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Opinión

  • | 2016/07/18 14:41

    Ojo con Airbnb (segunda parte)

    En la anterior entrega, Juan Mesa estableció el crecimiento ascendente que Airbnb ha tenido en ciudades colombianas y algunos problemas en la oferta de vivienda y convivencia que no son evidentes en primer momento con la llegada de ésta.

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Hace unos meses hablando informalmente por chat con el presidente de una compañía de turismo, me sorprendía la pasividad con la que veía el riesgo de las nuevas tecnologías, sin comprender cómo reaccionar hacia ellas y, obviamente, respetando el libre mercado. Me atrevería a señalar que debe existir una posición similar del gremio hotelero en el país: sorprendidos sin saber cómo reaccionar frente a la economía colaborativa y la fuerza con que ha irrumpido estas plataformas en la economía del país. 

En ciudades como San Francisco, donde surgió la plataforma, vienen perdiendo la lucha los residentes por establecer más controles, a los ya establecidos, a la oferta de vivienda turística. San Francisco es conocida porque tiene grandes problemas con el aumento del precio y baja oferta de vivienda. 

Sin embargo, hay estrategias que han encontrado otras ciudades que reciben millones de turistas al año como Nueva York, Londres y Berlín para ponerles limites a los propietarios al número de días permitidos al año que pueden arrendar sus viviendas a través de plataformas de economía compartida. 

Hay que decir, que el buen gobierno de estas ciudades comprende y reacciona rápidamente a las amenazas y oportunidades de la digitalización de la economía y el pulso no se lo dejan ganar: abren espacio para las nuevas tecnologías, pero con regulación racional. Nuestros gobernantes no han entendido ni el pulso, ni la oportunidad de esta dinámica global, la cual es tres veces más creativa que nuestros funcionarios de turno.  

Hace dos años existe una ley en Berlín que establece controles al arriendo de vivienda para fines turísticos, estableciendo permisos y registros de la propiedad para tales fines. Los resultados han sido positivos protegiendo a los berlineses de la avalancha de oferta de vivienda destinada únicamente a turistas, obviamente, en detrimento de muchos anfitriones de Airbnb que han preferido cancelar su vinculación con la plataforma. 

Parte del éxito de esta economía colaborativa es que todos ganan y nadie paga. Un seguimiento y control interesante se verá en España en los próximos meses, dirigiendo la supervisión al pago de impuestos por parte de los anfitriones y aprovechando la tecnología misma para establecer controles a los pagos de Airbnb en la red. España está generando una colcha de retazos en cada Comunidad Autónoma para controlar la vivienda vacacional. 

Airbnb conoce bien los problemas que genera y por tal motivo se ha anticipado dentro de sus políticas de buen gobierno a trabajar con las administraciones locales dónde no existe ninguna legislación, generando mayor información de sus anfitriones y transacciones. Dependiendo de la seriedad con que se tomen estas negociaciones Airbnb entrega más, o menos, información para realizar “algunos” controles. En legislaciones como la nuestra los vacíos en la norma son el mejor escenario para el surgimiento de estos emprendimientos digitales. 

Entendiendo el abuso y lo contraproducente que puede llegar a ser en muchas ciudades la falta de regulación local y la afectación a las normas de convivencia, Airbnb promueve entre su comunidad la autorregulación, generando la idea de una cultura de vecinos ejemplares. 

Airbnb no es un actor de poca monta. Vale mucho más en bolsa que las cadenas hoteleras que se encuentran en el país. Manejan un capital de riesgo que pocas ciudades tienen en sus presupuestos. Países como el nuestro son el mejor caldo de cultivo para satisfacer deficiencias locales y realizar grandes ganancias en poco tiempo. 

Veo a nuestros gobiernos rezagados por encontrar una oportunidad con esta economía colaborativa; sentarse a trabajar con ellos; ponerles controles; convertirlos en aliados; establecer un sistema donde todos ponen y todos ganan. 

Cotelco anunció que presentará una ley para la regulación de estas plataformas. Sin embargo al día de hoy no existe ningún proyecto de ley cursando en el Congreso. 

Tampoco significa una cacería de brujas legislativa contra plataformas tecnológicas y colaborativas. Tener claridades de los riesgos es contenerlos también. Y lo más importante, proteger el bien común, en este caso a nuestras clases medias potenciales anfitriones y huéspedes de Airbnb y otras plataformas que se muerdan a sí mismos la cola.  

*@JuanCaMesa_

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