Domingo, 23 de noviembre de 2014

| 2013/07/25 00:00

La violencia colombiana como freno al desarrollo económico y social

Hay un reto por lograr un cese de hostilidades, por más complejas y sinuosas que sean las condiciones en la negociación y en el post-conflicto.

Recuerdo que no fueron pocas las ocasiones cuando en las oficinas de Naciones Unidas, ya sea en Nueva York o en Ginebra, se mencionó reiteradamente el caso colombiano.  Enfatizábamos en el potencial de crecimiento del país, si no tuviese los dramáticos niveles de violencia que le son propios. 

Nuestros cálculos, a mediados de la década de los noventa, señalaban que no menos de un dos por ciento podría incrementarse el producto interno bruto a partir de condiciones –si no de paz, dado que la paz se construye más que firmarse- si con base en un clima más estable en las condiciones internas de esta nación.

Esto ha vuelto a ocupar mi atención, especialmente al enterarme que, según el Grupo de Memoria Histórica de Colombia, desde 1958 el crónico conflicto nacional arroja un total de 220.000 muertos. Es algo escalofriante. Se trata de casi un cuarto de millón de personas que perdieron la vida en todos estos años. Y eso lesiona desde el punto de vista de los fundamentos éticos con los que se mueve una sociedad, muestra una disfuncionalidad de tragedias diarias y cotidianas. A la vez, resta posibilidades de generar bienestar mediante la creación de riqueza.

Es por ello que el reto de lograr un cese de hostilidades es muy importante, por más complejo y sinuoso, por más tenebrosas y crueles que se presenten las condiciones en la negociación y en las fases del post-conflicto. Esto es aún más importante cuando Colombia requiere de medidas de cambio estructural en el sentido general de su producción –con más apoyo a la economía real- y de la naturaleza de sus exportaciones. 

Véase cómo nos estamos dirigiendo, cada vez con mayor intensidad, a consolidar una economía extractiva, que se basa en la exportación de bienes primarios, muy relacionados con los bienes primarios.  Muchos de ellos caracterizados por la explotación de recursos y sistemas naturales no renovables. En efecto, la minería constituía en el 2003 un 40 por ciento del total de exportaciones.  Ese indicador ha ascendido a no menos de 75 por ciento en 2012, según cifras oficiales.

No se trata únicamente de cese de disparos y agresiones.  En todo caso eso es muy difícil de lograr en términos absolutos, para un país de casi 47 millones de habitantes.  Se trata de lograr que existan, de manera creciente, mayores niveles de capacidad en las personas –en particular por vía educación de calidad- y de aumentar las oportunidades de amplios sectores sociales, mediante creación de empleos.  

De esa manera efectivamente, se construiría una paz firme y duradera, una paz que no sea el apacible ambiente de los cementerios, sino producto del desarrollo humano de los colombianos.  La aspiración colectiva, estoy seguro, es dejar atrás, cuando antes, estos sangrientos años de violencia fratricida.

*Ph.D. University of Pittsburgh/Harvard. Profesor de la Escuela de Administración de la Universidad del Rosario.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×