Viernes, 2 de diciembre de 2016

| 2008/12/13 00:00

Lamento provinciano

El único bogotano raizal famoso que hemos tenido se llamó Jorge Eliécer Gaitán. Y cuando estaba al borde del triunfo, lo mataron

Lamento provinciano

Se queja el joven y exitoso abogado de la provincia cordobesa Abelardo de la Espriella de que en Colombia no se tolera que un joven de provincia tenga éxito. He oído muchas veces esa queja en boca de numerosos jóvenes de provincia rebosantes de éxito, vallunos y costeños, paisas y pastusos, santandereanos y guajiros, chocoanos y llaneros. Sin ir a buscar muy lejos, es a esa presunta maldición de ser provinciano y joven a la que atribuyen ahora la persecución contra David Murcia, ese otro joven de provincia tan chorreante de éxito como el mismo De la Espriella que le sirvió fugazmente de abogado defensor: un muchacho nacido en Ubaté (Cundinamarca) y criado en La Hormiga (Putumayo) que estuvo a punto de convertirse en el más poderoso magnate del país pero no lo logró porque se le interpuso otro que también había empezado su carrera como exitoso joven de provincia: Álvaro Uribe, de Medellín (Antioquia).

Y es que todos los colombianos que han triunfado han arrancado siendo jóvenes de provincia, antes de que el viento de sus éxitos los trajera a volverse viejos de Bogotá. Dado que aquí el más alto grado de lo que se considera tener éxito es la Presidencia de la República, basta con echarles una ojeada a quienes han llegado allá: antiguos jóvenes exitosos de provincia. La provincia lo abarca todo: desde la inmediatez de la Engativá de Julio César Turbay hasta la lejanía del valle de Aragua de donde vino Simón Bolívar. Ya señalé que Uribe es paisa, como lo es Belisario y lo fueron los varios Ospinas sucesivos. Rojas Pinilla era boyacense, y Olaya Herrera también, y Rafael Reyes. Núñez, cartagenero. Mosquera y Guillermo León, popayanejos ambos. Pastrana, huilense. César Gaviria, de Risaralda. Aunque cuando él nació Pereira quedaba en Caldas, tal vez, o era parte del Quindío, o era una avanzadilla de la colonización antioqueña en tierras del Gran Cauca, vaya uno a saber: en Colombia la provincia tiende a provincianizarse y a provincializarse más y más, subdividiéndose por partenogénesis. En fin. El caso es que, si hablamos de presidentes, quizás el único bogotano ha sido López Michelsen, que para hacerse elegir se tuvo que disfrazar de pollo vallenato. Ah, y Samper, claro: pero no hay que olvidar que pagó la presidencia con plata de Cali.

Lo mismo pasa en todos los demás ámbitos. Los que descuellan en ellos son siempre de provincia, en el del dinero como en el de la política. Santo Domingo fue un joven barranquillero, Ardila un muchachón de Bucaramanga. En donde ustedes quieran: la religión, el deporte, las armas, las artes, el crimen. El cardenal Pedro Rubiano es valluno, el beato Marianito embalsamado en vida era antioqueño, como vallunos son los hermanos Rodríguez Orejuela y antioqueño fue Pablo Escobar. De provincia han sido todos: el guerrillero 'Tirofijo', el campeón olímpico Helmut Bellingrodt, el novelista García Márquez, el nadador Kapax, los cantantes Juanes y Shakira, el boxeador Kid Pambelé, el pintor Botero, el torero Pepe Cáceres, el ciclista Lucho Herrera, las cancilleres María Emma Mejía y Noemí Sanín, los poetas William Ospina y Piedad Bonnet, Harold Alvarado y Jotamario Arbeláez, la pintora Beatriz González, el futbolista René Higuita, el general Padilla de León. Todos provincianos. Ni siquiera una sola reina de belleza ha sido nunca bogotana, si la memoria no me engaña: todas caleñas, o costeñas, o paisas; y las virreinas, chocoanas. Ni siquiera los alcaldes de Bogotá han sido bogotanos: desde Jiménez de Quesada que nació en Santa Fe de Granada hasta Enrique Peñalosa que nació en el Central Park de Nueva York hemos tenido de todo: manizaleños, caleños, moniquireños; inclusive un lituano.

Se me dirá: pero Íngrid Betancourt es bogotana. Tampoco. Ni siquiera ella. La trajo la cigüeña de París.

El único bogotano raizal famoso que hemos tenido se llamó Jorge Eliécer Gaitán. Y cuando estaba al borde del triunfo, lo mataron.

Hace muchos años le oí decir al filósofo bogotano Hernando Martínez Rueda que la historia de Colombia no ha sido sino la perpetua tentativa, siempre coronada por el éxito, de la provincia por llegar a Bogotá. Por Bogotá pelearon el Zipa de Funza y el Zaque de Tunja. En Bogotá se encontraron los conquistadores Belalcázar, que venía de Cali; Jiménez de Quesada, que venía de Santa Marta, y Federman, que venía de Barquisimeto. A Bogotá se la disputaron el caraqueño Bolívar, el cucuteño Santander y el popayanejo Mosquera, y se quedó con ella el maracaibino Urdaneta. Por la conquista de Bogotá se hicieron todas las guerras civiles del siglo XIX, desde la de los Supremos hasta la de los Mil Días: generales caucanos, tolimenses, santandereanos, vallunos. Creo que no ha habido en toda nuestra historia ni un solo general bogotano. Antonio Nariño, sí: pero toda su vida militar la pasó preso.

Periodistas sí ha habido, en cambio. Nariño, para empezar. O yo mismo, sin falsa modestia. Hasta los periodistas de provincia han sido bogotanos: el antioqueño Luis Tejada, el tunjano Calibán, el palestinoYamid Amat.

Así que no pierda los nervios, doctor De la Espriella. Usted no es ni el primer joven de provincia que tiene éxito, ni el primero a quien critica la prensa bogotana. Ni el primero -ni el último- que se queja.
 

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