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Opinión

  • | 2006/06/24 00:00

    La villana de la Villa

    ¿Qué diablos tiene que ver Elvira Cuervo con el hecho de que Abajó sea el dueño de Villa Adelaida? Su preocupación debe ser la de conservar el monumento, pero no la de investigar los orígenes de la fortuna del personaje español.

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Yo no he visto un caso más injusto que aquel en el que quedó metida la ministra de Cultura, Elvira Cuervo de Jaramillo.
 
Un día amaneció de contraparte de los ecologistas que están en contra del proyecto urbanístico de Villa Adelaida.

Al otro día amaneció de madrina de un narcotraficante.

Y al tercer día amaneció de 'calceta', al haberle retirado el apoyo al proyecto después de haberlo defendido apasionadamente.

La Villa convirtió a la ministra en villana. Y lo peor de todo es que la que va a perder es la ciudad, porque es absolutamente seguro que el cuestionado señor Manuel Abajó Abajó, propietario mayoritario del lote, va a dejar caer la casa, como han hecho muchísimos a los que se les han declarado sus propiedades monumentos nacionales, con lo que consiguen descongelar sus lotes y construir jugosos proyectos.

¿A qué horas se metió la Ministra en este lío?

Claro. Lo verdaderamente deseable para los bogotanos es que la casa se conserve y sus jardines se conviertan en bucólicos parques de uso público.

Para eso la Nación o el Distrito tendrían que comprar la propiedad. Ni lo van a hacer, porque existen otras prioridades, ni veo a nadie dispuesto a convertirse en cara visible de un debate que seguramente terminaría sentenciando a su gestor por haberles hecho un parque "a los ricos".

La otra posibilidad tampoco parece viable. ¿Cuántos vecinos de Villa Adelaida estarían dispuestos a pagar una elevada valorización para ayudar a conservar el monumento? Con toda la razón, los vecinos son los primeros preocupados por el impacto que podría traer para la zona la construcción de un complejo comercial en ese lote. Pero de la preocupación totalmente justificada, a meterse la mano al dril, hay un gran trecho.

Ante este panorama, a la Ministra se le ocurrió la idea de salvar el monumento autorizando la construcción de un complejo urbanístico. Después de muchas negociaciones, hasta logró ponerse de acuerdo con el alcalde Garzón, que tenía sus propias ideas sobre el diseño del complejo, y se llegó a la conclusión de que ese proyecto era la mejor manera de conservar la villa y parte de sus jardines.

Y cuando ya estaba todo acordado, alguien descubrió que el señor Abajó iba a ser el primer beneficiario como dueño mayoritario de la propiedad, y quedó flotando en el ambiente la sospecha de que el Ministerio de Cultura y la Alcaldía estaban abogando por un narcotraficante.

¿Qué diablos tiene que ver Elvira Cuervo con el hecho de que Abajó sea el dueño de Villa Adelaida? Su preocupación debe ser la de conservar el monumento, pero no la de investigar los orígenes de la fortuna del personaje español. Aunque de manera insólita prácticamente quedó encargada de eso, después del debate que se planteó en el Concejo de Bogotá.

Si el dueño de Villa Adelaida es un narcotraficante -como parece ser por los ocho años que purgó en una cárcel española- el origen de su fortuna debe ser investigado por la Fiscalía, que podría llegar incluso a decretarle una extinción de dominio sobre la villa. Pero ese asunto no le compete ni al Ministerio ni a la Alcaldía, cuya misión es salvar a toda costa el monumento sin que sea requisito hacer un estudio del origen del dinero con el que se adquirió el predio, porque ni son instancias judiciales, ni de policía, ni investigadoras.

Me parece que la retirada del proyecto por parte de la Ministra y del Alcalde es un error. Se sintieron forzados a declinar su obligación de proteger el patrimonio cultural de los colombianos, ante la ridícula acusación de que estaban avalando los propósitos de rentabilidad de un inversionista con posibles vínculos con el narcotráfico, y en detrimento de la calidad de vida y los derechos de los bogotanos.

¿Qué sigue en Villa Adelaida?

A la casa le falta poquito para caerse. Pero cáigase o no, acuérdense de mí, en ese lote terminará construyéndose un edificio y locales comerciales, como lo permite la normativa distrital para ese sector, incluso con el margen de una mayor edificabilidad.

Algo peor, mucho peor de lo que había permitido el acuerdo de la Ministra con el Alcalde, quienes terminaron sacudiéndose las manos y despidiéndose de un proyecto en el que, cosa que jamás se habían soñado en la vida, casi quedan de 'socios' del señor Abajó Abajó.

ENTRETANTO… ¿De qué hablaremos cuando se acabe el Mundial?
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