Viernes, 19 de septiembre de 2014

| 2013/02/15 00:00

Las cifras ocultas del narcotráfico

por *Rafael Guarín

La coca volvío a zonas donde se había erradicado. Ahora está en parques naturales y resguardos. Por Rafael Guarín.

Erradicación de coca en Caucasia, Antioquia, marzo de 2010 Foto: León Darío Peláez / SEMANA

La captura de algunos capos en los últimos meses ha servido para disimular el gigantesco retroceso en la lucha contra el narcotráfico en Colombia. Mientras la retórica oficial subraya como principal objetivo la persecución del cultivo, procesamiento y tráfico de estupefacientes, la realidad es que se ha venido debilitando la acción contra las drogas.

En el plano internacional el gobierno de Juan Manuel Santos, en alineación perfecta con su “nuevo mejor amigo” Hugo Chávez, los Castro y el ALBA, se convirtió en auspiciador del desmonte de la política prohibicionista estadounidense, como se reflejó en la pasada Cumbre de las Américas.

Esa actitud internamente se ha manifestado con efectos graves. Por ejemplo, la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito estableció que a diciembre de 2011 las hectáreas sembradas de coca aumentaron hasta llegar a 64.000, 2.000 más que el año anterior, circunstancia que rompió con la disminución que se registraba de forma constante durante los últimos cinco años.

La coca ha vuelto a zonas de las que se le había desalojado como La Macarena y está colonizando parques naturales y resguardos indígenas. Esos indicadores serían suficientes para encender las alarmas de cualquier gobierno y empujarlo a revisar y fortalecer las acciones orientadas a eliminar los cultivos.

Sucedió lo contrario. En 2010 se erradicaron manualmente 43.792 hectáreas de coca, en 2011 descendieron 19,6 por ciento a 35.203, debido principalmente a problemas de orden administrativo y financiero, que se superaron para el año siguiente. No obstante, de acuerdo a estadísticas que se mantienen ocultas por el gobierno, en 2012 descendió 30,4 por ciento respecto a 2010, reduciéndose el número de hectáreas limpiadas a 30.486. Todo esto a pesar que en 2012 se contaba con recursos para contratar 100 grupos de erradicación, pero solo se utilizaron en promedio 40.

La aspersión aérea que se hace con apoyo de Estados Unidos también sufrió un fuerte descenso. Según datos de la Policía en 2012 se asperjaron 2753 hectáreas menos que en 2011, año en que se lograron 103.302.

La política de erradicación se debilitó precisamente cuando las FARC exigen que desaparezca. En total, respecto a 2010 se han dejado de erradicar manualmente cerca de 21.895 hectáreas, para no comparar con 2008 en el que se alcanzaron 96.008 o en 2009 donde fueron 60.557. Cada hectárea produce en promedio 7,5 kilos de pasta de coca anualmente, dependiendo la región, lo que significa que las hectáreas no erradicadas equivalen potencialmente a 164.212 kilos, una fuente enorme de riqueza para los grupos ilegales: más de 164 millones 540 mil dólares, a precio 2011, en el sitio de producción.

En este desastre ha influido la férrea defensa de los cultivos por parte de las FARC, el empleo de francotiradores y minas antipersonales, al igual que el conocimiento de la guerrilla del Plan de Erradicación que le permite con actos terroristas distraer y dispersar las tropas que deben brindar apoyo. La situación ha sido tan delicada que las FARC literalmente han sacado de Putumayo y Catatumbo, fronteras con Ecuador y Venezuela, a militares y policías que intentan erradicar.

Aunque lo determinante ha sido la negligencia gubernamental y los permanentes conflictos internos. El Ejército se excusa en que es tarea de la Policía y redujo las tropas para la erradicación. Y la Policía no destina suficientes unidades especializadas, lo que hace más vulnerable esa actividad. A eso se debe sumar la ausencia de estrategia, la falta de coordinación interinstitucional, el cero liderazgo presidencial en el tema y la pésima gestión y seguimiento del resto de autoridades civiles.

Lo peor es que el gobierno conoce la dimensión del problema, esconde las cifras, no toma correctivos sino que curiosamente complica las cosas. Redujo para 2013 el presupuesto de la Unidad de Consolidación de cerca de 39 millones de dólares para la erradicación a algo más de 29 millones para 2013. Y el puesto de mando unificado creado en 2011 para adoptar y ejecutar de forma sincronizada la estrategia de combate a los cultivos ilícitos, con generales y las más altas autoridades civiles, terminó en manos de sargentos y asesores de tercer nivel. ¿Qué es lo que pasa?

Colombia venía siendo un ejemplo de éxito en la lucha contra las drogas, ahora, si el gobierno Santos no corrige, puede serlo de cómo no se debe retroceder.

*Ex viceministro de Defensa de Colombia

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