Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 1998/03/16 00:00

    LAMBICOLORES

COMPARTIR

La aplanadora de los medios samperistas ya venía haciéndose sentir con la evidente indiferencia noticiosa a la que vienen siendo sometidas las campañas de Alfonso Valdivieso, de Noemí Sanín, de Carlos Lleras de la Fuente, del general Harold Bedoya, y con el desconocimiento absoluto de las aspiraciones presidenciales de Antanas Mockus.Pero lo que pasó con el lanzamiento de la campaña de Andrés Pastrana fue la tapa. No existió. No fue registrado. Prácticamente no se ocuparon de él los noticieros de televisión, que lo bajaron en el orden noticioso del día hasta reducirlo a una trivialidad. Hasta un noticiero que posa de que "no mezcla la opinión con las noticias", presentó el discurso de Andrés como una intervención "de claro corte populista".Sin embargo, esa noche Andrés Pastrana había logrado llenar el Palacio de los Deportes con su convocatoria a un gobierno de cambio. Quienes asistieron, yo no fui, me dicen que la organización del evento fue espectacular y que, salvo uno que otro bache, como el de cuantificar la propuesta de empleo, mecanismo que se ha convertido en un lugar común entre los candidatos presidenciales en Colombia, el discurso de Andrés fue respetable, inteligente y esperanzador.Los colombianos pueden estar interesados, o no, en votar por Andrés Pastrana. Pero el derecho de saber qué propone este candidato, cómo lo propone y ante quién lo propone, no hay manera de quitárselo a los colombianos.
Muchos noticieros de televisión prefirieron esa noche entregarle los micrófonos a Horacio Serpa para que saliera a decir genialidades en contra de Pastrana. Nadie está insinuando que Horacio Serpa no tenga tampoco el derecho de decir sus genialidades: pero el 'saperío' de los noticieros con el candidato del gobierno podría terminar más bien haciéndole daño, en lugar de beneficiarlo.El claro corte samperista de la mayoría de los noticieros actuales de televisión, con excepciones muy honrosas, ha llegado a extremos como uno reciente, de un informativo que se las arregló para presentar el informe de censura del gobierno de Estados Unidos contra el tratamiento de los derechos humanos en Colombia como un acontecimiento bueno para Samper, para el país y para los colombianos. Eso no lo logra ni el mejor equilibrista del mundo.
Y a pocos meses de que termine este gobierno que hizo moñona con los medios de comunicación, es bueno recordar que la principal responsabilidad y que la libertad de prensa se haya puesto en Colombia al servicio de la política no es del Congreso, de cuyas mayorías el país no espera sino trastadas. La responsabilidad final es de la Corte Constitucional, y que eso quede escrito así para la historia: de los cinco de sus nueve miembros que le dieron su visto bueno al reversazo de volver a poner los noticieros de televisión en manos de los gobiernos de turno. Los cuatro que votaron en contra de este adefesio contra la libertad de expresión y las garantías contraactuales saben que con la decisión de sus colegas algo muy grave pasó en Colombia. Alcahuetear que la televisión se ponga al servicio de un gobierno tremendamente cuestionado y de un candidato continuista tiene unas consecuencias que ya se están viviendo a nivel de la información que están recibiendo los colombianos, pero quién sabe en qué otras cosas se va a manifestar.
Para ser bien pesimistas, hay algunos por ahí opinando que si Serpa finalmente es elegido con ayuda de los noticieros de televisión colombianos, lo que viene en el próximo Congreso, pero rapidito, es una reforma de la Constitución que suprima la prohibición de reelegir al presidente de la República en Colombia. Y adivinen quién sería el primer beneficiario...Completando este gris escenario de la libertad de prensa en Colombia está el terrible episodio de los premios CPB, un gremio al que le he tenido siempre un especial fastidio (los gremios que carnetizan la libertad de pensar y de expresarse son catastróficos), pero más ahora, cuando su directora ha resultado tan cuestionada en materia grave en cuanto al manejo que le ha dado a la agremiación. Me parece imperdonable que algunos amigos colegas se hayan dejado premiar del CPB sin siquiera haber preguntado previamente en qué terminó la investigación contra doña Gloria Tamayo. Ni Yamid Amat ni Rafael Santos necesitan este galardón en sus hojas de vida profesionales, suficientemente reconocidas, respetadas y admiradas.De manera que, quienes tengan miedo por el rumbo que está tomando la libertad de prensa en Colombia, durante este nuevo reinado de los lambicolores que la decisión de la Corte Constitucional instaló en el país, están en su derecho. Un país que entrega la libertad de informar y de ser informado recibe el tratamiento al que se ha hecho merecedor.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1850

PORTADA

El hombre de las tulas

SEMANA revela la historia del misterioso personaje que movía la plata en efectivo para pagar sobornos, en el peor escándalo de la Justicia en Colombia.