Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2005/02/28 00:00

Las consecuencias de siempre

El director de ecología de la Universidad Javeriana, Juan Ricardo Gómez, explica qué hay detrás de las inundaciones que azotan al país.

Desde el pasado 8 de febrero Colombia enfrenta nuevamente las imágenes de poblaciones arrasadas, municipios incomunicados y miles de personas que por culpa de las lluvias lo han perdido todo. Las cifras ascienden a más de 35.000 damnificados, más de 300 viviendas destruidas, pueblos incomunicados y un número de desaparecidos y muertos que superan las 70 personas.

Las lluvias son las causantes de los últimos eventos de inundaciones y deslizamientos que afectan en especial los departamentos de Tolima, Norte de Santander y Santander del Sur, en donde las poblaciones ribereñas y los barrios construidos en laderas fueron los más afectados.

Ver imágenes de Girón cubierto por las aguas del Río de Oro, Lebrija cubierta de los sedimentos dejados por los caños que nutren el Río Lebrija, y recordar las imágenes de Cartagena hace menos de un año, Venezuela, Argentina y Pakistán, hace que se reflexione sobre el poder de la naturaleza y plantearse la pregunta: ¿Lo que está pasando tiene que ver con el uso irracional que desde hace siglos los humanos hemos hecho de los recursos del planeta?

Los problemas que enfrentamos cada invierno, en su mayoría no son causados por las lluvias, sino por un progresivo desgaste de las capacidades que tienen los ecosistemas para disminuir la fuerza del embiste de las aguas, que es un ejemplo de lo que en ecología conocemos como servicios ambientales (beneficios adicionales que se obtienen al mantener ecosistemas naturales funcionales, como purificación del aire, control de plagas, etc.). Incluso la situación se puede agravar aún más por el hecho de haber contaminado las aguas, haber dispuesto mal los desechos, porque aumentará las posibilidades de que los sobrevivientes presenten infecciones y enfermedades.

Para abordar el tema y entender un poco más el por qué los períodos de lluvias en el país van acompañados de noticias sobre poblaciones afectadas (gente que pierde sus pocas pertenencias, campos de cultivos perdidos bajo las aguas de un caño que se pensaba inofensivo) es pertinente distinguir entre lo que es una catástrofe natural y lo que es una problemática ambiental. Las Catástrofes Naturales son eventos fortuitos e imprevisibles en la mayoría de los casos, de gran escala, no causados por acción directa del ser humano, por ejemplo: los huracanes, los temblores, las erupciones volcánicas. Los Problemas Ambientales, por otro lado, son eventos que tienen consecuencias negativas, causados o potenciados por el ser humano, en la mayoría de los casos por el mal uso del medio natural que nos rodea, por ejemplo: la desertificación de los suelos, el calentamiento global, la pérdida de la capa de ozono, la contaminación, etc.

Otro elemento fundamental para poder abordar esta difícil pregunta es entender la diferencia entre procesos estocásticos y los determinísticos. Los primeros (estocásticos) son aquellos eventos que no podemos predecir, para los cuales son muy bajas las probabilidades de reacción, por ejemplo un incendio, un terremoto. Los segundos, (determinísticos) son procesos que se van dando continuos en el tiempo y se pueden predecir, por ejemplo: si todos los días sacamos árboles del bosque, y sabemos el tamaño del bosque podemos predecir cuando acabaremos con éste.

Cuando vemos una continua degradación de los suelos y pérdida de la capa vegetal, acumulación de sedimentos, cambios en los cursos de los ríos sin ninguna planificación, construcción de viviendas en laderas o muy cerca de los ríos, nos enfrentamos a una serie de acciones humanas que causan problemas ambientales que son del tipo determinísticas. Si a esta ecuación le sumamos un período de inusual lluviosidad, que sería un evento estocástico, tenemos todos los ingredientes para un desastre.

Por ejemplo lo que pasó en Santander: un frente de aire cargado de agua entra por la zona Caribe del país y en su camino no encuentra bosques que disminuyan su concentración de agua. Entonces las lluvias entran más al continente y caen abundantemente donde no es común.

Si gran parte del agua que cae en una ladera que ha sido deforestada, penetra en el suelo y otra parte sigue su camino hacia abajo por la superficie del suelo. Sin vegetación superficial ni raíces profundas nada lo retiene, éste es lavado, todo ese líquido y el lodo baja con una enorme fuerza, arrasando lo que esté a su paso. Si los asentamientos humanos están en ese camino, difícilmente van a resistir el embiste de la gran masa de agua, troncos, barro y todo lo que viene desde las partes altas de la cuenca.

Si nosotros desviamos cursos y detenemos el movimiento de las masas de agua ya sea intencionalmente (con pequeñas presas), o de manera accidental (arrojando desechos en los cuerpos de agua), llegará el momento que estas barreras no logren contener el peso del agua y se generarán los desbordamientos los ríos en sus zonas planas, causando así las inundaciones que todos tristemente conocemos.

Desde hace mucho tiempo los humanos hemos tratado de disminuir los riesgos de inundación por muchos medios: construyendo presas, dragando los fondos, modificando las márgenes y el curso de las aguas, canalizando ríos, etc. Pero sólo en muy contadas ocasiones se ha logrado eliminar las amenazas, porque se sigue manteniendo una parte de la población humana, por lo general gente de muy escasos recursos, desplazada de sus sitios originales de distribución en zonas de alto riesgo, en condiciones de no legalidad (invasiones, ocupación de rondas, etc.), y por lo tanto las construcciones, la infraestructura vial y de servicios, no van acompañadas de asesoramiento técnico sobre los posibles riesgos y hace muy difícil el que las autoridades los puedan incluir en los planes de desarrollo o de ordenamiento.

Para evitar los efectos devastadores se necesita trabajo interinstitucional permanente que se puede dividir básicamente en:

Asegurar que la sociedad minimice su vulnerabilidad. Se puede lograr con una adecuada planeación, basándose en información de calidad (mucha de la cual ya existe, y la que no, es posible generarla), acompañada por un seguimiento continuo de los factores ambientales que pueden convertirse en factores de riesgo. "Prevenir es más fácil y económico que curar"; si nosotros minimizamos las posibilidades de ocurrencia de este tipo de desastres, tendrá un costo asociado, pero será ínfimo comparado al que tendremos que asumir si el evento ocurre.

Prepararse mejor para responder en el caso de que ocurra un evento de este tipo. Si se conocen los riesgos y la gente está informada y organizada, a veces una simple alarma o una ruta de escape bien definida y brigadas de apoyo previamente conformadas y capacitadas hacen la diferencia entre una pérdida de bienes materiales a una gran catástrofe en vidas humanas.

Agradezco por su apoyo en la elaboración del documento a: Mario Opazo, Catalina Delgado y Marcela Romberg.

* Director carrera de ecología

Facultad de estudios ambientales y rurales-Universidad Javeriana

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.