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Opinión

  • | 2006/09/30 00:00

    Las confesiones de Gaviria

    Los contradictores del neoliberalismo triunfaron en convertir este término en un insulto tan terrible, que lograron acomplejar al propio ex presidente

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En este país de malabaristas políticos, lo último que nos faltaba por ver es lo que sugiere en su edición del viernes pasado el periódico Portafolio: "¿Rompe Gaviria con el neoliberalismo? ''

Yo no sé si el titular obedezca a una verdad o a una exageración. Pero en el foro donde se le escucharon las declaraciones que dieron pie para las sospechas de Portafolio, el ex Presidente liberal reconoció que su cuota de culpa -supongo que frente a la situación actual del país- fue creer que sólo con las reformas económicas y la apertura se iba a garantizar una tasa de crecimiento sostenida y el mejoramiento de los indicadores de la desigualdad y la pobreza.

Y luego añadió que hay que ponerles mucha atención al Estado y a sus instituciones pues la solución de los problemas sociales depende de un Estado que funcione y no de empujar sin criterio su privatización.

Es cierto que el ex presidente, como jefe de su partido en una etapa de crisis, ha tenido que conciliar todos los matices ideológicos que van desde el suyo propio (me refiero al de antes de sus recientes declaraciones) hasta la tendencia claramente socialdemócrata de la mayoría de los líderes liberales. Parece que finalmente logró hacer nido con su liderazgo, evitando una desbandada liberal mayor de la que se produjo.

Pero la confesión de Gaviria de que se equivocó con la apertura económica en la que metió al país en medio de grandes controversias es, guardadas las proporciones, tan desconcertante como si Álvaro Uribe nos dijera en cinco años que se equivocó con la seguridad democrática.

Cada presidente tiene su sello. Y nadie que tenga dos centímetros de memoria deja de asociar a Gaviria con las reformas que llevaron al país a abrir sus mercados, y que fueron el abrebocas de proyectos como el del TLC, en el que está empeñado este gobierno y al que Gaviria le da tanto palo que parece alineado del lado de los sindicatos.

Para decir la verdad, la apertura económica no se la inventó Gaviria sino Virgilio Barco, que era un hombre de mentalidad internacionalista, cuando Gaviria apenas era un político interdepartamental. Como su ministro de Hacienda lo formó con esta concepción moderna de la economía que Gaviria puso en práctica cuando le tocó el turno de ejercer la Presidencia.

Enfatizó en las fuerzas de mercado, promovió la inversión privada y la extranjera, dejó abierta la posibilidad de que ciertos servicios públicos los prestara más eficientemente el sector privado y fue partidario de un Estado menos intervencionista. No más pequeño, sino redimensionado.

Fuerte en lo que debe hacer un Estado, como prestar los servicios de salud, educación, seguridad y justicia, y menos en donde la eficiencia estatal requiere mejor un modelo de empresa privada.

SEMANA, en la carátula que le dedicó a la posesión del entonces presidente Gaviria, describió el gobierno que se estrenaba como el de un grupo de 'gurúes' de la nueva derecha: anticomunistas, antipopulistas, antitercermundistas, antisindicalistas, y antiestatistas, con el común denominador de que creían que el capitalismo era el mejor sistema para garantizar el bienestar del individuo y el desarrollo económico. "El símbolo de todo esto es hoy en Colombia el presidente Gaviria", dijo la revista.

Lo que sucede es que los contradictores del neoliberalismo lograron volver este término un insulto, hasta convertir el adjetivo de 'neoliberal' en la descripción de alguien que no hace nada por los pobres, que quiere privatizar al Estado y que tiene alma de capitalista salvaje.

La misma edición de SEMANA auguraba que el gobierno de Gaviria, con sus ideas de nueva derecha, basadas en "la reducción del peso del Estado, la disminución de las trabas burocráticas, una mayor inserción en la economía mundial, un mayor juego para el sector privado, una promoción de la democratización accionaria, una política agresiva para atraer la inversión extranjera", iba a moldear a la Colombia del siglo XXI.

Ahora sencillamente me pregunto de cuál de los anteriores puntos es del que se ve arrepentido Gaviria.

Porque una de dos. Yo prefiero pensar que sus declaraciones son el fruto del reacomodamiento que requiere su papel de jefe del liberalismo, de acuerdo con el espíritu pragmático que lo caracteriza.

En cambio, me niego a creer que por cuenta de sus equivocaciones en materia de neoliberalismo, lo que está es reconociendo que su gobierno fue muy malo?

ENTRETANTO… Quienes oímos la entrevista radial del ex ministro Fernando Londoño con Virginia Vallejo quedamos aterrados con su amable interrogatorio a la diva. ¿Su improvisación como periodista sería la que lo llevó a pensar que una chiva se paga a cualquier costo?
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