Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2008/07/31 00:00

Las armas de la revolución

El gobierno de Venezuela sabe que si bien su diplomacia puede abrir vetas revolucionarias armado de petrodólares, la maquinaria bolivariana necesita de un caparazón robusto para blindar su capacidad de acción en la región andina. Es aquí dónde entran las armas de la revolución.

Las armas de la revolución

La Revolución Bolivariana, como públicamente lo ha dicho el Presidente Chávez en numerosas ocasiones, es un producto de exportación. Desde la óptica bolivariana, restringir el Socialismo del Siglo XXI a las fronteras del vecino país sería un sinsentido, ya que ello equivaldría a reconocer que el proyecto político impulsado por Caracas no es realmente Bolivariano sino escasamente venezolano, lo cual resulta mucho menos atractivo. Así, la naturaleza expansionista de la Revolución Bolivariana permite explicar aspectos clave del comportamiento estratégico del Palacio de Miraflores.

Como es imposible exportar revolución sin tener la casa en orden, lo primero que Caracas se ha esmerado en hacer es eliminar la oposición democrática interna al régimen chavista, a través de medidas que incluyen desde restricciones a la libertad de prensa hasta embargos de facto a las divisas de empresas adversas al régimen, pasando por un complejo proceso de depuración y cooptación de lealtades al interior de las fuerzas de seguridad venezolanas.

Así mismo, el fuelle expansionista de la Revolución explica porqué Caracas ha optado por ofrecer petróleo subsidiado, financiación para macroproyectos de infraestructura y respaldo político a gobiernos amigos y movimientos políticos afines. Desde esta óptica, los convenios de Petrocaribe, las masivas operaciones de compra de deuda pública y los procedimientos médicos de las Misiones Milagro distan de ser actos de generosidad desinteresada. Son mecanismos para comprar apoyo social y lealtades políticas en aquellos países considerados como eslabones útiles para el proyecto bolivariano.

Y no sobra recordar que, en aquellos países dónde la generosidad chavista no ha contado con una cálida acogida oficial, Chávez no ha dudado en adelantar sus iniciativas a través de canales clandestinos. Basta recordar las investigaciones que actualmente adelanta Perú entorno a las Casas ALBA en dicho país, y no vendría mal mencionar las opacas reuniones celebradas por diplomáticos venezolanos en la última edición de los juegos Panamericanos en Cartagena.

Con esta agenda en mente, el gobierno de Venezuela sabe que si bien su diplomacia puede abrir vetas revolucionarias armado de petrodólares, la maquinaria bolivariana necesita de un caparazón robusto para blindar su capacidad de acción en la región andina. Es aquí dónde entran las armas de la revolución. Como es asunto de dominio público, en los últimos años Venezuela se ha posicionado como el mayor comprador de armamento sofisticado de América Latina, sobrepasando con creces a países como Chile e incluso a Brasil.

La justificación esgrimida por Caracas cuando se cuestionan sus desproporcionadas compras es la supuesta necesidad de defender la revolución contra la constante amenaza del imperio. Tal justificación se cae de su propio peso. Si la Guardia Republicana de Saddam Hussein, considerada el cuarto ejército más poderoso de la posGuerra Fría, fue incapaz de contener la avanzada estadounidense a inicios de los 90, resulta cuando menos ilusorio pensar que la FAN pueda hacer frente a las fuerzas del Tío Sam de inicios del siglo XXI.

En términos algo pedestres, si para un analista externo es claro que incluso los 24 cazabombardores Sukhoi 30 no tienen esperanza frente al US Air Force, para Miraflores debe ser evidente la escasa utilidad de sus compras frente a una eventual confrontación con los EEUU. Negarse a reconocer tal realidad estratégica requeriría bien sea una fe ciega en la revolución, bien sea la total desprofesionalización y politización del estamento castrense venezolano. O, lo que es peor, una combinación de las dos. Surge entonces la pregunta, ¿Si las armas de la Revolución Bolivariana no sirven contra los EEUU, contra quién y para qué se espera emplearlas? Bien haría el país en pensar sobre el tema.

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