, con su esposo. 'El Gordo' Bautista hizo negocios con los Nule para llevarle a Angelina un bulto de Bienestarina como detalle. Por amor hay gente que ha tenido hijos con Fabio Valencia, para que me entiendan.

Por eso, en la lógica del corazón, queridos amigos, lo que hizo Valerie es justificable: ¿a quién no le ha pasado algo semejante? Uno sabe dónde comienzan sus historias sentimentales, pero jamás dónde terminan: una inocente salida a cine termina convertida, unos años después, en la solicitud de un crédito agrario. ¿Cuál es el problema? ¿Es que nadie puede entenderlo? ¿El romanticismo nunca los ha llevado a parcelar un lote ficticiamente? Juan Manuel y Valerie eran una de esas parejas que todos soñamos encarnar, como Angelina Jolie y Brad Pitt o Clara López y Carlos Romero. Y su historia es conmovedora: se sintieron atraídos desde un primer momento y, bueno, una cosa fue llevando a la otra: se gustaron, se conocieron, se enamoraron. Y dieron el paso que sigue, el paso obvio, que era tomar un crédito agrario para que no se secara la palmita de cera del amor.

Pero precisamente por amor, queridos amigos, uno también perdona. Amar es tolerar. Miren a la mujer de Roberto Gerlein, que comparte con él su brasier sin siquiera quejarse. O a la misma Tutina, a quien nunca le ha importado que Juan Manuel se ponga sus baggies amarillos cuando salen a tierra caliente. Por eso, esta semana quiero que mi mensaje sea ese: que aprendamos a perdonarnos por amor. Perdonar a Valerie, sí, pero que Valerie también perdone a Juan Manuel, que es un gran muchacho, decente y fortachón; y que el país entero perdone al 'Pincher' Arias, que, en un arresto de creatividad, se inventó ese programa que ahora le causará otro tipo de arrestos a sus beneficiarios.

Permítanme agregar esta reflexión: gracias al cineasta Víctor Gaviria, en la dramaturgia nacional se impuso la moda de acudir a actores reales. De ahí que Jean-Claude Bessudo haya interpretado El burgués gentilhombre y que el Teatro Libre piense contratar a Luis Carlos Sarmiento para montar El avaro. Sin embargo, el uso de ese recurso actoral nunca se había perfeccionado tanto como con Valerie en la serie Los caballeros las prefieren brutas. Pido, pues, compasión hacia ella. Ciegas de amor, otras personas han cometido errores que han causado verdadero daño a la sociedad: doña Amparo Canal, por ejemplo, ya va por su tercer libro de poemas inspirados en Turbay Ayala. Al lado de esto, ¿no es una tontería lo que hizo esta pobre modelo? Por lo demás, los códigos advierten que quien firmare por amor un subsidio agrario será exonerado de toda culpa.

Acompaño, pues, a Valerie en estos momentos. Sé que por estos días visita al expresidente Uribe y que los dos rajan de sus respectivos Juan Manueles. Quiera Dios que esa amistad crezca y terminen compartiendo no solo las heridas de amor, sino la Valerie-ana para superarlas.
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