Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2002/07/08 00:00

La transición

Porque la crisis de Colombia viene de afuera, la visita del presidente Uribe al presidente Bush marcó el comienzo oficial de su gobierno

La transición

Los colombianos estamos viviendo dos tiempos en un tiempo. Uno es el tiempo real, aburrido y plano donde Pastrana sigue no-estando. Otro es el tiempo virtual, mediático y movido, que densamente ocupa Alvaro Uribe.

Es una disjunture que haría las delicias de un Derrida, un Lacan o algún otro estudioso del ethos posmoderno.

Pero es también un dato diciente sobre la encrucijada que atraviesa Colombia: nos aferramos a un futuro que aún no es (y que quizá no sea) porque el ayer (que sigue siendo el hoy) significa fracaso.

Claro está que un empalme siempre implica desplazar la atención hacia el gobierno nuevo. Pero nunca habíamos tenido un "ex" tan prematuro como Andrés ni un presidente sin posesionarse que gobernara tanto como Uribe.

Ese hecho se debe en parte a que Pastrana nunca fue demasiado Presidente. Primero por ese toque light y posmoderno que lo hace agradable pero ausente. Segundo, más de fondo, porque su agenda consistía en "restaurar la imagen" exterior de Colombia y por eso, como dicen los chuscos, apenas nos visitó de cuando en cuando.

La tercera razón es más ingrata: Pastrana gobernó a la defensiva o, en palabras del fútbol, dejó que le jugaran de contragolpe. Así pasó con su "iniciativa" de paz, que en efecto se redujo a ver cómo las Farc hacían los goles. Así pasó con el referendo, cuando fue por lana y salió trasquilado del Congreso. Y conste que, fuera de estas dos áreas, el gobierno que acaba no intentó hacer o cambiar ninguna cosa.

Por eso el gobierno Pastrana se acabó el 20 de febrero pasado. Ese día comenzó a gobernar Alvaro Uribe. No sólo porque entonces ganó las elecciones sino porque ?en una prodigiosa "disjuntura"? comenzó desde entonces a cumplir su programa.

La toma del Caguán, que él prometía "para el 8 de agosto", se anticipó por obra de interpuesta persona. Y aunque nadie le cree al pobre Andrés, en estos meses ha hecho todo lo que legalmente quedaba por hacer contra la guerrilla: mano libre a las Fuerzas Militares, plantón al ELN, alcaldes del DAS, expulsión de las Farc de México y de Europa, y hasta un precio por 'Tirofijo' que les cierra la puerta a nuevos diálogos.

El resto han sido decisiones vacías para que Uribe sea quien decida. Es el caso de la reforma política que no hace mucho presentó Pastrana ante el Congreso. El de la reforma pensional, que fue aprobada a sabiendas de que será cambiada. El de licitaciones peliagudas como el PCS o el túnel de La Línea, que quedan listas para adjudicar. El de los 2,2 billones en inversiones suspendidas, para que el nuevo gabinete repiense caso por caso?

Porque la crisis de Colombia viene de afuera y se decide afuera, la visita del presidente Uribe al presidente Bush marcó el comienzo oficial de su gobierno (lo del 7 de agosto será apenas un necesario gesto de pudor). No está pues mal que Andrés oficialice su ingreso al club de los "ex" y se reúna con Clinton para sacarse fotos, tocar el saxo y hablar de cosas sin mucha trascendencia.

La disjuntura del tiempo virtual es tan real, que el presidente Uribe incluso ha comenzado a desgastarse. No me refiero tanto a la opinión ?que, ya dije, necesita la ilusión? como a hechos contantes y sonantes:

?El saldo, más seco que dulce, de su gira por los países del norte. Frente a la droga tuvo que ser más duro que los duros, tuvo que dar explicaciones a las ONG, y a cambio recibió palmaditas en el hombro pero no dólares frescos.

?La respuesta anticipada y contundente de las Farc a la guerra de Uribe. La desbandada de alcaldes es el golpe más simple, más eficaz y más difícil de contrarrestar que el Estado haya sufrido a manos de la guerrilla.

?El caso Invercolsa, que pone al Presidente ante el dilema de solidarizarse con una conducta muy poco decorosa o de sacrificar al volante de creación de su equipo.

En fin, tal es la voracidad del tiempo político, que Uribe renunció a su pensión de ex presidente y Peñalosa ?sucesor in pectore? se tiró al ruedo.

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