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Opinión

  • | 2003/04/07 00:00

    Las afugias de la Canciller

    Armas de destrucción masiva tienen, desde luego Estados Unidos, India, Pakistán, Corea, Israel y otros.Y es difícil dividir a los países entre buenos y malos

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La canciller Carolina Barco tuvo la semana pasada una de las misiones más complicadas de su cargo: convencer, en un debate al cual la habían citado en el Congreso, que el apoyo del presidente Alvaro Uribe a Estados Unidos en la repugnante invasión a Irak era ineludible.

Estaba nerviosa, pero su señorío fue superior a sus inseguridades. Y la verdad es que su misión no era fácil.

Tenía que dejar en claro que el apoyo de Uribe a la invasión a Irak no implica de ninguna manera que a los colombianos nos guste esa guerra, ni que aprobamos que Bush amenace con decapitar a Saddan Hussein, y después a sus hijos, y acto seguido quedarse con el petróleo y con el país y hasta imponer a su próximo gobernante.

Lo que se pensaba que sería una avalancha de iraquíes recibiendo felices a sus invasores arrojando flores a los tanques norteamericanos como en Francia, no ocurrió. Por el contrario, los civiles iraquíes están en la primera fila de la resistencia y por eso se ha complicado la 'guerra quirúrgica' que planeaba Estados Unidos con el menor número posible de bajas entre el pueblo iraquí. Al fin y al cabo, en Francia los norteamericanos estaban liberando a Europa de los alemanes y no de sus propios dirigentes. La arbitrariedad de cambiar a Hussein desde afuera es idéntica a lo que sería cambiar a Serpa si éste hubiera sido el presidente colombiano, porque a Bush eventualmente no le habría gustado nuestro mandatario.

A estas alturas de las circunstancias, Estados Unidos va ganando el aspecto militar de la guerra pero está perdiendo el político. Sobre el aspecto militar, la aplastante superioridad bélica de Estados Unidos sobre Irak es una realidad que no aguanta una apuesta en contra. En tres semanas de guerra los aliados han perdido apenas cerca de 50 soldados, y casi la mitad de ellos por culpa de los friendly fires, que ocurren cuando accidentalmente las fuerzas se estrellan y se disparan entre amigos. La Segunda Guerra Mundial produjo 50 millones de muertos. En Vietnam cayeron más de 58.000 gringos y un millón de vietnamitas. La guerra entre Saddam y el ayatola produjo un millón de muertos. En la explosión del edificio de Oklahoma murieron 400 personas. En un accidente de avión muere un promedio de 100 personas. En un accidente de buseta en Bogotá mueren más de 15.

Inevitablemente, estas guerras sin muertos producen siempre el triunfo militar de Estados Unidos.

Pero no es así de fácil en el plano político.

Ahí Estados Unidos puede estar perdiendo porque hasta ahora no parece que la guerra era totalmente justificada. No sólo es difícil determinar quién tiene el derecho en el mundo a tener ciertas armas, sino que es extremadamente antipático que un solo país se abrogue el derecho de ser el árbitro de ese tipo de decisiones.

Armas de destrucción masiva tienen, desde luego Estados Unidos, India, Pakistán, Corea, Israel y otros. Y es difícil dividir a los países entre buenos y malos. Por ejemplo, el malo para Estados Unidos es Saddam Hussein, pero para los árabes es Israel. Las cruzadas para erradicar el mal inspiran desconfianza. Sobre todo cuando la erradicación del mal consiste en la destrucción aérea del enemigo por cuenta de una superioridad tecnológica monstruosa, sin mayores riesgos para Estados Unidos.

Si los aliados no encuentran armas de destrucción masiva, o si Saddam no las usa, la guerra denominada "la liberación de Irak" será mirada como una de las invasiones más arbitrarias en la historia contemporánea.

Como dato curioso, en el debate del Congreso contra la canciller Carolina Barco, el acucioso congresista Hurtado Cano, defensor de la funcionaria, esgrimió agitadamente unos papeles que, según él, ¡contenían la prueba reina de la existencia de armas químicas en Irak ¿Cuánto pagarían los gringos y las Naciones Unidas por ese pedazo de evidencia, la más buscada en el planeta?

Con respecto a lánguidas cartas de respetados intelectuales que le han recordado a Uribe que por cuenta de él no están dispuestos a quedar apoyando ante el resto del planeta una guerra absurda; con respecto a los parlamentarios del Polo Democrático, que acuciosamente citaron a la Canciller a un debate para denunciar que Uribe posiblemente violó la Constitución con ese apoyo; con respecto a una convocatoria de la Casa Silva para que se escriba el mejor poema posible contra la guerra; y con respecto a unos traviesos jóvenes universitarios que desfilaron desnudos por las calles de Bogotá como símbolo contra la guerra... ¡Ojalá se hubiera hecho la mitad de todo eso para protestar contra las Farc, sus sangrientas tomas de poblaciones, el terrorismo urbano y los miles de secuestrados que permanecen entre sus garras!

Nadie les pide que no piensen en Hussein. Pero en el tiempo que les quede libre, piensen un poquito en nosotros.

ENTRETANTO? ¿Quién habrá puesto de moda el detestable y por estos días muy utilizado y abusado término 'pro-activo'?
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