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Opinión

  • | 2011/10/04 00:00

    La violencia en los tiempos de elecciones

    El hecho de que haya más violencia en momentos cerca a las elecciones es un reflejo de actitudes hacia las reglas de la democracia y la capacidad fácil de ejercer la violencia privada en el país.

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Cada vez que hay elecciones en Colombia, especialmente a nivel local y regional, se incrementa la violencia política, no solamente contra los candidatos sino también contra la población en general. Además, es frecuente que en los medios y en las calles se atribuyan numerosos actos violentos al hecho de que habrá elecciones, e incluso a veces a las elecciones directamente como si fueran su propia causa de violencia. Pero las elecciones no causan la violencia. El hecho de que haya más violencia en momentos cerca a las elecciones es un reflejo de actitudes hacia las reglas de la democracia y la capacidad fácil de ejercer la violencia privada en el país.

Hay varios factores que ayudan a explicar el incremento de la violencia en los años electorales, pero primero necesitamos un poco de contexto antes de poder verlos. Durante épocas electorales se modifican las motivaciones, las actitudes y los fines de los actores políticos en el país. Los que ya ejercen el poder estatal empiezan a enfocarse en mantener ese poder y ganarle a la competencia que se les enfrenta, mientras los que buscan estar en ese poder tienen que crear una percepción negativa general de su(s) opositor(es) para poder llegar a su cargo deseado. Lo común entre todos es que buscan controlar los niveles y las dinámicas de la competencia electoral. Ese cambio de motivación es el punto de partida para entender la violencia electoral, aunque solo no explica porque la hay.

Un factor necesario para la aparición de niveles más altos de violencia política es que por lo menos algunos actores políticos – bien sean candidatos, grupos armados ilegales o actores no organizados que ejercen la violencia – deben tener una visión hacia el juego democrático que incluye la violencia como una herramienta aceptable para intentar controlar las dinámicas de competencia electoral. Sin esa visión la violencia alrededor de las elecciones simplemente no existiría, pues si pensamos en otros países sin violencia electoral se ve ese deseo de control de la competencia política electoral: la diferencia queda en que la coerción no es una opción aceptable para los candidatos en esos otros lugares.

Esa actitud frente a la violencia es necesaria para que sea parte del juego electoral, pero no es suficiente en el sentido de que sólo con esa actitud habrá actos violentos, sean homicidios, amenazas, chantaje o agresiones contra candidatos o sus bases de apoyo. Hay un factor también más estructural que siempre está en juego: la facilidad con la que se puede ejercer la violencia privada en el país. El acceso al mercado privado de violencia, a través de sicarios e incluso grupos armados ilegales, es tan abierta que hay muy pocas dudas sobre la posibilidad de que se la pueda instrumentalizar. Acceder o no a este mercado es una decisión individual que solamente se busca, si se cree que es una manera aceptable de actuar.

Una vez tomada la decisión de que la violencia para conseguir fines personales es aceptable, existe otro factor que hay que considerar y es que si la utilización de este medio implica demasiados riesgos para la persona que se quiere aprovechar de él. Y en eso es donde se puede encontrar una solución en el corto plazo frente a este problema tan endémico. Hacer crecer estos ‘costos’ de usar la violencia hará que los actores políticos no busquen esa herramienta pues no les convendrá dados los riesgos que implica.

El problema con esta solución es que es para el corto plazo – igual que cualquier medida de aumentar el pie de fuerza en zonas de alta conflictividad. En el largo plazo, hay que acabar con las actitudes permisivas hacia la violencia para conseguir fines políticos igual que las definiciones de qué es un recurso aceptable de controlar las dinámicas de la competencia electoral. Y es por eso que hay que pensar no sólo en acabar con la violencia electoral sino también con la disposición de utilizar como herramienta política, la violencia en los tiempos de las elecciones.

*Kyle Johnson, Politólogo de University of Connecticut. Pasante en la Corporación Nuevo Arco Iris. Estudiante de maestría en Ciencia Política de la Universidad de los Andes.
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