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Opinión

  • | 2011/11/08 00:00

    Las FARC después de Alfonso Cano

    La muerte de Alfonso Cano puede marcar un antes y un después para las FARC y para el desenvolvimiento de este largo y añejo conflicto.

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La muerte de Alfonso Cano puede marcar un antes y un después para las FARC y para el desenvolvimiento de este largo y añejo conflicto. Muerto Cano, hombre de amplia tradición y con capacidad de articular las FARC para el enorme reto de construir un acuerdo que posibilite salir de esta violencia que no va para ningún lado bueno, hay que pensar cuál puede ser el rumbo de una organización forjada en las adversidades y que está lejos de deponer su voluntad de lucha. Los llamados a desmovilizaciones chocarán contra la voluntad de mantenerse en la lucha y serán residuales y su núcleo duro se empeñará en mostrar que están vivas y activas en su intención de seguir presentes en la vida nacional, con un discurso político y una agenda de poder.

Las FARC vienen buscando un camino de acuerdos, lentamente, como es su talante y lo cual comunicó en todas las intervenciones públicas que realizó Alfonso Cano; desde cuando asumió la presidencia Juan Manuel Santos, su mensaje fue el de priorizar la concertación y de reafirmarse en la convicción de que la solución de este conflicto no tiene posibilidades por la vía militar, como mecanismo único, lo cual es cierto, las FARC no cesarán en su agenda política, lo que significa reformas que permitan su integración a un sistema de competencia sin armas, lo cual es posible si se logra una sinergia de voluntades y sensatez entre todos los actores nacionales que son decisivos, empezando por las mismas FARC, el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, los partidos políticos en todo su espectro y las organizaciones sociales y gremiales que pueden y deben concurrir a la construcción de un acuerdo político para salir de este conflicto armado, que es de interés de minorías que se mantenga.

La perspectiva de este conflicto con las FARC y el ELN puede ser la de perpetuarse por 10 o 15 años más, lo que significaría mantener un desangre y una crisis humanitaria en las zonas donde se desenvuelve el conflicto, que pueden ser alrededor de 250 municipios; invertir cuantiosos recursos en seguridad y defensa, mantener una situación de desgobierno en estos territorios, facilitando que otros actores de signo mafioso, autoritario y criminal, medren en un conflicto no resuelto y se aprovechen de nuevos ciclos económicos de una minería en expansión y un reordenamiento del mundo rural, que se puede dar en clave de concentraciones excluyentes y órdenes antidemocráticos.

Las FARC y el ELN no van a deponer su voluntad de lucha. Si no hay un proceso político que permita los acuerdos y las concertaciones, en el cual ellas deben ser protagonistas con iniciativa y promoviendo la distensión del conflicto, respetando las comunidades y aplicándose al respeto de los derechos humanos y el derecho internacional humanitario, lo que vendrá es una larga agonía en la que estas fuerzas con una vocación de poder poco a poco cambiarán su esencia de organizaciones en armas para promover unas ideas políticas en organizaciones donde el narcotráfico ganará cada día más espacio en sus motivaciones principales en tanto que podrían recurrir con mayor decisión a modalidades terroristas, lo cual será un reto mayor para el Estado y la sociedad.

El Estado tiene un balance positivo en la ultima década en la confrontación con las guerrillas, al haberlas desalojado de zonas importantes del territorio, golpear a la dirigencia de las FARC, desestructurar estructuras importantes tanto de FARC como del ELN, mostrar una superioridad tecnológica y operativa y contar con un amplio respaldo ciudadano, pero aun con todos estos elementos a favor, el conflicto continúa y las guerrillas han mostrado una importante capacidad de adaptación, por ello es imperativo combinar la acción legítima del Estado, una movilización ciudadana que promueva los acuerdos, con una voluntad de las partes en contienda para construir un acuerdo para ponerle punto final al conflicto.

Las FARC van asimilar la muerte de Alfonso Cano y está por verse si la decisión de buscar un acuerdo es una decisión tomada como una prioridad por toda la organización y a ella se aplican, lo cual en los próximos meses equivale a liberar a los policías y militares en su poder y dar pasos en la dirección de construir un proceso con el Gobierno, que puede tener como referente reformas en el mundo rural, donde FARC y ELN pueden aportar, al igual que concertaciones para el desarrollo de regiones y garantías para una competencia política de mayor rigor y por supuesto, el delicado asunto de los crímenes de guerra y las violaciones a los derechos humanos cometidas por todos los contendientes en esta violencia de medio siglo.

Alfonso Cano habría podido ser desde las FARC un gran articulador de este proceso, ya no está y no tengo duda de que hará falta para la política, por ahora es un logro para el Estado colombiano y una pérdida para un proceso de concertaciones; no es buen camino eliminar a la dirigencia de las FARC, si no queremos abocarnos a una fragmentación de esta organización donde sufrirá mucho esta precaria democracia y una frágil institucionalidad, por no decir el mayor sufrimiento de la gente que día a día soporta los rigores de la confrontación.

*Luis Eduardo Celis es el coordinador de incidencia política de la Corporación Nuevo Arco Iris.
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