Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1980/12/11 00:00

La visita de Rumsfeld

Lo cierto del negocio de las drogas, aunque no lo quiera saber el señor Rumsfeld, es que el 99 por ciento del producto de las drogas se queda en su país

La visita de Rumsfeld

Vino a Colombia el Secretario de Defensa de los Estados Unidos y no hubo ni una mísera pedrea en la Universidad Nacional. Por lo visto ya mataron a toda la izquierda del país.

Vino Donald Rumsfeld a ver cómo va nuestra guerra. Y según reveló (antes de haber visto nada, cuando su avión ni siquiera había aterrizado en Catam) "a la guerrilla se la puede derrotar en el campo de batalla". Un vaticinio más bien inquietante si se tiene en cuenta que en las otras dos guerras que ha emprendido Rumsfeld, la de Afganistán y la de Irak, sus predicciones optimistas han resultado erróneas: los dos países han sido destruidos por la intervención norteamericana, pero las dos guerras siguen sin terminar. En fin. El caso es que vino Rumsfeld. Y, tras entrevistarse con el presidente Uribe y con la Ministra de Defensa y con los generales y hablar con ellos "sobre diferentes tópicos", lo hizo también con Roberto Pombo, editor general de El Tiempo, a quien le confió su visión de la otra guerra nuestra, la del narcotráfico. Se la explicó con sencillez, casi paternalmente, como quien le habla a un niño:

"El narcotráfico es un enorme problema para el mundo por el daño que les hace a las vidas humanas y por la gran cantidad de dólares que pone en manos de criminales terroristas y secuestradores. (.). El problema de la droga tiene varios aspectos. Es un tema de oferta y demanda, así como de educación y de salud, porque se está regando de país en país. Es un daño contra la humanidad. Pero más que eso, es un negocio que mueve billones de dólares, que están disponibles para gente que quiere vender droga y hacer daño. Personas que son antisociales, que no creen en los gobiernos legítimos, ni en la gente libre ni en la sociedad civil. Son personas que secuestran y que hacen terrorismo entre aquellos que quieren ser libres".

Más que como a un niño trató a Pombo -y a través de Pombo a todos los lectores del periódico- como a un retrasado mental. Los narcos son hombres malos, les pegan a los niños, no quieren a la mamá, etcétera. Pero fuera de esas banalidades no quedó muy claro lo que quiso decir Rumsfeld. El jet-lag, tal vez, o el soroche de la altura de Bogotá. (O quizás la traducción de El Tiempo). El caso es que lo único que saca uno en limpio es que nadie le ha contado al señor Secretario de Defensa que las ganancias del narcotráfico (no "billones", pero sí unos cien mil millones de dólares al año) van a dar en realidad a los bancos de los Estados Unidos. Y sin duda no es a ellos a los que el señor Rumsfeld, ultrapatriota norteamericano de la más extrema derecha financiera-militar, llama "criminales terroristas y secuestradores".

Porque lo cierto del negocio de las drogas, aunque no lo quiera saber el señor Rumsfeld, aunque no quiera contárselo a Roberto Pombo, es que cerca del 99 por ciento de su descomunal producto se queda en los Estados Unidos: en sus propias mafias y en sus propios bancos, y les sirve a sus gobiernos para (entre otras cosas) financiar sus propias guerras, o crear guerras ajenas, como han creado esta del narcotráfico que destruye a Colombia, y cómo, a través de ella, financian la otra, la social, la de las guerrillas y el ejército y los paramilitares y el llamado "Plan Colombia".

Que Rumsfeld no quiera decirlo me parece normal. Que El Tiempo acepte ese silencio sin rechistar (pese a haber escrito alguna vez editoriales al respecto), y que Pombo se limite entonces a cambiar de tema en su entrevista a Rumsfeld es menos explicable.

En cuanto a los sucesivos gobiernos de Colombia, desde el de Turbay hasta el de Uribe, que han aceptado asumir como propia la guerra antidrogas de los gobiernos norteamericanos, no tienen perdón de Dios.

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