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Opinión

  • | 2014/04/16 00:00

    La tumba perdida de Jesús y el silencio mediático

    No deja de ser sorprendente que un descubrimiento tan extraordinario y con tanto peso científico, haya perdido todo interés para los medios de comunicación.

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Hay un hecho sobre el cual no se tiene ninguna duda histórica: Jesucristo sí existió, fue crucificado y murió en medio de horribles padecimientos. Otra cosa es la condición que le atribuyen de hijo de Dios, algo que ya se mete en los linderos de la fe religiosa y no permite ninguna sustentación racional. Creencias hay muchas, todas respetables, y cualquiera de ellas podría ser dueña de la verdad. O ninguna, en cuyo caso todas estarían equivocadas de buena fe en sus constructos mitológicos.
 
Regresando a lo terrenal, otro aspecto que la ciencia ya habría develado apunta al descubrimiento de la tumba de Jesús. En torno a ese tema se desató una verdadera tormenta mediática hace siete años, a raíz de un documental que presentó Discovery Channel sobre una tumba familiar con diez osarios hallada en Talpiot, un barrio de Jerusalén.
 
El documental estuvo dirigido por James Cameron y mostraba algo que ni el Vaticano puede desmentir: que en desarrollo de la construcción de un conjunto de vivienda familiar fueron encontradas las osamentas de un grupo de personas enterradas en sarcófagos, con estos nombres grabados en cada uno de ellos:
 
* Yehshúah Bar Yoshef (Jesús, Hijo de José)
* Yosha (José)
* Mariah (María)
* Mariamne e Marah (Mariane la "Maestra")
* Yehudah Bar Yehshúah (Judas, Hijo de Jesús)
* Matthiyah (Mateo)
 
El nombre de Mariamne correspondería al de María Magdalena y el de Yehuda haría pensar que Jesucristo habría tenido un hijo, en acatamiento al mandato bíblico del “creced y multiplicaos” que en aquella época practicaban los judíos. Los demás nombres casan a la perfección con la familia de María y José, donde Mateo sería hermano o primo de Jesús.
 
Si nos diera por ‘excavar’ un poco más, llegaríamos a un detalle aún más sorprendente: el doctor Carney Matheson, del laboratorio Paleo-DNA de Lakehead University de Ontario, Canadá, logró extraer el ADN mitocondrial que revela la línea materna, y encontró que las tumbas halladas eran estrictamente familiares, con la excepción de Jesús y María Magdalena. Esto significa que no eran hermanos, ni madre e hijo, ni padre e hija. Y sugiere entonces lo que el sentido común impone: marido y mujer.
 
La tumba fue descubierta el 28 de marzo de 1980 y la Autoridad Israelí de Antigüedades (AIA) informó del hallazgo en un documento con este desabrido título: "Catálogo de osarios judíos en las colecciones del Estado de Israel". Alguien de mente despierta lo leyó, y un equipo de la BBC de Londres hizo un primer documental en 1996, al que le siguió el de Discovery en 2007 titulado "La tumba perdida de Jesús". Uno de los realizadores de este último fue el periodista investigativo Simcha Jacobovici, autor de un libro con el mismo título.
 
Discovery Channel fue también el financista del proyecto, aunque llama la atención que realizó una única emisión el 4 de marzo de 2007 y luego enterró el tema en el olvido, empujado en parte por el tsunami de protestas religiosas que provocó, y en parte porque ello podía traducirse en pérdidas significativas de audiencia. Habría que ver de todos modos qué otro tipo de presiones se ejercieron, pues no deja de ser sorprendente que un descubrimiento tan extraordinario y con tanto peso científico, haya perdido todo interés para los medios de comunicación.
 
Pero el documental de Cameron cayó en manos del profesor y ministro metodista James Charlesworth, del Seminario Teológico de Princeton, experto en el Nuevo Testamento aunque escéptico por principio, quien reunió en Jerusalén entre el 13 y el 16 de enero de 2008 a un panel de 50 arqueólogos expertos en ADN, estadística, cerámica y lenguas antiguas. En esos cuatro días se pasó de decir “es imposible que sea la tumba de la familia de Jesús”, a “es muy posible que sea".
 
La discusión no es de poca monta, pues está atada a uno de los pilares de la fe católica, como es la resurrección de Cristo, y en plano de menor consecuencia teológica la posibilidad de que se hubiera casado y dejado descendencia. Pensemos no más en la dimensión que esto tendría: ¿María Magdalena… madre de un hijo de Jesús? Es lo que parece advertir la ciencia.

Sea como fuere, cualquier avance científico notable pasaría por desenterrar la tumba, y ello implicaría demoler la parte del conjunto residencial que le edificaron encima. Mientras tanto los judíos residentes en Talpiot Hills no tienen dificultad en conciliar el sueño, pues la religión que profesan les dice que su Mesías no ha llegado. Pero, ¿qué podría ocurrir en el mundo católico occidental si hechas las comprobaciones de rigor, resultara que esa tumba contuvo en efecto los restos de Jesús de Nazaret y su familia?
 
Elemental, mi querido Watson: que habría que comenzar por reescribir la Historia.
 
En Twitter: @Jorgomezpinilla
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