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Opinión

  • | 2001/04/02 00:00

    Ladrones, ineptos y despistados

    Tráfico de influencias, cohecho, prevaricato... Nuestro Código Penal es todo un Kama Sutra de actos pecaminosos contra el fisco

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Peculado por apropiaciOn, por uso, por error ajeno, por culpa, por desvío, por extensión. Cohecho propio o impropio, por dar o por ofrecer. Prevaricato por

acción u omisión. Tráfico de influencias. Concusión. Trámite irregular, interés indebido, violación de inhabilidades al contratar. Enriquecimiento ilícito, uso de información privilegiada, acto arbitrario o

injusto, revelación de secreto, omisión de denuncia, asesoría ilegal, abuso de funciones… Nuestro Código Penal es todo un Kama Sutra de actos pecaminosos contra el fisco.

Así que habríamos de empezar con el Código. Pero eso sí: probando que el acto se produjo y que hubo dolo o culpa del funcionario. Y como aquí ni hay pruebas ni hay justicia, pasan tres o cuatro cosas que no debían pasar:

—Se filtra una conversación telefónica. Y como nadie explica ni pregunta de dónde sale la grabación precisa, esta columna se atreve a revelarlo: sale de la grabadora de algún cómplice, porque el presupuesto de la Fiscalía y de la Policía juntos no darían para grabar a todos los funcionarios todo el tiempo.

—Los periodistas arman la alharaca. Y la gente comprueba que los políticos son unos ladrones. El Contralor y el Procurador nombrados por los políticos dicen lo de investigación exhaustiva. D’Artagnan le echa la culpa a Pastrana. Pastrana aclara (?) que “es cuestión de abogados”. Algún juez se le mide a iniciar el proceso… y antes de que el dichoso Código Penal funcione, se filtra otra grabación con otro chanchullo y otros personajes para que la prensa arme otro escándalo y la gente vuelva a constatar que los políticos son ladrones.

—Cuando la grabación no se filtra (o sea cuando los cómplices quedan contentos) pasa que el ministro, superintendente, director, liquidador, senador, gobernador, alcalde, jefe de compras, asesor, archivista, tesorero, revisor… aparece con apartamento en Miami, finca en El Peñón, o casita en el norte. De suerte que los vecinos y ex compañeros de universidad sabemos a ciencia cierta que los políticos son unos ladrones.

Así, la idea de que el robo explica todas las pérdidas de patrimonio público es un dogma de fe para los colombianos. Y esta idea se inspira en los informes de prensa que echan en un solo talego los serruchos, los errores técnicos y hasta la mala suerte en las electrificadoras, en la banca oficial o en el IDU.

Pues eso no hace más que alimentar la sensación de impotencia. Y ocultarnos un debate vital tras el sainete de cacos y soplones. Claro que no robar es un supuesto obvio del servicio público. Pero el tema de cómo administrar los bienes colectivos no se agota en el Código Penal. Va más allá de la denuncia, a veces amarilla, de los medios. Más allá de pedir o vetar la privatización, como sostienen los economistas. Y más allá también del reglamentarismo inacabable de los juristas o el Consejo de Estado.

Nos falta la racionalidad técnica. Sea para administrar gigantes tipo Telecom, para privatizar gigantes tipo Isagen, o para contratos gigantes tipo PPA, el Estado habría de tener los mejores gerentes, la información más confiable, los asesores más calificados. Debería dedicar al seguimiento del negocio un esfuerzo proporcional al valor de los activos, de los beneficios y costos esperados, de los riesgos naturales o contractuales. Debería invertir según prioridades, no según disponibilidad presupuestal. Pero acá los gerentes y asesores se escogen por palanca, la información la tiene la contraparte, los trámites rituales son impajaritables, las decisiones se toman de afán o en el oscuro —que lo diga, si no, el apagón— y los pagos se ejecutan según el PAC.

Nos falta —y es peor— la racionalidad política. ¿Quién responde por el superintendente de Servicios o por el mico en la Ley Néstor Humberto? ¿Quién responde por el Contralor o el Procurador? ¿Quién decide —o siquiera quién debate— si el régimen de gestión pública debe buscar la transparencia, o más bien la eficacia, o quizás la simulación del mercado? Por supuesto: responden los políticos. O sea que responde usted, por los políticos que elige y los que deja que elijan.
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