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Opinión

  • | 2016/03/22 12:11

    El lenguaje: un campo minado

    En los últimos años hemos visto la emergencia de una corriente que defiende la “corrección política”, en la utilización del lenguaje, en las ideas políticas y en las conductas sociales.

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En una columna anterior me referí al peligroso “autismo político” que sufren las FARC y que le impiden evaluar el estado de ánimo negativo de los colombianos, ya cansados con la dilación interminable de las conversaciones de paz en La Habana y la arrogancia que demuestran frente al tema de la justicia.


Y esta semana recibí una carta indignada de un padre de familia y miembro de la Liga Colombiana de Autismo en la cual me exige no volver a utilizar esa expresión, pues constituye un agravio para las personas que tienen esa condición. Incluso menciona la Ley 1752 de 2015, que busca sancionar penalmente la discriminación contra personas con discapacidad.


Obviamente, en mi caso jamás tuve esa intención y simplemente utilicé un término muy común en la ciencia política, en los medios de comunicación e, incluso, en el lenguaje corriente. Sin embargo, me sentí mal por haber causado un dolor innecesario a un padre de familia que tiene, como él mismo dice, dos hermosos hijos diagnosticados con este síndrome.


Esta semana decidí leer y releer varios editoriales de prensa y me encontré con decenas de expresiones en español que, igualmente, pueden generar potenciales agravios. Un editorialista hablaba de un “diálogo de sordos” en las negociaciones entre el gobierno nacional y la delegación de las FARC en La Habana. Otro hacía referencia a una condena que cobijó a un ex alcalde de Bogotá que, tras prolongar con miles de argucias el proceso penal, fue finalmente condenado: “La justicia cojea pero llega”. Otro analista decía en relación con el terremoto que sacude al gobierno de Dilma Rousseff, que lamentaba el “cáncer de la corrupción” que aflige a la sociedad brasileña. Por último, un reconocido columnista sostuvo hace pocos días que el proceso de paz en La Habana está llegando a un “punto ciego”, pues ya ni las FARC ni el gobierno saben con claridad qué hacer para destrabar las negociaciones, debido a las discrepancias en torno a las zonas de ubicación y el desarme.


Ninguno estaba buscando agraviar a las personas que viven con estas limitaciones y, es muy posible que sean todos periodistas o columnistas sin una pizca de mala intención. Y, sin embargo, sus expresiones pueden causar un daño inadvertido. ¿Cómo lidiar con miles de expresiones en español (y me imagino que en todos los idiomas) que contienen este tipo de referencias?


Originado en los movimientos antirracistas y feministas en los Estados Unidos, en los últimos años hemos visto la emergencia de una corriente que defiende la “corrección política”, en la utilización del lenguaje, en las ideas políticas y en las conductas sociales, que reduzcan las posibilidades de agravio hacia grupos étnicos, culturales, religiosos u otros. Esta corriente se funda en la denominada “hipótesis de Sapir-Whorf”, la cual plantea que existe una relación entre el lenguaje que utilizamos y la forma en que comprendemos y nos relacionamos con nuestro entorno. De ahí la presión en los Estados Unidos para cambiar las expresiones “negro” por “afroamericano” o “retrasado mental” por “personas con discapacidad cognoscitiva”.


Como reacción, en los propios Estados Unidos, ha surgido una corriente que se autodefine como “políticamente incorrecta”, argumentado que la utilización de eufemismos no cambia el comportamiento de las personas. E incluso sectores aún más extremistas, que afirman que utilizar expresiones tales como, “opción sexual” para referirse a los homosexuales, es un intento de justificar una conducta condenable.


El lunático de Donald Trump es hoy, sin duda, el símbolo de esta franja en ese país que utiliza el lenguaje políticamente incorrecto (tanto hacia los mexicanos como hacia las mujeres) y, mediante esta vía, gana aplausos en los segmentos más atrasados y cavernícolas de su país. Un discurso similar al de Jean Marie Le Pen en Francia.


Cuando recibí la nota de ese padre indignado por la utilización de la expresión “autismo político”, me pregunté cómo lidiar con las expresiones indebidas del español y que están tan fuertemente arraigadas por el uso y que hoy vemos como políticamente incorrectas. Por ejemplo, “hoy me tocó trabajar como un negro” que, seguramente, echa sus raíces en la época de la esclavitud.


Mi decisión personal es la de revisar con cuidado todas las expresiones que uso y buscar opciones distintas. Y recordar a mis lectores que el próximo sábado 2 de abril ha sido escogido como el Día Internacional del Autismo.

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