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Opinión

  • | 2014/02/27 00:00

    ‘Es que-zofrenia’: la mejor disculpa para seguir igual

    Einstein decía: si sigues haciendo lo mismo vas a obtener siempre el mismo resultado.

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Hace un tiempo llegué a la sesión de un curso que estoy tomando y la profesora, antes de empezar, preguntó cómo nos había ido con las tareas. Algunos respondieron que les había ido bien y compartieron experiencias y cambios que habían sentido a raíz del trabajo que habían hecho; otros se quedaron en silencio y finalmente algunos dijeron que no las habían podido hacer o que no habían alcanzado a terminarlas. Al indagar por qué no las habían hecho empezaron las disculpas: “Es que he tenido mucho trabajo”, “es que mi hija estuvo enferma”, “es que se me olvidó terminarlas”, “es que un mes es mucho para acordarse de todo lo que uno no ha hecho”, y así sucesivamente. Después de escuchar todo esto la profesora, con una sonrisa amable, nos dijo: “Todos sufrimos de ‘es que-zofrenia’”.

Desde que se crearon las disculpas nadie queda mal, se dice por ahí. Y es cierto. Con frecuencia ocurre que las personas no pueden cumplir algo a lo que se comprometieron: una cita con amigos, una entrega para la universidad, un informe para el trabajo, una reunión laboral, entre otras cosas. Pero más grave aun es que ocurra con tanta frecuencia que las personas no cumplan lo que se comprometen a hacer consigo mismas: hacer deporte, meditar una vez al día, comer mejor, trabajar menos, pasar más tiempo con la familia, ahorrar dinero para un viaje, etc. Y cuando se indaga el por qué, empieza la ‘es que-zofrenia’: yo sí quiero dejar de fumar pero es que el cigarrillo es tan rico; yo quiero que me pasen las migrañas pero es que el dulce es tan rico; quiero ver más a mis hijos pero es que tengo tanto trabajo; quiero hacer deporte porque sé que es importante para la recuperación después del infarto pero es que me cuesta tanto trabajo madrugar, y así sucesivamente. 

“No logro terminar nada de lo que empiezo. Soy así desde niña, lo que pasa es que pensé que se me iba a quitar. Pero no: ya soy una adulta, tengo responsabilidades, quiero encontrar una estabilidad laboral y personal, y si sigo sin concluir nada, no lo voy a lograr”, decía una mujer angustiada porque en un almuerzo con las amigas se dio cuenta que todas estaban ‘encarriladas’ en sus vidas personales y profesionales, eran estables en sus relaciones de pareja, con sus colegas, en sus lugares de trabajo, mientras que ella llevaba varios años cambiando de trabajo porque siempre había algo que no estaba del todo bien: “Es que no he tenido buenos jefes, es que el trabajo no me reta mentalmente, es que no he encontrado lo que realmente me apasiona”. Y algo similar le ocurría en sus relaciones de pareja: “Lo reconozco, siempre le encuentro un defecto a la persona con la que estoy saliendo. Empiezo embalada, pero es que siempre hay algo que no me termina de convencer”.

A raíz de todo lo anterior, ella quería encontrar la manera de ser constante. Y mientras se oía a sí misma contar su propia historia, pudo ver que el problema estaba en ella, y que sólo ella podía solucionarlo. Pero saber no es lo mismo que hacer, y aunque inicialmente parecía estar muy contenta con su propio propósito de empezar un proceso para generar un cambio, tan pronto comenzó a enfrentarse con las primeras tareas se fue poniendo en evidencia su patrón: “Es que no tengo tiempo para hacer tareas. Tal vez lo mejor sea buscar otra terapia en la que no haya tareas porque yo no soy muy buena para hacer cosas en mi casa”. 

Einstein decía: si sigues haciendo lo mismo vas a obtener siempre el mismo resultado. Parece una cosa obvia, pero en la práctica es difícil darse cuenta que estamos repitiendo el mismo patrón y que es justamente ahí donde radica el problema. Y tener siempre un “es que” bajo la manga es la mejor manera de no asumir que somos los responsables de la realidad que vivimos y de poder llegar a la conclusión más cómoda y conveniente para justificar ante sí mismo –y ante los demás- el no tener que hacer ningún esfuerzo para cambiar: ¡es que yo soy así! Esta disculpa elimina la posibilidad de cambiar. 

Comencemos por el lenguaje que utilizamos, que es el que construye la realidad que vivimos: dejar de utilizar disculpas para todo es el primer paso para romper el círculo vicioso de la ‘es que-zofrenia’. Es una forma de empezar a hacernos responsables por lo que nos ocurre. Basta arrancar con un pequeño primer paso, porque detrás de otro pequeño paso y detrás de otro pequeño paso, se acaba generando un gran cambio pero habiendo hecho sólo el esfuerzo más sencillo. Es así como se empieza a romper el patrón del que hablaba Einstein, para empezar a obtener resultados diferentes, a partir de hacer las cosas de una forma diferente.

En Twitter: @menasanzdesanta
Psicóloga-psicoterapeuta Estratégica
ximena@breveterapia.com
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