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Opinión

  • | 2015/03/16 11:00

    La venganza es mala consejera

    Cuando se afirma que los riesgos del desminado los corran las FARC y no los miembros de las FFMM, no se procura por el bien y seguridad de los campesinos. Por el contrario, se siembra desconfianza en el proceso de paz.

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Sobre el Acuerdo para el desminado humanitario suscrito entre el Gobierno y las FARC se han hecho afirmaciones como: “El desminado lo debe hacer la misma guerrilla, son ellos quienes deberían asumir esos riesgos”. No quiero creer que esa frase esconda un deseo de venganza contra quienes tanto dolor han generado a la fuerza pública a la población civil e incluso a si mismos pero, podría percibirse de esa manera.

Es una afirmación más delicada que eso. Esta fundada en el desconocimiento sobre el tema y esto es tanto o más peligroso que un arma. Mucho más, cuando se referencia desde formadores de opinión, funcionarios con cargos de poder o capacidad de incidir en la opinión pública a través de los medios.
Veamos, el Desminado Humanitario es una actividad que requiere formación técnica especializada. Quien pone minas, no es un desminador, esto lo saben las FFAA, al igual que las guerrillas en el mundo.

Desminar es un proceso técnico, complejo que implica entre otros, manejo de explosivos en muchos casos.  (¿Quieren quienes así opinan que se autorice uso de explosivos a las FARC?).

Una vez se define el territorio a desminar, la primera etapa consiste en adelantar un proceso de recolección de información. Las fuentes principales son: La comunidad que allí vive, las autoridades locales, los líderes sociales y comunitarios y en tiempo de acuerdos especiales, como el suscrito, o tiempos de posguerra se obtiene información de  actores armados estatales y no estatales que han adelantado sus operaciones militares en la zona.

El equipo de trabajo que hace el levantamiento de las primeras informaciones se conoce como Equipo de Estudio No Técnico, (ENT) que las ubica en un mapa y en reportes con el mayor nivel de fidelidad.
Desean que esta acción la desarrollen las FARC, pero no están calificadas técnicamente para hacer esto.

El ENT arroja una identificación general de las áreas de sospecha de existencia de minas. De manera simultánea se debe iniciar un proceso que permita identificar víctimas si las hubiera, adelantar su atención física, sicológica, su proceso de rehabilitación y de reintegración social y económica.

Igualmente, ha de adelantarse un proceso de Educación en el Riesgo de Minas, (ERM) para entregar a los niños, niñas, jóvenes y adultos herramientas que les permitan vivir en la condición más segura posible mientras se limpia el entorno de sus viviendas y zonas de transito.

Ello implica cambiar comportamientos normales, que por el conflicto se vuelven riesgosos, por otros que sean seguros como: no caminar a campo traviesa o por desechos, no recoger, no tocar nada que uno no haya arrojado al suelo, utilizar senderos transitados, no salirse del camino seguro para descansar, hacer necesidades fisiológicas, o tomar agua; no aproximarse a casas o lugares abandonados, no ir a lugares donde hubo combates, bombardeos o zona de campamento de algún actor armado. Éstos, entre otros mensajes,  se entregan con materiales construidos y técnicas de trabajo que cumplen con estándares aprobados previamente.

Todos estos cambios de comportamiento es lo que deben hacer en zonas de conflicto los Colombianos que viven en veredas apartadas de 688 municipios, en los que se han registrado accidentes o incidentes con minas en los últimos 20 años.

Interesante saber ¿Qué hacíamos cada uno de los colombianos con poder, influencia social, económica, incidencia académica,  actividad política, mientras los campesinos sufrían este rigor a diario en sus zonas de vivienda, descanso y trabajo?  Por ejemplo, ¿Qué hacían quienes hoy critican veladamente el acuerdo diciendo que deberían ser las FARC y no el Batallón de Desminado BIDES quien adelante esta acción?.

Cada uno de los colombianos nos responderemos esto en silencio y cargaremos lo que nos corresponda.

Pero continuemos, hecho el Estudio No Técnico pasamos a otra etapa que es la del Estudio Técnico, que permite precisar con mayor claridad el área a limpiar y, demarcar las zonas consideradas riesgosas para proceder al trabajo de despeje. Todo este proceso debe contar con un sistema de control de calidad permanente, in situ que garantiza la seguridad de los operadores, la seguridad del proceso, la calidad del trabajo, la fidelidad de los reportes que se hacen para que el Gobierno Nacional conozca y vaya evaluando cada etapa de trabajo a fin de garantizar el éxito del proceso.

De manera simultanea en la zona intervenida se debe haber realizado una evaluación de los impactos socioeconómicos que las minas (y el conflicto) causaron en la comunidad: Abandono de tierra productiva, de carreteras o caminos, de escuelas, puestos de salud, casas entre otros y se debe adelantar un proceso de inversión que permita adecuar esas zonas para el disfrute de las comunidades en condiciones seguras y dignas.

Como puede verse esta es una tarea que corresponde más a organismos del Estado o delegados por él, que a las FARC.

Los comentarios sobre poner a desminar a las FARC y no al Batallón de desminado son llamativos porque quienes los expresan son personas que en su mayoría, dicen profesar las enseñanzas de la Iglesia Católica fundada en el ejemplo cristiano del perdón, la compasión, la búsqueda de la paz y la reconciliación entre la humanidad.

Parecen frases de alguien que no ha aprendido aquello de que la venganza es mala consejera, o de un tipo de líderes que atizan el odio y no la reconciliación. Ejemplos como el de Nelson Mandela o para no ir lejos, reflexiones como las del padre Francisco de Roux, que convocan al perdón, a la verdad, a la compasión y al encuentro entre colombianos podrían servir de guía en este momento a todos si de verdad queremos salir de esta guerra.

Cuando se afirma que los riesgos del desminado los corran los guerrilleros de las FARC y no los miembros de las FFMM, no se procura por el bien y seguridad de los campesinos. Por el contrario,  se siembra desconfianza y zozobra en el proceso de paz, el mismo resultado que producen las minas en las zonas rurales de Colombia.
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