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Opinión

  • | 2008/07/14 00:00

    Las claves de Obama

    Barack Obama les está devolviendo la esperanza a los estadounidenses, en uno de los momentos más oscuros de su historia. ¿De dónde vienen su carisma y su capacidad para romper esquemas? Las respuestas pueden estar en su origen familiar.

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No hay nada en el mundo que los estadounidenses disfruten más que un buen show. De hecho, es cada vez más difícil distinguir los límites entre el Super Bowl, una mega producción de Hollywood o unas elecciones presidenciales. La prueba es lo que ocurrió hace unas semanas con las primarias Demócratas: nunca antes la escogencia del candidato de ese partido había recibido tanta atención. Los medios invirtieron millones de dólares en una campaña que tuvo un rating inigualable.
 
Y, en medio del despliegue de dinero y juegos pirotécnicos, apareció una joya: uno de los personajes más mediáticos de la historia política de su país. Un hombre con un carisma que no se veía desde la época de los Kennedy. El nuevo héroe estadounidense: Barack Obama.

Para entender —realmente y en toda su dimensión— lo que significa el fenómeno Obama, hay que situarse en el contexto de lo que ocurre hoy en Estados Unidos. Se trata de uno de los momentos más oscuros —económicos, políticos y, sobre todo, morales— de esa nación. Lo que comenzó con el affaire Lewinsky y el Impeachment al presidente Bill Clinton, en 1998, fue sólo un pequeño indicio de que algo no marchaba bien en el Imperio. Y de que las cosas se iban a poner peor.
 
Después de ese ataque de histeria moralista, vinieron las diferentes matanzas en colegios y universidades y las absurdas elecciones de 2000, en las que George W. Bush derrotó a Al Gore con unas retorcidas piruetas electorales. Y, claro, después ocurrieron los ataques del 11 de septiembre de 2001. Ese día, mientras veíamos caer las Torres Gemelas en Nueva York, éramos testigos de cómo Estados Unidos sufría una metamorfosis. Dejaba de ser un país optimista, con una economía fulgurante y una política moderadamente liberal y se transformaba en un imperio arrogante, guerrerista y ávido de venganza. El falso patriotismo y la caza de brujas que se han vivido desde entonces dejaron una mancha en los estadounidenses que no parecía fácil de borrar.

Y entonces, en medio de esa oscura escena, apareció Obama: un personaje inesperado, que rompía cualquier tradición. La revista Time, en su edición del 21 de abril de este año, publicó un reportaje que sostiene que su carisma entre el público estadounidense tiene que ver, justamente, con su peculiar historia familiar.

Su madre, Stanley Ann Soetoro, fue una mujer liberal, que viajó por todo el mundo y que se convirtió en una respetada antropóloga. Su padre, Barack Obama Sr, de origen Keniano, fue un hombre brillante, educado en las mejores universidades estadounidenses, que regresó a África a hacer política. Anne y Barack se casaron en febrero de 1961, cuando ella tenía más de tres meses de embarazo. Pero se separaron cuando su primogénito aún no cumplía un año. Entonces la madre se fue a vivir con su hijo a Yakarta, en Indonesia.
 
Cuando Obama cumplió diez años, lo mandó a Hawai, a que viviera con sus abuelos. Ella se quedó viajando por el mundo, para terminar una investigación que le llevó varios años. Sin embargo, siempre que hablaba con su hijo, le recordaba sus orígenes y le contaba sobre la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos y personajes como Martín Luther King y Mahalai Jackson. Estas conversaciones conmovían a Obama, quien reconoce que su madre fue la persona que más influencia tuvo en la construcción de su pensamiento político.

En este origen tan rico se refleja una de las realidades esenciales de su país: la diversidad. Por eso Obama ha logrado que millones de personas que se sentían outsiders y alejados del sueño americano se identifiquen con él. Y que sientan que un político es realmente como ellos. Su efectiva campaña ha atraído personas indiferentes a la política y gran parte de su éxito ha estado en llevar a gente nueva a votar por él. Ahora, con la posibilidad de tener a Hillary Clinton como su llave, podría romper otro esquema más y llevar a una mujer a la vicepresidencia. La dupla Obama–Clinton sería histórica y representaría un avance de años en la política —y en la tolerancia— de los Estados Unidos.

La pregunta que todo el mundo se hace en este momento es si una sociedad en su mayoría conservadora y racista está lista para tener como Presidente a alguien tan marginal. Obama no se ha cansado de repetir que sí, que el cambio es posible.


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