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Opinión

  • | 2003/07/27 00:00

    Las apuestas

    La apuesta de la derecha dura que recoge el estatuto antiterrorista se acerca bastante a lo que llaman un 'estado policía'

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Ochenta articulos de la Constitución del 91 han cambiado o cambiarían a pedido del gobierno en estos días. Aquí están: 17 que quedaron en la reforma política, 15 que irán a referendo, cuatro del estatuto antiterrorista, 22 del proyecto sobre justicia y 26 del texto que el Presidente acaba de enviar al Congreso. La cosa pues lleva trazas de acabar en una nueva Constitución. Y aunque el texto final llevará la impronta Uribe-Londoño, su sentido, su alcance y sus contradicciones se entenderán mejor en términos de los proyectos o "apuestas" que con distinto éxito venían impulsando diversas fuerzas políticas. -La apuesta inicial y más taquillera era acabar el clientelismo y la corrupción. Inspirado en Galán y en el "país nacional", este proyecto cuajó en las mil prohibiciones que cayeron sobre los congresistas en 1991. Pero los resultados fueron nulos y los políticos siguieron en las mismas -o en peores-. Parte porque la fiebre no está en las sábanas, parte por su diseño moralista y parte porque se les atravesó el narcotráfico, esas reformas bien intencionadas no hicieron mella en el clientelismo ni en la corrupción. Pero precisamente por eso quedó viva la bandera moralista. Quedó en manos de los pocos políticos "de opinión" que siguieron llegando al Congreso. Y entonces ellos le sumaron otro ingrediente a la apuesta inicial: el de fortalecer el voto "de opinión". Además de prohibiciones a los políticos, ahora se trataba de cambiar las reglas electorales para quitarles peso a las clientelas (voto obligatorio, lista única y cifra repartidora en vez de residuos.). Pastrana le compró el paquete a Ingrid y por eso su fallido referendo incluía las inhabilidades y el cambio electoral. Uribe en cambio no cree en partidos o elecciones sino en prohibiciones y en achicarle el pastel a los políticos: por eso su referendo se limita a endurecer las restricciones y a mochar puestos aquí y allá. -La segunda apuesta es la de los políticos con clientela que dominan el Congreso y que consiste en defender sus privilegios. Jugando al descuido o a contragolpe, este sector ha logrado "envenenar" las fórmulas moralistas que le imponen desde afuera: son los micos que montaron sobre la Carta del 91 o la capada que hicieron al referendo Uribe, a cambio de no tocarle las preguntas económicas. Y en este punto vino la extraña alianza entre clientelistas y anticlientistas para hacer una cosa sin Uribe: cambiar el régimen electoral y fortalecer los partidos, mediante la llamada "reforma política". El liberalismo lo hizo por instinto de conservación: Uribe es el primer "liberal" elegido contra el partido, y Peñalosa aspira a seguirle el paso. Así que los caciques compraron la receta de los independientes (lista única, cifra repartidora.); pero, claro, la aguaron y encima le metieron el voto preferente que borraba con la mano lo que hacían con el codo. Aunque ni el referendo ni la reforma lograrán mucho contra "la politiquería y la corrupción", el Presidente ya se embarcó en la segunda fase de su proyecto de Constitución, en el que convergen las dos apuestas-bandera de la derecha: -La apuesta de la derecha dura que recogen el estatuto antiterrorista y parte del proyecto sobre justicia. Al permitir requisas y arrestos sin orden judicial so capa de "prevenir" acciones terroristas, al imponer responsabilidad penal a los menores, al confiar funciones de policía judicial a mandos militares y al impedir que la Corte controle los estados de excepción, Colombia viola innumerables tratados y se acerca bastante a lo que llaman un "estado-policía". -La apuesta presidencialista o de centro-derecha, que consta sobre todo en el proyecto reciente y que pretende darle al Ejecutivo facultades para cambiar la administración y la contratación a su antojo, expedir códigos y no seguir sujeto al cogobierno económico de la Corte. Es la cuenta de cobro por aquello del "Presidente eunuco" que nos legó la Carta del 91. Lo que sorprende de todo este cuento es el silencio de la quinta apuesta que uno creería que aún existía. ¿Qué se fizo el Rey Don Juan? ¿Qué se ficieron los millones de amigos de aquella Carta que hace 12 años iba a curarnos de todos los males?
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