Martes, 17 de enero de 2017

| 2009/11/28 00:00

La uriburguesía

Lo único que pido es que al menos hablen bien. Este país merece tener millonarios que no digan "eCSena"

La uriburguesía

Comienzo por una aclaración: No tengo nada en contra de los ricos ni de la gente que tiene problemas de dicción, salvo -y esto es lo importante- que se trate de la misma persona. Ese es el caso de William Vélez, el hombre que se ha hecho multimillonario en el gobierno de Uribe. Allá donde quieran dar un contrato para lo que sea, se trate de lanzar un satélite espacial o construir una carretera, estará William Vélez para ganárselo. Qué les puedo decir: así es el mundo y no pienso pelear contra eso. Los políticos nacieron para enriquecer a sus amigos, y si el señor Vélez es el consentido del Presidente, adelante: ojalá la pase bien y se compre muchas yeguas de paso fino con el dinero de estos siete años.

Lo que no estoy dispuesto a aceptar es que siga hablando en público sin tomar clases de dicción. Por mediocre que sea, este país tiene derecho a que sus millonarios sepan pronunciar la letra x y la doble ce como suenan, y a que en la entrevistas radiales no suelten frases de esta naturaleza:? —Sí, Fulio: yo apoyé la relesión del presidente Uribe.

He soportado con silencioso estoicismo los exabruptos que suceden en Colombia. Ya no protesto ante el hecho de que haya un odontólogo que se llame Marlon, tenga el pelo largo y protagonice un espacio de entrevistas en el cual la pregunta más importante es "¿Cuáles son tus vientos?", cosa que se presta a horrendas respuestas escatológicas; ya me parece normal que esté de moda un tipo gordo y desagradable que dice "Hola, soy Sebastián Marroquín, el hijo de Pablo Escobar", como si la frase no fuera absurda.

Incluso me aguanto la guerra con Venezuela, que es una realidad después de la reciente voladura de dos puentes. Qué impactantes escenas. ¿Esa era, pues, la famosa guerra? ¿Tumbar unos puentes peatonales viejos y oxidados que comunicaban dos malezas idénticas y que estaban a instantes de desplomarse por sí solos?

Soporto todo, digo, pero me resisto a que los nuevos cacaos de Colombia sean incapaces de pronunciar ciertos fonemas elementales: la c con la s, la b con la s. Hablamos el mejor español del mundo: ¿no tenemos derecho a que el gobierno enriquezca a cualquier persona, la que quiera, siempre y cuando no pronuncie la letra m como si fuera una n? Porque estoy seguro de que si el doctor William dice "relesión", cuando da una dirección de Internet es de los que dice punto "con" en lugar de punto com.

—Entren a Odinsa punto con, que ahí está todo.

No existen las terminaciones cibernéticas en punto con. Esto lo debe saber de una vez el pueblo colombiano. ¿Qué porcentaje del país no ha descubierto aún Internet por meterse a buscar direcciones acabadas en punto con? ¿La mitad? ¿Tres cuartas partes?

De ese porcentaje hace parte don William. Su español en la entrevista de La W era tan precario, y de él escurrían tantas goteras gramaticales, que cuando en radio se referían al doctor Vélez yo pensaba que quien estaba hablando era Carlos Antonio. Salí de mi confusión por el acento: a diferencia del 'Profe', William Vélez hablaba como paisa, no como argentino. Al menos en eso no era arribista.

Ahora bien: no suelo fijarme en la forma como habla la gente. Todo señalamiento sobre ese tipo de defectos me parece de mal gusto. Respeto mucho al senador Cristo y al doctor Navarro Wolf, y, por encima de ellos, a quien sea capaz de entenderles al menos una sola palabra cuando hablan.

Sin embargo, creo que hay unos mínimos de formalidad que el país debe mantener. ¿En qué momento llegamos a este grado de descomposición formal? ¿En qué momento permitimos que Fonseca cantara el jingle de La Fina Chifón sin protestar? ¿Por qué no atajamos a tiempo al presidente Barco, cuando daba discursos en media lengua?

Esta semana, en el Concejo de Bogotá propusieron crear el séptimo estrato. Me imaginaba que querían oficializar un nuevo tipo de rico que es socio de El Nogal, anda en camioneta blindada para evitar el pico y placa, se hizo el diseño de sonrisa, tiene cuadros de Darío Ortiz y admira mucho a Carlos Mattos.

Pero veo ahora que ese séptimo estrato debe ser ocupado por una nueva clase social que trajo el uribismo: la 'uriburguesía'. Paisas de carriel que se jactan de montar bien a caballo; que saben disparar por si les toca defenderse solos; que son dueños de muchas tierras, y a los que el gobierno de Uribe les ha ayudado a que sean más ricos aún a través de contratos estatales y programas como el AIS.

No pienso pelear contra eso. Hagan lo que quieran, de verdad. Lo único que pido es que al menos hablen bien. Este país merece tener millonarios sin conjuntivitis; este país merece tener millonarios que no digan "ecsena".

Pero el magnate colombiano es lamentable. Nuestro Donald Trump es Raimundo Angulo, un señor de esmoquin tropical que consigue que le obedezcan generaciones enteras de reinas, pero no su ojito derecho. Y el nuevo cacao es un hombre que cree que la relesión puede pasar ahora cuando económicamente ya se acabó la resección. Hay cursos de disión acsolutamente expectaculares. Willian tiene un capital exexional. Ojalá acecte tomarlos para que no nos dececcione.

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