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Opinión

  • | 2011/04/23 00:00

    La verdad sobre Tomás y Jerónimo

    En ocasiones han pasado de acusados a acusadores lanzando graves advertencias contra quienes se han atrevido a sacar a la luz pública los supuestos o reales desafueros.

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El país necesita saber la verdad sobre Tomás y Jerónimo Uribe. Los hijos del expresidente han sido mencionados en doce episodios de corrupción o de vinculación con actos y fuerzas ilegales. Nunca una familia presidencial en Colombia había sido vinculada a tantos hechos oscuros.

Quiero creer que son jóvenes ingenuos, con una intensa vida social, a quienes los criminales se les acercaron para utilizarlos en la comisión de sus delitos o para enlodar a su padre por animadversión política. Porque lo otro sería pensar que, a su corta edad, estos muchachos se han convertido en grandes delincuentes.

Ahora tienen encima los reflectores de los medios porque José Gélvez, alias 'el Canoso', paramilitar desmovilizado, confesó que Tomás y Jerónimo tenían una relación de negocios de artesanías con Héctor Ignacio Rodríguez, alias 'Nacho', acusado de narcotráfico y otros delitos. Dijo también 'el Canoso' que habían participado en reuniones con paramilitares.

Aparecieron en tratos con Carlos Náder Simonds, procesado por narcotráfico en Estados Unidos, en las pesquisas que demostraron que los correos con amenazas al periodista Daniel Coronell habían salido del computador del mentado Náder Simonds. También en relaciones con Wílmer Pérez, alcalde de San Antero, firmante del pacto de Santa Fe de Ralito, asesinado luego en extrañas circunstancias.

Yidis Medina habla de comunicaciones con Tomás en medio del escándalo por el delito de cohecho en función de la aprobación de la ley que autorizó la primera reelección. Igualmente Manuel Guillermo Cuello Baute, superintendente de Notariado y Registro, lo vincula al trámite de una notaría para un allegado en Tunja.

Las denuncias de la revista SEMANA los mostraron como beneficiarios especiales de las decisiones sobre las Zonas Francas aprovechando su situación privilegiada en el Palacio de Nariño. Así mismo, se los mencionó como promotores de la ley 1259, que limita el manejo y control de las basuras por los recicladores para favorecer la empresa Ecoeficiencia, de la cual eran accionistas.

Fueron señalados por David Murcia Guzmán como usufructuarios de las riquezas obtenidas por el escabroso fraude financiero perpetrado a través de las llamadas pirámides. Participaron de una reunión en ciudad de Panamá con los hermanos Nule en momentos en que se tramitaba la licitación de la Ruta del Sol.

Jerónimo fue acusado de fraude en sus pruebas de estudiante en la Universidad de los Andes. Después fue protagonista del escándalo que llevó al joven Nicolás Castro, alumno de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, a la cárcel, sindicado de promover amenazas contra su vida en Facebook, en medio de rumores que hablaban de una tensa relación entre los dos muchachos.

¿Qué es verdad de todo esto? ¿Aparecerán nuevas cosas en los próximos meses? Los colombianos necesitamos saber hasta dónde llegaron estos jóvenes. No solo está en juego la dignidad de la figura presidencial. Es que, además, como van las cosas, estos muchachos a la vuelta de veinte años serán personas decisivas en la vida nacional por haber amasado grandes fortunas o por ostentar altos cargos públicos. Ninguna de estas acciones debería quedar en la penumbra.

Hasta el momento los hijos del expresidente han respondido de manera aislada a las acusaciones. Cada vez que aparece una mención salen a desmentir la denuncia o a explicar el encuentro con uno u otro delincuente como un hecho casual. En ocasiones han sido defendidos por su padre. En otras han pasado de acusados a acusadores lanzando graves advertencias contra quienes se han atrevido a sacar a la luz pública los supuestos o reales desafueros.

Sería bueno que la familia presidencial impulsara o permitiera un ejercicio de verdad: la conformación de una comisión especial de investigación que indague uno por uno los acontecimientos y pueda hacerse a una visión completa de la historia de Tomás y Jerónimo. Que tenga acceso al patrimonio adquirido en los últimos años. Que visite y hable en extenso con las personas que han proferido las acusaciones. Que pueda ahondar en las relaciones comerciales o de amistad que frecuentaron.
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