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Opinión

  • | 2006/10/07 00:00

    Las condiciones necesarias

    Alirio Calderón precisa cuáles son los cuatro requisitos indispensables para llevar a buen término un intercambio humanitario entre las Farc y el gobierno.

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Colombia ha realizado dos intercambios humanitarios, el primero en Cartagena del Chairá, lo logró el gobierno del presidente Samper, basado en tres aspectos fundamentales: una efectiva mediación de la Iglesia con monseñor Luís Augusto Castro, una concertada participación de la población afectada y una bien construida confianza entre las partes.

El segundo, en San Vicente y Macarena, en el gobierno del presidente Pastrana quien hábilmente lo jalonó con respaldo internacional, y lo convirtió en decisivo apoyo para mantener el proceso de negociación, que para la época mostraba serios agrietamientos.

Ambos fueron exitosos: lograron la liberación de militares secuestrados. Y haber salvado esas vidas los hará históricamente encomiables. El tercero necesita ser reinventado sobre estas experiencias, pues los militares y políticos que se encuentran secuestrados no resisten más nuestra indiferencia: si no hacemos el intercambio humanitario ahora, cuando lo hagamos, tristemente no regresaran todos los que quedan.

Hacerlo requiere interactuar cuatro aspectos fundamentales: El primero es aceptar la condición impajaritable de una zona desmilitarizada, en razón de que la experiencia demuestra que los anteriores, para lograr el objetivo, partieron de dicha condición. Para el primero se despejó un municipio; para el segundo, cinco; el tercero tendrá un término medio.

El segundo es la aceptación por parte de las Farc de reconocer como su contraparte legítima al presidente Álvaro Uribe, pues esperaban que pasara este gobierno para negociar con el nuevo, para no darle espacio, sobre todo internacional, al actual Presidente; no imaginaban, desde luego, que se implantaría la reelección presidencial y que en adelante Colombia elegirá los presidentes ya no por cuatro si no por ocho años.

La tercera tiene que ver con la mediación, pues no es la hora para una organización internacional ni nacional de renombre; sin duda se requerirá de sus apoyos; esta vez, quienes tienen capacidad de interlocución, son pequeñas organizaciones sociales y anónimos ciudadanos, que por el duro trasegar de la guerra se convirtieron en sus seguros interlocutores: por tanto, es la hora de la mediación política.

El cuarto es la experiencia; en razón de que la guerrilla tiene unidad de mando y sus voceros llevan años aprendido el formato; mientras el Estado, por la vanidad de los gobernantes de turno, casi siempre pone personas nuevas e inexpertas en dichos menesteres y desde luego empiezan en desventaja: Mucho más en esta oportunidad, cuando el actual comisionado ha estado imbuido en el tema paramilitar, que será hábilmente aprovechado por las Farc, ante cualquier dificultad, por lo que es urgente que se designe ya una persona diferente, que de entrada no dé tanta papaya.

Sentadas las partes, los cómos y los cuándos serán otro tema; sin duda, lo fundamental será el intercambio: pero es vital contemplar inversión social para esas regiones; pues eso aviva y entusiasma a las comunidades afectadas, convierte a los guerrilleros en actores reivindicativos, y al Estado, en orgulloso benefactor de sus compatriotas; pero principalmente otorga a mediadores y negociadores una valiosa herramienta de persuasión.

El acuerdo no se debe centrar en la válida preocupación del futuro de los guerrilleros liberados, ni del lugar, número o calidades de los intercambiables; se debe fincar en la connotación de seres humanos, que de un bando u otro, padecen desde la concepción de sus orillas, este injusto y lacónico martirio. Lo importante será que con retrovisor desempañado, paralelamente pudiéramos acordar cómo parar los secuestros y cómo parar la creciente e incendiaria actividad del narcotráfico; pues un preacuerdo serio sobre la materia significaría el despegue de Colombia y el inicio de un definitivo proceso de paz.

codespierta@Hotmail.com
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