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Opinión

  • | 2013/08/01 00:00

    La vaselina está de moda, la usa hasta el Papa

    Los periodistas, ya con la vaselina en su sitio, le siguieron el juego y publicaron lo que Francisquito muy acertadamente sabía que sería noticia.

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Francisquito logró su cometido, se la metió con vaselina a los periodistas y ellos se bajaron los pantalones sin ninguna reticencia, y todo por no conocer sobre lo que querían preguntar. Conociendo de antemano, deberían saberlo, que Francisquito, porque no quiere que le llamen papa, ya había despotricado contra los homosexuales y contra el matrimonio igualitario, deberían haber estado listos a que no les metiera gato por liebre.

Recordemos que siendo arzobispo de Buenos Aires, Francisquito soltó esta perla: “No se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva al plan de Dios. No se trata de un mero proyecto legislativo sino de una movida del Padre de la Mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios". Con lo que había dejado claro que el matrimonio entre personas del mismo sexo “es cosa del demonio”.

Ahora bien si el catecismo católico dice: 2357. La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cf Gn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6, 10; 1 Tm 1, 10), la Tradición ha declarado siempre que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Persona humana, 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso. 

2358. Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición. 

2359 Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana. Como dicen los abogados, subrayado fuera de texto.

Queda claro, Francisquito no dijo nada nuevo, repitió el catecismo de memoria y resumió lo más esencial, digo esencial para aparecer él como muy abierto y respetuoso, como era de esperarse:  “Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla? El catecismo de la Iglesia católica lo explica de forma muy bonita. Dice que “no se debe marginar a estas personas por eso, deben ser integradas en la sociedad”. El problema no es tener esta tendencia. No. Debemos ser hermanos. El problema es hacer un lobby”.

Los periodistas ya con la vaselina en su sitio, que algunos incluso ya llevaban puesta porque no puede negarse que hasta bonachón sí parece el hombre a quien han tildado, algunos de sus colegas, hasta de “socialista” por montar en el metro, tomar el bus o ir al bar de la esquina, se siguieron abriendo de piernas, digo “dementes” o mejor dicho embriagados por tanta sapiencia, le siguieron el juego y publicaron lo que Francisquito muy acertadamente sabía que sería noticia. Y hasta le dejaron a Francisquito que les colara una manoseadita adicional: ¿quién soy yo para juzgarla? Esta frasecita fue ¡una perla cultivada y de las mejores! ¿Quién es él? Pues nada menos que el jefe máximo de una iglesia, el guardián de un credo, de una fe y de una moral que se disfraza de enano y se trasviste para burlarse mejor.

Por otra parte igualmente pasó desapercibido para los periodistas que disfrutaban del paseo papal, que Francisquito había dicho que la homosexualidad es una tendencia, con ello ha querido recalcar que no es un hecho natural, sino que es algo aprendido y que por tanto es algo que como la cultura, se puede cambiar.  Interesante salida para dejar entrever que “eso” no tiene nada que ver con el “creador” ni con el “plan divino” sino es una situación eminentemente humana.

Ya contentos con la frase clave para el titular, los periodistas no le preguntaron ¿por qué para la Iglesia católica los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados, son contrarios a la ley natural y no pueden recibir aprobación en ningún caso? Como tampoco salió algún vivo que lo interrogara sobre ¿cómo es eso de ser marica y no poder ejercer?

Claro está que hubo uno que se salió de la línea de base y le cuestionó: “Usted no ha hablado todavía sobre el aborto ni sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo. En Brasil se ha aprobado una ley que amplía el derecho al aborto y otra que contempla los matrimonios entre personas del mismo sexo. ¿Por qué no ha hablado sobre eso?” Francisquito respondió: “La Iglesia se ha expresado ya perfectamente sobre eso, no era necesario volver sobre eso, como tampoco hablé sobre la estafa, la mentira u otras cosas sobre las cuales la Iglesia tiene una doctrina clara. No era necesario hablar de eso, sino de las cosas positivas que abren camino a los chicos. Además los jóvenes saben perfectamente cuál es la postura de la Iglesia”.

El periodista replica: “¿Pero cuál es su postura en esos temas?” y Francisquito argumentó: “La de la Iglesia, soy hijo de la Iglesia”.

Claro y como buen hijo, es fiel seguidor del catecismo, como era de esperarse Al catecismo hay que remitirse si del matrimonio se trata: 2332. La sexualidad abraza todos los aspectos de la persona humana, en la unidad de su cuerpo y de su alma. Concierne particularmente a la afectividad, a la capacidad de amar y de procrear y, de manera más general, a la aptitud para establecer vínculos de comunión con otro. 2333. Corresponde a cada uno, hombre y mujer, reconocer y aceptar su identidad sexual. La diferencia y la complementariedad físicas, morales y espirituales, están orientadas a los bienes del matrimonio y al desarrollo de la vida familiar. 

La armonía de la pareja humana y de la sociedad depende en parte de la manera en que son vividas entre los sexos la complementariedad, la necesidad y el apoyo mutuos. 2335. Cada uno de los dos sexos es, con una dignidad igual, aunque de manera distinta, imagen del poder y de la ternura de Dios. La unión del hombre y de la mujer en el matrimonio es una manera de imitar en la carne la generosidad y la fecundidad del Creador: “El hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne” (Gn 2, 24). De esta unión proceden todas las generaciones humanas (cf Gn 4, 1-2.25-26; 5, 1).

No habló de estafa, porque no era correcto, pues queda claro que el lobby está mal cuando lo hacen los demás, porque si de lobby se trata él tiene bien claro que el lobby es él, porque francisquito es el grupo de presión con gran influencia y poder, sobre todo político o económico, pero además es la imagen y la fuente del discurso. 

Recordemos que el lobby se define como es un proceso de comunicación planificado, de contenido predominantemente informativo, en el marco de la política de relaciones públicas, de la empresa u organización, ejercido directamente por esta, o a través de un tercero, que tiene como función intervenir sobre una decisión pública (norma o acto jurídico; en proyecto o en aplicación) o promover una nueva, transmitiendo una imagen positiva basada en la credibilidad de los argumentos defendidos que genere un entorno normativo y social favorable, y con la finalidad de orientarla en el sentido deseado y favorable a los intereses de los representados.

Por supuesto que a Francisquito se le fue la mano, las comparaciones son absurdas, confundir el tema de los homosexuales con el lobby de los avaros, de los políticos o de los masónicos, no tiene nada que ver con las aspiraciones de quienes luchan por la equidad en los derechos humanos y sexuales, comparar dichos lobbies es algo maquiavélico y de esto los papas tienen una amplia tradición y experiencia, así que aquí también actuó en consecuencia, como igualmente era de esperarse.

Pero como este post no es un curso de ciencias políticas, solo queda una duda ¿los periodistas mal informados qué son? Bueno, la pregunta podría estar mal planteada, porque por principio dejársela meter de la fuente, así sea con vaselina y del papa, no es periodismo.

Para cerrar prefiero usar las palabras de una amiga periodista, de esas que no aceptan vaselina. Marta Prieto ha dicho “Yo creo que esa entrevista del papa comienza a mostrar el peligro del populismo en manos de un jesuita. Está demostrando que aquello de la retórica jesuítica no es un mito. Habla, habla, no dice nada nuevo pero hay quienes lo ven como un revolucionario... en fin nada nuevo bajo el sol y ni siquiera podemos decir "no pasaran" pues hace tiempo que pasaron y se instalaron...”
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